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Por Gonzalo Leaño Reyes

Nadie imaginó que el Gobierno mexicano fuera a ser el protagonista de la compra más sonada, sorpresiva y polémica del sexenio al adquirir trece plantas generadoras de energía eléctrica que eran propiedad de la empresa española Iberdrola, la empresa más atacada en los discursos presidenciales desde la mañanera.

A Iberdrola, empresa relativamente joven pues nació en 1992 en Bilbao, el presidente de México le reclamaba dos cosas: 1) La obtención de utilidades desmedidas y 2) Haber contratado a Felipe Calderón como integrante del Consejo Asesor Internacional de la compañía, después de que éste terminó su encargo como presidente de México.

La razón esgrimida por el Gobierno para concretar esta operación es el fortalecimiento de la Comisión Federal de Electricidad. Es decir, en lugar de construir nueva infraestructura para la CFE, se decidió adquirir instalaciones privadas que ya estaban en funcionamiento. Sería imposible levantar en el sexenio trece nuevas plantas eléctricas; más fácil y seguro, adquirirlas.

El costo de la operación fue de seis mil millones de dólares (unos 105 mil millones de pesos, a reserva de la cotización del peso-dólar en el futuro), a un plazo de diez años. Le tocará terminar de pagar al presidente que sustituya al próximo presidente de México). Con esto se recupera el dominio del sector público en la generación de electricidad: 55% ciento el Estado y 45% los privados. Hay detalles pendientes, como el nombre que se dará a esas plantas y se incorporarán oficialmente –incluso sus trabajadores— a la CFE.

La compra a Iberdrola se suma a la adquisición de la refinería petrolera Deer Park en Houston, que el año pasado alcanzó una producción de 270 mil barriles diarios y generó una utilidad neta anual de 956 mil millones de pesos. Al parecer, Deer Park se comportó mejor que cualquier otra planta de Pemex en territorio mexicano.

Es muy pronto para evaluar la pertinencia de la compra de Iberdrola, pero en principio representa un reto muy interesante para la propia CFE, pues si la empresa ibérica operaba saludablemente y con altas ganancias, así deberá continuar ahora en manos de la paraestatal.

Otra compra polémica por parte del Gobierno fue la de los activos de Mexicana de Aviación, con el fin de crear una compañía aérea estatal de bajo costo, aunque hace tiempo que no se dan a conocer detalles de cómo avanza ese proyecto.

La compra de la refinería de Deer Park ha sido exitosa hasta ahora, esperamos que lo mismo se pueda decir de las plantas eléctricas dentro de unos años.

 

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