Opinión Política
REPORTAJE

El sinuoso camino a la rectoría

Con Raúl Padilla López se rompió la ruta de que para llegar a ser rector de la Universidad de Guadalajara deberías de haber pasado antes por la secretaría general. Álvaro Ramírez lo apoyó en la terna presentada al gobernador Cosío Vidaurri; el poderoso Francisco Galindo Ochoa, asesor de Carlos Salinas, lo impulsó para iniciar la era modernizadora en las universidades. La inteligencia del ex Rector lo catapultó al éxito.

 

Por Julio César Hernández

Alrededor y sobre Raúl Padilla López se pueden contar y escribir una y mil historias atestiguadas, oídas o vistas desde todos los ángulos y por las más diversos voces y manos que algo tienen que decir o redactar sobre quien indudablemente ha sido el personaje más importante en Jalisco durante los últimos 50 años. Hombre polémico, controvertido, que contó siempre con “estrellas” que lo acompañaron en su recorrido en la vida pública como estudiante, funcionario universitario, rector y ex rector de la Universidad de Guadalajara, a la que transformó académicamente durante los seis años que estuvo al frente de ella, y con mayor fuerza culturalmente después de dejar el cargo.

Por ahí hay algunos libros que cuentan parte de su vida estudiantil como presidente de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) y como rector; otros que aún no han sido terminados de escribir y que su futuro es incierto; y algunos más que, ya concluidos, quizás han esperado el momento oportuno para salir a la luz pública. Y posiblemente pronto lo sea, tras su fallecimiento.

Columnas y artículos en los periódicos locales escritos sobre la figura de Padilla López son innumerables. La cantidad de tinta, incalculable. Pero siempre llamando la atención de propios y extraños. Nunca fue un hombre que pasó desapercibido o fuera ignorado.

Raúl Padilla siempre contará con admiradores y detractores. De él, siempre se dirán cosas ciertas, medias verdades, medias mentiras o mentiras completas. Quienes las digan lo harán desde el cristal con que lo miran o de acuerdo “a como les fue en la feria”. Pero ni unos ni otros podrán desconocer la importancia y trascendencia que tuvo en la vida académica, política y social de Jalisco. Y mucho menos, el papel que tuvo como promotor cultural que proyectó a Guadalajara, Jalisco y México allende sus fronteras, particularmente con la internacionalmente reconocida Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Una misma historia sobre Raúl Padilla tiene diversas versiones, distintos ángulos o aristas desde las cuales ser contada. Una de ellas, su llegada a la rectoría de la Universidad de Guadalajara, luego de ser presidente de la FEG de 1977 a 1979; director del Departamento de Intercambio Académico y Extensión Universitaria en 1979; y director del Departamento de Investigación Científica y Superación Académica (DICSA), desde donde en 1987 fundó la Feria Internacional del Libro (FIL), de la que fue su coordinador ese año y el siguiente, en 1988.

MANIFESTACIONES. En más de una ocasión encabezó marchas en demanda de apoyo y contra agresiones a la universidad.

EN LA TERNA POR LA RECTORÍA

Guillermo Cosío Vidaurri fue el último gobernador al que le tocó designar al nuevo rector de la Universidad de Guadalajara, antes de la reforma a la Ley Orgánica universitaria que trasladó esa facultad al Consejo General Universitario. Su hijo, Salvador Cosío Gaona, cuenta cómo se decidió el arribo de Padilla López a la rectoría, en relevo de Enrique Alfaro Anguiano, padre del hoy gobernador Enrique Alfaro Ramírez.

“En 1989 se le turnó al entonces titular del Poder Ejecutivo, Guillermo Cosío Vidaurri, una lista de tres nombres integrada por el director de la facultad de Administración, Agustín Alva Castillo; el director de la carrera de Odontología, Humberto Muñoz; y el director del Departamento de Investigación Científica y Superación Académica (DICSA), Raúl Padilla López, decantándose el Mandatario por este último el ocho de marzo, cuando se realizó la designación del nuevo Rector de la Universidad de Guadalajara para el periodo del 1 de abril de 1989 al 31 de marzo de 1995”.

