Opinión Política
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Guardia Inconstitucional

Charlas en la Cafetería del Barrio

Por Alberto Mora

@alberto_mora

-Cuando un gobernante se aparta del mandato de la Constitución, comienza a abrazar las funciones de un dictador. Los políticos, en estos tiempos, tienden a ignorar lo que opina la prensa, la opinión pública, la sociedad civil, sus opositores, y están en su derecho, eso ya se los premiará o castigará el ciudadano en las urnas. Pero lo que no se vale y no tienen derecho es a ignorar la Constitución. La Constitución no es una sugerencia, es el fundamento del poder en una democracia.

Así inicia José la charla en la cafetería del barrio, quien antes de continuar solicita al barista un par de cafés manchados, con un tiro de leche espumada, de esos que en otros lugares les llaman “macchiato.”

-Mi opinión personal pasa a segundo término cuando a partir de un acto del Ejecutivo existe la determinación de violar la Constitución -así le responde Miguel a José, olfateando el intenso aroma que desprende la tasa de café-. Poner a la Guardia Nacional bajo mando militar es inconstitucional, el texto vigente de la Constitución Mexicana señala que la Guardia Nacional será un cuerpo de seguridad de carácter y mando civil, además está muy claro que cualquier reforma a su operación deberá ser aprobada por el Congreso de la Unión.

“Si bien es cierto que los militares son pueblo uniformado, partiendo de la idea que las Fuerzas Armadas de México nacieron con la Revolución. Y también que el Ejército es una institución reconocida por el pueblo. Si sigue creciendo la participación de las Fuerzas Armadas en áreas de la vida pública ajenas a su misión, se corre el riesgo de politizar al sector militar y corromper su desempeño.

“Es evidente que las políticas de seguridad nacional y de seguridad pública no están funcionando. Estamos viviendo con índices de terror, de violencia y de inseguridad que no tienen precedentes. Está demostrado que la militarización de los cuerpos de seguridad pública no garantizan que las cosas puedan mejorar; de hecho, no las ha mejorado ni las mejorará. Un cuerpo civil no debe estar bajo el mando militar”.

-Mi estimado Miguel, puedes tener razón -responde José, después de dar el último sorbo a su café, antes de pedir la cuenta-. Pero el presidente está redoblando su apuesta y va por la militarización de las tareas de seguridad pública. Va a haber un choque en el Poder Legislativo porque al inicio de su mandato había determinado que la corporación tuviera un mando civil.

“Desde mi perspectiva hay distintas maneras de apreciar una decisión de esta magnitud. ¿Puede ser un cambio político? ¿Será una amenaza al sistema democrático? ¿Se trata de un pacto adicional? ¿Es un proceso de militarización del país? Esto último ¡Sí!, Sin duda, si se pretende dar funciones de seguridad publica al Ejército.

“Yo me pregunto: ¿Dónde ubicamos a la seguridad nacional? ¿Dónde al respeto de las libertades y los derechos de las personas? ¿Dónde a las Fuerzas Armadas? ¿A las instituciones que tengan a su cargo la vigencia efectiva de los derechos humanos? Todo esto se ubica en la voluntad de una sociedad diversa y democrática, que representada en los preceptos constitucionales, gradúa la dirección, las decisiones o las acciones de las personas o instituciones depositarias de poder público. Esa es la naturaleza gubernamental y de la jerarquía estatal.

“Todo ejercicio de un poder público debe realizarse acorde a la ley, no a la voluntad de las personas. Las actuaciones de los poderes Ejecutivo, Legislativo o Judicial están sometidas a la Constitución. Las autoridades solo pueden hacer aquello para lo que expresamente les facultan las leyes.

“En el ejercicio del poder debe estar presente una cuestión de ética y responsabilidad política; ‘no todo debe estar subordinado al deseo de dominar y mantener el poder’”.

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