Opinión Política
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El Palomar

Por Carlos E. Martínez Gutiérrez

Consultor en Desarrollo Urbano y Vivienda

@carlosemgtz

Con la expansión de las ciudades se olvidó el diseño y construcción de elementos icónicos que dan personalidad e identidad a barrios, zonas o sectores de la ciudad y son así espacios vitales para la ciudadanía. Debido a esto el esplendor de las ciudades se ha visto opacado, resultado, en gran medida, a que su crecimiento está planteado en función de los desarrollos inmobiliarios, cubriendo las necesidades de vivienda de una forma desordenada sin una planeación integral.

A través de los años, en todas las ciudades se fueron construyendo una serie de elementos arquitectónicos y esculturas que hoy en día son elementos de identificación de una zona de las ciudades o de la ciudad misma que le dan  identidad propia, que las caracteriza frente al mundo. Está identidad se va construyendo a través del tiempo en un proceso histórico y cultural, compuesta por un conjunto de rasgos, características, elementos, espacios, o construcciones que le dan su personalidad ante sus propios ciudadanos, pero que ayuda a identificarla a nivel regional, nacional e incluso mundial.

Diferentes elementos conforman un conjunto urbano, la mayoría de las veces de forma armónica y se integran al paisaje urbano formando un todo, muchos de ellos forman parte del mismo espacio urbano, conformado por un conjunto de construcciones, plazas o explanadas, monumentos o esculturas, equipamientos urbanos e instalaciones para el adecuado funcionamiento de la ciudad.

Hasta hace algunos años en los nuevos conjuntos habitacionales, al margen de las áreas de donación, se construían en los fraccionamientos esculturas urbana, motivos de ingresos y una serie de elementos urbanos, como elementos de identificación del desarrollo y embellecimiento de los espacios públicos; ejemplos clásicos como las torres de satélite de la CDMX diseñadas por el arquitecto tapatío Luis Barragán Morfin y el alemán Mathias Goerits, o el fraccionamiento Jardines del Bosque en la ciudad de Guadalajara del mismo autor donde se encuentra la escultura de Mathias Goerits denominada el “Pájaro de Fuego”; o la “Puerta Guadalajara” en el fraccionamiento Jardines Alcalde de la misma ciudad, escultura del arquitecto Fernando González Gortázar, por mencionar solo algunos ejemplos

Tradicionalmente el estado había olvidado entre sus prioridades este tipo de elementos vitales para los habitantes de la ciudad, por eso resulta de reconocimiento público a las autoridades del gobierno municipal de Guadalajara y el gobierno del Estado la voluntad política y el impulso para el rescate del diseño y construcción de una escultura monumental diseñada por el premio Pritzker 1980, el Arquitecto Luis Barragán Morfin, proyectada originalmente para el fraccionamiento “El Palomar” al sur del área metropolitana de Guadalajara.

Esta escultura monumental se ubicó en el centro de la ciudad de Guadalajara como parte de un proyecto de rescate de espacios públicos en una zona degradada y que forma parte de la extensión del “Paseo Alcalde” en la capital del Estado, creando un espacio urbano por demás interesante. No siempre se rescatan espacios públicos trabajando de la mano autoridades, organismos técnicos de la sociedad y especialistas a favor de la ciudad. Este proyecto nos confirma que cuando los políticos oyen a los organismos técnicos, se realizan proyectos de gran utilidad pública en beneficio de la sociedad.

Por supuesto que las construcciones en los espacios públicos siempre son cuestionables por algunos actores de la sociedad y más cuando se trata de esculturas o arte urbano con dinero público, debido a que el arte es subjetivo y, por otro, a las diversas necesidades que requieren las ciudades. Pero a veces se olvida que una necesidad es vivir en una ciudad digna, con cultura, historia, tradiciones, con elementos que nos identifique y nos hagan sentir orgullosos de nuestra patria chica. Ojalá en las ciudades hubiera muchos Palomares y espacios públicos. Enhorabuena por Guadalajara.

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