Recuerda que al ser la UdeG una universidad de Estado, el procedimiento para la elección de rector en aquella época consistía en que el Consejo Universitario elegía por votación una terna, y una vez aprobada o votada se turnaba a la consideración del gobernador, quien tenía las facultades y atribuciones para de entre esos integrantes elegir a uno.

Pero esta decisión de elegir a Padilla López no estuvo exenta de sobresaltos y “jaloneos”. El camino para llegar a la Rectoría fue sinuoso.

Existen versiones de que Álvaro Ramírez Ladewig aspiraba a ser el rector, alentado por sus más cercanos colaboradores, además de que el nombre de José Manuel Correa Ceseña, a la sazón secretario general de la universidad, también se mencionaba entre los aspirantes y tenía la simpatía de este grupo, toda vez que fue hombre cercano a Carlos Ramírez.

Se asegura que Correa Ceseña también era apoyado por Cosío Vidaurri, quien intentó que fuera incluido en la terna que se sometería primero al Consejo General Universitario y posteriormente enviada al Ejecutivo estatal. Pero esa intentona no prosperó y José Manuel Correa quedó fuera de la lista.

La presunta aspiración de Álvaro Ramírez para suceder a Alfaro Anguiano se habría apagado sabedor de que eso hubiese provocado un fuerte “choque de trenes” al interior de la casa de estudios, y decidió entonces apoyar la candidatura de Padilla López con lo que “se generó un vuelco en el esquema del equilibro del poder al interior de la Universidad, rompiendo con una tradición que señalaba que quien seguiría en el cargo del rector habría sido antes Secretario General”, recuerda Cosío Gaona, quien añade:

“Hubo un esquema de negociación para evitar las rupturas al seno de la universidad, y el entonces gobernador Cosío generó la negociación a efecto de que Correa Ceseña -sin posibilidades de ser rector al no ser incluido en la terna-, fuera designado secretario de Educación y Cultura”.

Salvador Cosío refiere que más allá de la relación personal entre Guillermo Cosío Vidaurri y Raúl Padilla Gutiérrez, el arribo a la rectoría del hijo de éste, Raúl Padilla López, “se debió al acomodo entre grupos y los nuevos esquemas que se vivieron en la época, que tendían a provocar algún conflicto y que fue disuelto por la concertación política.

“Cuando llegó el momento de resolver la decisión inherente a la Rectoría -continúa Cosío Gaona-, había una disyuntiva en razón del ambiente ríspido que estaba gestándose ante el inminente ‘choque de trenes’ entre grupos al interior de la casa de estudios: el institucional pro priísta en el que hacía punta visible el también ex presidente de la FEG, José Manuel Correa Ceseña, quien del entonces poderoso Departamento Escolar pasó a ocupar la Secretaría General, tradicional antesala de la Rectoría, y con quien se congregaban otros relevantes ex dirigentes estudiantiles como Félix Flores Gómez, el antecesor de Padilla López en la directiva de la FEG y otros liderazgos de la organización estudiantil como Guillermo Arturo Gómez Reyes, Adalberto Gómez Rodríguez, Genaro Cornejo Cornejo, el ex Rector Jorge Enrique Zambrano Villa y el rector saliente Enrique Javier Alfaro Anguiano.

“Enfrente estaba el grupo que tenía por líder a Álvaro Ramírez Ladewig, quien heredó las posiciones e influencia de su hermano Carlos, y contaba con el respaldo de las nuevas corrientes de líderes fegistas con Horacio García Pérez y su hijo Mayo Ramírez. Ahí surge la necesidad de propiciar la negociación para generar la designación de Raúl Padilla López, con la posibilidad de la ulterior transición al culminar el periodo de Padilla, lo que no sucedió al desequilibrarse el ejercicio del poder en Jalisco con la salida del gobernador Guillermo Cosío Vidaurri”, tras las explosiones del 22 de abril de 1992, y la llegada de Carlos Rivera Aceves como gobernador interino.

