Opinión Política
OPINIÓN

Cuatro años de gobierno

REFLEXIONES

Por Gonzalo Leaño Reyes

Con motivo del IV Informe del presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado día primero de septiembre, es pertinente hacer un balance general de su gestión al frente del poder Ejecutivo de la nación. Nos referiremos en primer lugar al entorno en el que ha gobernado y a su estilo personal de gobernar, y enseguida a los hechos más significativos que acumula a favor y en contra después de cuatro años de gobierno.

El escenario en estos cuatro años no ha sido el más propicio debido a la aparición repentina de la pandemia de Covid-19 que trastocó todas las actividades en México y en el mundo. Lidiar con este problema fue todo un reto, implicó reconvertir hospitales, implementar medidas públicas como el confinamiento y sus efectos en la economía, el empleo y la educación, adquirir vacunas e instrumentar el plan para aplicarlas en todo el país. En medio de este grave problema se presentaron las elecciones intermedias y las dos consultas populares que impulsó sin mayor éxito el propio presidente de la República. Fue, sin lugar a dudas, un escenario muy complicado.

En cuanto al estilo de gobernar, ha sido consistente en fortalecer su autoridad desde la tribuna de las Mañaneras y las giras de fin de semana por el interior del país. Ha posicionado la dicotomía política de que sólo existen dos opciones: la transformación que él encabeza y la oposición neoliberal de sus adversarios. Esa será la tesis política hasta el final de su mandato.

Entre las fortalezas del presidente destacan: sus índices de popularidad; su autoridad, ahora reforzada con la adscripción de la Guardia Nacional a la Sedena; el control legislativo mediante la mayoría de Morena y aliados; los 18 gobernadores morenistas; el debilitamiento de la alianza PAN-PRI-PRD, y el control sobre los precandidatos presidenciales Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López.

Entre sus debilidades figuran principalmente la violencia e inseguridad pública y una economía que no levanta.

Faltan 24 meses para que termine el sexenio (hasta el 30 de septiembre de 2024), pero a partir de noviembre de 2023 ya estará en efervescencia la lucha por la sucesión presidencial, por lo que el tiempo le apremia para: comprobar el acierto de sus obras insignia (AIFA, Tren Maya y Dos Bocas); pacificar al país; enderezar la economía y el sistema de salud, y evitar que Morena y sus precandidatos se salgan de control.

Así están las cosas después de cuatro años de gobierno.

 

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