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Enfermedad, Receta y Efectos Colaterales

Por Alfonso Gómez Godínez

@ponchogomezg

Por muchos años, tanto en mis exposiciones universitarias como en las discusiones con colegas economistas, he tratado de utilizar conceptos de la medicina para entender y esclarecer el comportamiento de los fenómenos económicos. Creo que los resultados obtenidos de estos ejercicios son pertinentes.

La complejidad de la actual realidad económica de vive México nos permite abundar al respecto. Independientemente de las causas estructurales de índole interno, es evidente que la enfermedad económica que hoy sufrimos llamada inflación, la más alta en las últimas dos décadas, ha agudizado su virulencia debido al contagio de fenómenos externos. La globalización económica ha disminuido la capacidad de respuesta del sistema inmunológico de las economías nacionales y la efectividad de los fármacos tradicionales, las distintas políticas económicas, pierden efectividad y generan efectos colaterales adversos.

La persistente inflación que ha enfermado a la economía mexicana y que se ha acelerado en los últimos dos años, nos ha llevado a recurrir permanente al especialista y a su recetario tradicional. La realidad es que, a pesar de sus diagnósticos, expedición de recetas y administración creciente de dosis del medicamento señalado, la enfermedad inflacionaria no baja su intensidad.

El médico responsable por mandato constitucional de combatir a la inflación es el Banco de México. Su prestigio, conocimiento y credibilidad lo han convertido en un ente autónomo donde el paciente recurre a su auxilio con fe ciega y pleno convencimiento.

La autoridad médica, el Banco de México, recurre a su acervo de conocimientos y decide aplicar dosis de la medicina llamada política monetaria y de su componente activo, la tasa de interés, para controlar y bajar a la inflación.

Han pasado bastantes meses y el paciente no mejora. En el pasado mes de diciembre la inflación alcanzó un nivel de 7.82%, nivel no visto en muchos años. La enfermedad ha seguido una tendencia creciente a pesar de la aplicación del medicamento. El médico, alarmado por la enfermedad, ha recetado aumentos significativos de la tasa de interés, de tal manera que en noviembre la elevó a 8.5%, en diciembre incrementó la dosis a 10.50% y recientemente en febrero la ha vuelto a subir a un 11%, tasas nunca vistas por las nuevas generaciones y que inclusive provocaron la reacción critica del presidente López Obrador proponiendo tratamientos alternativos.

La enfermedad viene causando estragos en la salud de la sociedad mexicana, afectando principalmente a los órganos más vulnerables de la misma como es la clase trabajadora, afectando su poder adquisitivo y el bienestar de sus familias.

Las crecientes dosis recetadas por el médico empiezan a generar otros efectos colaterales. El endeudamiento del gobierno, de las empresas y de los consumidores aumenta afectando a otras funciones del organismo económico como el consumo y la inversión. La reducción del consumo y la inversión se refleja en la debilidad del crecimiento económico.

Atraídos por las altas tasas de interés, los capitales externos se dirigen hacia la adquisición de activos financieros mexicanos provocando un fortalecimiento del peso mexicano que pasó de una paridad máxima de alrededor de 25 pesos por dólar en 2020 a cotizarse por arriba de los 18 pesos por dólar. Este efecto colateral provocado por la dosis del medicamento tendrá que afectar negativamente la competitividad de las exportaciones mexicanas y favorecerá un abaratamiento de las importaciones con consecuencias en la planta productiva y el saldo de las cuentas con el exterior de la balanza comercial.

En las próximas semanas, el médico nos citará a consulta, ya veremos qué decide la Junta de Gobierno del Banco de México y su inyección de política monetaria.

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