Opinión Política
ENTREVISTA

Jalisco, un estado católico desde tiempos de la Colonia

En la celebración de los 200 años del Estado Libre y Soberano de Jalisco, Tomás de Híjar habla de la influencia religiosa.

 

Por Yara Martínez González

Con bien ganada fama de estado católico, el camino de Jalisco se ha visto marcado por la influencia de grandes evangelizadores como fray Pedro de Gante y fray Antonio Alcalde, hombres que con su testimonio dejaron huella, al igual que, muchos años después, todos aquellos mártires que derramaron su sangre por defender su fe durante la persecución religiosa.

Hablar de la religiosidad de Jalisco de 1823 a la fecha, no sería posible sin trasladarse a hace 500 años cuando la cultura religiosa de los pueblos indios facilitó que la evangelización fuera homogénea, considera el Pbro. Tomás de Híjar Ornelas, Cronista e Historiador de la Arquidiócesis de Guadalajara.

“Justamente en septiembre de 1523, de lo cual ya se van a cumplir 500 años, ocurrió el arribo de tres evangelizadores, con Fray Pedro de Gante a la cabeza, quienes iniciaron un proceso de evangelización, donde la visión sagrada de Mesoamérica se va a fundir con el cristianismo y va a dar lugar, durante tres siglos, a una civilización indo-cristiana que va a ir madurando con el tiempo. Lo que comenzaron los franciscanos lo van a apuntalar los dominicos, lo van a perfeccionar los agustinos, lo van a encausar lo jesuitas, y lo van a redondear los mercedarios y los carmelitas, en términos institucionales”, explica el padre De Híjar.

Si se aborda la cultura indo-cristiana al paso del tiempo, se podría considerar que ésta nació en el siglo XVI, maduró en el siglo XVII y alcanzó su plenitud en el siglo XVIII.

“Cuando comienza su andadura el Imperio Mexicano, en 1821 y la República Mexicana, en 1824, el único hilo conductor de todos los intereses va a ser la fe cristiana desde la visión católica. El catolicismo en México es un caso excepcional en la historia de la humanidad, porque la cultura mexicana nace católica después del Concilio de Trento”.

Además, dijo, durante el siglo XVII surgieron grandes grupos indo-cristianos como el de Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de los Remedios, Nuestra Señora de Izamal, Nuestra señora de la Salud de Pátzcuaro, Nuestra Señora de Zapopan, Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y Nuestra Señora de Talpa, entre los más representativos.

REINO SOBERANO

Al respecto de los hechos religiosos que han marcado al estado durante estos dos siglos, el padre Tomás de Híjar destacó que, a diferencia de las otras entidades federativas, Jalisco nunca tuvo conciencia de ser un fruto y tributo de la Nueva España, sino un reino y una soberanía que encontró su propia explicación desde sus fundamentos culturales.

“El argumento para que nazca el estado de Jalisco como una forma de gobierno emancipada del trono español, surgió desde el 13 de junio de 1815, con la coincidencia entre el arribo de la Imagen de la Virgen de Zapopan de visita a la capital de reino, con el arribo de las tropas que tenían a su cargo la defensa de la diputación provincial con Juan Antonio Andrade a la cabeza, con Pedro Celestino Negrete como articulador de la disposición de adherirse al Plan de Iguala bajo los postulados de religión, independencia y unión, pero que más tarde, el 16 de junio de 1821, por un voto unánime de los ayuntamientos de la diputación provincial de Guadalajara para que se eligiera como forma de gobierno el sistema republicano federal, y la Junta de Gobierno le ordenara al jefe político, general de división Luis Quintanar que hiciera pública la creación del Estado Libre y Soberano de Jalisco, en aquel año de 1823”.

No se podría entender lo que pasó en ese momento y lo que pasó después, si se pierde de vista que incluso después de la dominación española hasta las Leyes de Reforma, la educación, la salud pública y la asistencia social seguían en manos de la Iglesia y se sostenían con el 10 por ciento de las cosechas y del ganado, lo que trajo grandes beneficios con el obispo fray Antonio Alcalde, de 1771 a 1792, y el obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, de 1796 a 1824, comenta el Cronista de la Arquidiócesis.

DEJARON SU LEGADO

Durante el caminar por la historia de Jalisco, muchos personajes han dejado una huella imborrable, Obispos y laicos comprometidos con la fe cristiana.

“Podríamos distinguir obispos muy comprometidos con sus ministerios, y ellos son desde antes del nacimiento de Jalisco, como fray Antonio Alcalde, y al tiempo del nacimiento de la República, don Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo. A los obispos que vendrían luego, como Diego Aranda y Carpinteiro y Juan Espinoza, les va a tocar la transición de un estado que es confesional y nace católico, pero que elije dejar de serlo en 1861 y mantenerse de pie incluso en situaciones tan complicadas como las que permitieron que no quedara ni un solo obispo residencial en México”.

Nombres como Diego Aranda y Carpinteiro, Pedro Espinoza y Dávalos, Pedro Loza y Pardavé, Dionisio Rodríguez, José Palomar y Rueda y Manuel López Cotilla figuran entre aquellos personajes que aún se recuerdan por el legado que dejaron.

“Hay figuras eclesiales muy grandes en la primera mitad del siglo XIX y figuras de laicos que serían fundamentales durante el conflicto enorme de la Guerra de Reforma, cuando se suprimió la vida religiosa, se privó a las corporaciones religiosas de la capacidad para administrar bienes raíces, se retiró a la Iglesia la capacidad de suministrar la educación, salud pública y la asistencia social.

Después de 1867, y con una figura colosal al frente como la de don Pedro Loza y Pardavé nació una asociación civil que tomaría el nombre de Asociación Católica que se hará cargo de la educación media y media superior y alentaría a las escuelas parroquiales dotándolas de un plan de estudios y un sistema escolarizado”.

Mención aparte, aseguró, merece una mujer contemporánea a fray Antonio Alcalde, y quien tomara los hábitos bajo el nombre de sor Manuela del Patrocinio y Barrena.

“Quizá deba mencionar a una mujer que tendría el empeño de dedicar un capital muy copioso para que se construyera un colegio apostólico, ya que pidió los alrededores de la Basílica de Zapopan para que se estableciera un colegio destinado a preparar a los misioneros que atendieran a los pobladores del Nayar, los tepehuanos, los coras y los wixarikas”.

 

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