Fue precisamente en el gobierno de Rivera Aceves cuando se da paso a la reforma de la Ley Orgánica de la Universidad y se otorgó pleno poder decisorio al Consejo General Universitario, ya en esa etapa bajo la rectoría de Padilla López.

CULTURA. Con el gobernador Emilio González, en la presentación del Centro Cultural.

DON PANCHO Y EL IMPULSO A PADILLA

El camino de Raúl Padilla López a la rectoría de la Universidad de Guadalajara tuvo otro impulso desde la ciudad de México, el de un poderoso hombre que marcó toda una época como jefe de prensa de los presidentes Gustavo Díaz Ordaz y José López Portillo, y que fue un influyente asesor del presidente Carlos Salinas de Gortari: don Francisco García Ochoa, jalisciense nació en Tamazula, Jalisco, en 1913, y que fue en dos ocasiones diputado federal.

Galindo Ochoa y Raúl Padilla Gutiérrez -padre del exrector-, fueron amigos y hombres cercanos, cuyo grupo político intentó obtener la candidatura al gobierno del Estado infructuosamente, y que al no disciplinarse derivó en la destitución de Padilla Gutiérrez del comité estatal del PRI y posterior persecución política.

“Don Pancho”, como se le conocía en el mundo político y de los medios de comunicación, se mantuvo cercano a Raúl y Trinidad Padilla López. Esa relación afectiva fue determinante también para que el primero llegara a la rectoría de la Universidad de Guadalajara y, además, emprendiera su modernización con la creación de la Red Universitaria, los Centros Universitarios y ese gran legado cultural que heredó.

“Recuérdese que Salinas de Gortari llegó al poder con un discurso democratizador, de liberalización y modernización, y que eso significaba también dar un giro dentro de las universidades. Y más que el apoyo a un grupo determinado en contra del otro, el relevo en la rectoría de la Universidad de Guadalajara representaba un laboratorio de modernización de las universidades con el impulso a su transformación desde adentro”, apunta el abogado José Luis Monterde Ramírez, cuyo abuelo era director de Cultura del periódico Excelsior, en tiempos del “golpe” de Echeverría en contra del diario que dirigía Julio Scherer, y que con Galindo Ochoa mantuvo una relación muy cercana.

Monterde Ramírez recuerda lo que alguna vez le platicó “Don Pacho” sobre su abuelo: Que cuando fusilaron al padre de Francisco Galindo, su abuelo intervino ante su compadre y general Manuel M- Diéguez -padrino de bautizo del padre de José Luis- para que su familia saliera de Jalisco y los envía a Chiapas donde le consigue trabajo a don Pancho de escribano, y en donde llegó a ser el líder sindical de los escribanos. A partir de ahí, la historia de Galindo Ochoa comienza a tejerse.

En 1989 Monterde Ramírez se fue a la ciudad de México a estudiar al ICAP -invitado entonces por Luis Donaldo Colosio-, en donde en alguna ocasión se encontró con Galindo Ochoa quien con ese antecedente familiar le pidió acudiera más tarde a su oficina, donde al llegar se encontró con personajes que conocieron a su abuelo: Francisco Ealy Ortiz, Julio Scherer, Joaquín López Dóriga e Isabel Arvide, entre otros.

A partir de ahí, don Pacho le pidió que fuera diario a su oficina “para oír, ver y aprender. Que a la hora que llegara, me pasara, estuviera quien estuviera. Y si estaba yo y llegaban sus citas, ahí debería de permanecer”, recuerda.

Por cierto, uno de los asiduos visitantes de don Francisco Galindo fue don Guillermo Cosío Vidaurri, quien hacía acto de presencia en esa oficina un día a la semana, como muchos políticos más de la época.

