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Atenazados por la mediocridad económica

Por Alfonso Gómez Godínez

@ponchogomezg

Entre 1940 y 1970 había un país en vías de desarrollo que llamaba poderosamente la atención del mundo. Economistas de la talla de Raymond Vernon, de la Universidad de Harvard, dedicaron buena parte de su tiempo para estudiar al llamado “Milagro Económico” que emergía internacionalmente. La pregunta que giraba en los pasillos de la academia era sobre lo que estaba haciendo ese país para registrar un crecimiento promedio del producto interno bruto de alrededor del 6% promedio anual. Un caso digno de estudio y reconocimiento.

Ese país llamado México era el referente del vigoroso y constante crecimiento de su economía. Sin embargo, todo lo bueno tiende a acabarse, todo lo que sube, baja y a mediados de la década de los setenta del siglo pasado el milagro se acabó. En su lugar llegó una realidad totalmente diferente.

Nos reconocimos, a partir de entonces, como el país de las crisis económicas recurrentes o las de fin de sexenio. Todavía intentamos mantenernos en el “milagro” y el presidente López Portillo anunció que nuestros futuros problemas económicos tendrían que ver con “administrar la riqueza” que nos estaba generando las exportaciones petroleras.

Las promesas de riqueza fueron fallidas. La abundancia y el milagro prometidos se convirtieron a partir de la década de los ochenta en el sexenio perdido. De 1982 a 1988, la economía mexicana se entrampó en un cero crecimiento del PIB. Del “Milagro Económico” nos anclamos en el estancamiento y en la disrupción de la inflación, las devaluaciones y la desigualdad. Del sexenio perdido se empezó a hablar de la generación perdida.

La realidad es que después de las tres décadas (1940 a 1970) del “milagro económico”, ya llevamos cinco décadas (1970 a 2020) de un crecimiento económico mediocre, muy por debajo del añorado 6% promedio anual. Del sexenio del cero crecimiento de Miguel de la Madrid, nos recuperamos al 4% promedio anual de Salinas para luego entrar a un tobogán que parece no tener fin.

Así, con Zedillo la tasa de crecimiento promedio del PIB fue de 3.4% (la mitad del milagro) para que a partir del siglo 21 la economía mexicana se quedara atenazada con un mediocre 2%. En el sexenio de Fox el crecimiento fue de 2.3% promedio anual, con Calderón de 2.2% y con Peña Nieto de 2.17%. Un crecimiento mediocre, incapaz de generar los suficientes empleos productivos y bien remunerados y de crear la riqueza para elevar el bienestar de millones de mexicanos.

Un 2% de crecimiento promedio del PIB que arrinconó al país en un escenario de desigualdad, frustración y descontento social. Un crecimiento del 2% del PIB que se traduce, sí consideramos al crecimiento de la población (nuevas bocas y jóvenes demandado oportunidades) en un crecimiento económico per cápita cero.

En otras palabras, tenemos medio siglo en el estancamiento económico, sin posibilidades de movilidad y mejora social, con una clase media que se desinfla en su capacidad económica y patrimonial y, por lo tanto, una clase trabajadora asfixiada en la lucha por la sobrevivencia diaria; que decir de los 50 millones de pobres condenados a que sus hijos y las generaciones siguientes sigan esclavizados a dicho flagelo.

Para desgracia, por muchos factores externos e internos, la segunda década del siglo 21 pinta mal. De acuerdo con el más reciente reporte de la CEPAL, el pronóstico de crecimiento económico para México en este año es de 1.9% del PIB, sin recuperar todavía el nivel de crecimiento previo a la pandemia.

A partir de estos resultados y los acumulados, todo apunta a que cerraremos el sexenio 2018-2024 con otro sexenio de crecimiento cero. Las consecuencias son graves e implica para toda la sociedad, en especial para el sector productivo, gobierno y academia, rediseñar un nuevo modelo de crecimiento económico. El tiempo apremia y los daños de un crecimiento económico mediocre durante muchos años tendrán consecuencias irreversibles.

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