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El litio y la maldición de los recursos naturales

Por Alfonso Gómez Godínez

@ponchogomezg

A mediados de la década de los noventa del siglo pasado, dos destacados economistas, Jeffrey Sachs y Andrew Warner, empezaron a publicar unas polémicas y sugerentes investigaciones donde destacaban que la abundancia de recursos naturales se había convertido, paradójicamente, en un freno para el crecimiento y desarrollo económico de los países poseedores de esos recursos.

Los trabajos de Sachs y Warner se enfocaron a demostrar cómo en determinadas naciones -Venezuela, México y Nigeria, entre otras – la abundancia, por ejemplo, de petrolero y la enorme renta generada por dicha actividad, generó efectos negativos en las bases del crecimiento económico.

Bajo dicha argumentación, se empezó a consolidar una sugerente línea de estudio en la literatura económica que señaló que la abundante dotación de recursos naturales, que inicialmente parecería como una bendición divina o de la naturaleza, podría convertirse para un país en una aberrante “maldición”.

Así, ambos economistas remitieron a estudios donde demostraban el caso de naciones favorecidas con abundantes recursos naturales pero cuya explotación y exportación en los mercados mundiales no se traducían en mayores tasas de crecimiento económico con respecto a otros países carentes de recursos naturales, sino que además esa abundancia se había traducido en distorsiones perversas que afectaron también el sano comportamiento de la macroeconomía (enfermedad holandesa), la competitividad, las exportaciones del conjunto de la economía, la innovación y el emprendimiento.

México es un claro referente de lo señalado líneas arriba. El boom de los precios del petróleo y de la exportación del oro negro alentó la idea de un futuro próspero donde el problema para nuestro país, según el presidente López Portillo, seria administrar la abundancia. Al final de cuentas la riqueza petrolera derivó en déficits fiscales, inflación, devaluación, recesión económica, cierre de empresas, desempleo y caída del ingreso de las personas. La bendición del petróleo se transformó en una maldición. Claro, mientras eso sucedió para nosotros, para Noruega, los Emiratos Árabes, Arabia Saudita, el petróleo fue toda una bendición ya que solo basta revisar el multimillonario Fondo de Inversiones de Noruega y la majestuosidad de las ciudades e infraestructura urbana de esos países del Medio Oriente.

Desde del lado de la mesa gubernamental, las decisiones tomadas por el Congreso en torno al Litio son motivo de orgullo y satisfacción. El control absoluto por parte del Estado mexicano sobre ese estratégico recurso, se nos dice, garantiza la soberanía nacional, pone en manos del pueblo su destino y los beneficios económicos del mismo.

En la perspectiva de la maldición de los recursos naturales, el asunto es más profundo y requiere revisarse con mayor amplitud y complejidad. La realidad es que una vez más nos gana el sentimiento, la metáfora y el mito en el debate del proyecto de país. Reivindicamos nuestro espíritu nacionalista, nos rendimos ante la supremacía estatal y nos asumimos como abanderados y representantes del sentir popular.

El Litio puede convertirse en una “maldición” si su eventual explotación por parte del Estado da origen a la captura de ingresos con criterios eminentemente políticos y rentistas. Preocupa que pensemos más en el nombre de la futura empresa paraestatal (AMLITIO) que en las regulaciones y disposiciones normativas para que el Litio sea una bendición y no una maldición.

Se requiere de un marco regulatorio para que el Litio no sea botín de la clase política, espacio de disputa entre grupos de poder de la alta burocracia nacional. Urge evitar que el Litio simplemente sirva para financiar el gasto público y sea base para ampliar supuestos programas sociales con fines clientelares y electorales. Se demanda de una normativa institucional que evite la corrupción, el despilfarro y la ocurrencia. En diversos estudios sobre la maldición de los recursos naturales, las ausencias y debilidades institucionales incentivaron el mal uso y desvío de esos recursos.

Sería una tragedia para México que el llamado Oro Blanco, insumo fundamental para las empresas tecnológicas, quede sujeto a un manejo patrimonialista estatal; que lo convirtamos, como el Oro Negro de PEMEX, en una vaca lechera que amamanta nóminas, obras faraónicas y programas asistenciales de tipo populista. El Litio, fuera del Ogro estatal, puede significar un gran potencial para el desarrollo industrial de alta tecnología; puede ser una bendición o una maldición.

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