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La buenaondez como conducta cultural mundialista

Por Carlos A. Lara González

Dr. en Derecho de la Cultura y Analista de la Comunicación y la Cultura

@Reprocultura

El mundial del futbol concita diversas manifestaciones culturales. Las hay de descontento, de euforia, esperanza, religiosidad, desesperación y hasta de indiferencia, incluso de indiferencia intencional. Juan Villoro, en Dios es redondo (Planeta), en el capítulo dedicado a las formas de pasión, señala que todas las minorías ajenas al futbol le profesan enemistad. Que hay quienes no honran este deporte con otra reacción que la indiferencia.

En esta especial ocasión el Mundial de Qatar despierta cada vez más manifestaciones de descontento y repudio por ser un país con serios pendientes en el desarrollo de los derechos humanos. Si bien cuenta con una cultural muy particular en el concierto de culturas del mundo, no va acorde a los tiempos que corren en este campo, en particular al dinamismo de la libertad como principio fundamental. Sin embargo, creo que esta justa deportiva servirá para hacer camino en ese sinuoso sendero. Al tiempo.

Por lo que respecta a nuestra adorada, esperanzadora, odiada y vituperada Selección Mexicana, que llega al mundial perdiendo el último partido de preparación, hay que decir que no llega en su mejor momento. Que nuestros mejores talentos no están propiamente en las mejores ligas del mundo. Sin embargo, hay algo peor que su rendimiento físico y táctico: la actitud de los dirigentes y comentaristas deportivos que apuestan más por la solidaridad, la buena onda en los vestidores y en la concentración, que se lleven bien. Da igual que vayan lesionados, con 80 días sin jugar un partido, sin un nivel óptimo en sus respectivas posiciones, pero que sean buena onda y que pueden generar un buen ambiente en el equipo. Se olvidan acaso que es un mundial, una justa deportiva. Están utilizando el mismo criterio y argumento que los ministerios de Educación de muchos países en la actualidad, que los prefieren burros, a todos, pero felices, solidarios, buena onda, con habilidades blandas…

Ambas cosas son importantes, pero tal parece que hacen como los maestros progresistas que dicen que nadie, que ningún técnico fuera del aula sabe como ellos lo que debe hacerse hoy en día con la educación de los chicos. Doblan las manos, abrazan el discurso de la tolerancia y se dan baños de resiliencia y diversidad. Se trata de competir, en el marco sí, de los valores deportivos y el fair play, pero competir al fin. ¡No es un torneo de la amistad!

Ahora bien, todavía hay algo peor y es toda esa pus que viene saliendo desde hace meses de los vestidores, del chat de los seleccionados, de los medios deportivos, de los directivos, del director técnico, de las estrellitas del momento; una ristra de actitudes reprobables. Cabe preguntarse: ¿Qué nivel de concentración puede haber en los seleccionados si viven pegados y atentos a los teléfonos, a los programas deportivos y a lo que se dice en las redes sociales?

Pero, bueno, la apuesta de los directivos ha sido por la buenaondez. Dependemos ahora de la experiencia del Tata Martino en mundiales, y como siempre, de la suerte.

Clotaire Rapaille es un especialista en arquetipos culturales, creatividad e innovación, ha escrito diversos libros y ensayos a lo largo de su vida en los que analiza el código cultural de determinadas culturas. En una de sus obras más recientes, El verbo de las culturas (Taurus), identifica esa marca verbal que suele definir a los habitantes de cada país. A partir de esta identificación sostiene que el verbo de la cultura mexicana es sufrir, aguantar y sobrevivir, siendo el segundo de estos el verbo más representativo de nuestra cultura. Esto explica muchas cosas. Pues bien, todo parece indicar que sufriremos, aguantaremos y sobreviviremos este mundial con una selección nacional muy buena onda.

 

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