Monterde Ramírez refiere que el apoyo de Galindo Ochoa a Padilla López para asumir la rectoría no significaba una alianza con Álvaro Ramírez sino un impulso al candidato que conocía muy bien, y por el que operó a favor ante el propio presidente Salinas de Gortari, razón por la que acá en Jalisco el gobernador Cosío Vidaurri terminó decidiendo también a su favor para que se convirtiera en el rector número 43 de la Universidad de Guadalajara.

LA TOMA DE RECTORÍA

Otro momento en el que Galindo Ochoa intervino en apoyo a Raúl Padilla López fue en aquella rebelión de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), en protesta por la reforma universitaria y exigiendo la renuncia del rector, “tomaron” el edificio de Rectoría y varias dependencias universitarias.

Testigo presencial de primera mano, José Luis Monterde recuerda así aquel momento:

“Trino Padilla llegó a la oficina de don Pancho, le rinde un resumen de los acontecimientos y de la situación que enfrenta la Universidad, y le pide su apoyo para Raúl. Don Pacho se voltea, toma su teléfono rojo -la línea presidencial- y le informa al presidente Salinas de Gortari de la situación que reina en Guadalajara. Salinas le da instrucciones, y don Pacho le grita a Lupita su secretaria que le comunique con el Jefe del Estado Mayor Presidencial. Lo comunica y éste le responde que ya conoce el tema y que esperará instrucciones.

“Entonces don Pancho le pide a Lupita que lo comunica con Álvaro (Ramírez), a quien le dice que si no entregan las instalaciones universitarias los desalojarían en 24 horas. Álvaro se enfermó, fue hospitalizado y ahí negoció la entrega de Rectoría y demás edificios universitarios.

“Guillermo Gómez Reyes -a quien alguna vez pretendieron también impulsar como candidato a la rectoría en la terna donde estaba Raúl-, fue enviado a llevar a cabo las negociaciones, y ya como nuevo secretario general de la Universidad de Guadalajara”.

LEGADO. La Feria Internacional del Libro, una de sus grandes obras.

PATROCINIOS A LA FIL

Francisco Galindo Ochoa, prosigue José Luis Monterde, mostró también a Padilla López el camino para llevar al éxito a la Feria Internacional del Libro (FIL).

Cuando Raúl Padilla había asumido ya la rectoría y dos años antes había coordinado la Feria Internacional del Libro, llegó a la oficina de Galindo Ochoa a platicarle de ella, mostrándole papeles y dándole explicaciones y pormenores de lo que se trabaja

“De pronto don Pancho atajó a Raúl, y con su peculiar forma de hablar, como lo hacía con todo mundo, incluso hasta con los presidentes, aunque de manera respetuosa, le preguntó: -Bueno, ¿y qué chingados quiere? -Que me ayude con sus amigos para los patrocinios-, le respondió Padilla López.

“Don Pancho -prosigue Monterde- le llamó a Alfredo Harp Helú (Banamex) y a Roberto González Barrera (Maseca y Banorte), y les dijo que pasaría a visitarlos Raúl Padilla. ‘Atiéndelo y ayúdalo’, les dijo a ambos. Cuando colgó, le dijo a Padilla López a qué hora lo esperaba uno y a qué hora el otro”, precisa Monterde Ramírez.

De esta manera comenzó el esquema de patrocinios para la FIL que de manera exitosa puso en marcha Raúl Padilla para colocar a esta Feria en primer lugar de habla hispana y segunda en tamaño después de la de Frankfurt.

Raúl Padilla López siempre supo qué puertas ir a tocar, a quién recurrir en busca de apoyo, orientación y hasta de un consejo. Su objetivo era llevar a buen puerto todos y cada uno de los múltiples proyectos que se propuso. Su legado incuestionable ahí queda para la historia, un legado que será difícil superar, pero que contará siempre con el reconocimiento de propios y extraños para bien de la vida académica, universitaria, social y política del estado y el país.

 

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