Opinión Política
EDUCACIÓN E HISTORIA

Lo que siguió a la Revolución Mexicana

Pasaron muchos años para que México recuperara la paz que perdió al caer Porfirio Díaz.

 

Por Alfredo Arnold

Después de 37 años de ejercer el poder, Porfirio Díaz dejó de ser presidente de la República el 25 de mayo de 1911, y después de un breve interinato de Francisco León de la Barra y de las correspondientes elecciones, Francisco I. Madero llegó a la presidencia el 6 de noviembre de ese mismo año.

La dictadura había terminado, don Porfirio estaba exiliado en Europa más allá del bien y el mal. Parecía que la exigencia que había provocado el inicio de la Revolución estaba satisfecha, por lo menos en proceso de cumplirse. Nada más equivocado que eso, la demanda de “Sufragio efectivo, no reelección” era lo de menos, la toma del poder era lo que en realidad subyacía detrás de las intenciones de Madero; y si no de él, sí de varios caudillos que vieron en la caída de don Porfirio la oportunidad de instalarse en Palacio Nacional.

Madero, quien había sido electo con un gran apoyo popular, duró únicamente 15 meses en el poder, fue asesinado el 22 de febrero de 1913, tres días después del golpe de Estado que dirigieron sus oponentes. Ahí se desató la verdadera Revolución, no la que tumbó al octogenario Díaz, sino la de los caudillos que heredaron la lucha, una lucha entre distintas facciones que dejó entre dos y tres y medio de millones de personas muertas.

Madero fue traicionado por Victoriano Huerta y éste, que ocupaba la Presidencia, tuvo que marchar al exilio después de que Venustiano Carranza se levantó en armas con la bandera del constitucionalismo. Al principio, apoyaron a Carranza otros caudillos, entre los más conocidos: Emiliano Zapata, en el sur; Pancho Villa (Doroteo Arango), desde Durango hasta Chihuahua, y Álvaro Obregón, en el Noroeste. Pero muy pronto surgieron los desacuerdos entre ellos, se dividieron y en el transcurso de unos cuantos años fueron muriendo asesinados en distintas circunstancias. Podríamos decir que Carranza ganó la lucha entre facciones ya que logró expedir la Constitución de 1917 y asumió oficialmente el cargo de Presidente de la República, pero también fue asesinado.

El victorioso, entonces, fue Obregón que también se convirtió en Presidente, aunque murió asesinado cuando se disponía a regresar a la Presidencia después del periodo encabezado por Plutarco Elías Calles.

Entonces, ¿fue Calles el último beneficiario de la Revolución?

Calles no permaneció oficialmente en el poder al terminar su mandato, pero lo ejerció de facto durante el maximato que cubrieron Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez, además de que seguía siendo el hombre fuerte del país a través del partido que fundó, el Partido Nacional Revolucionario que más tarde se transformaría en nuestro contemporáneo PRI.

Con Calles terminó el baño de sangre de la Revolución, aunque aún le tocaría enfrentar una guerra de la que poco se habla, la Guerra Cristera, que produjo un cuarto de millón de muertos.

FRANCISCO I. MADERO DURO MUY POCO TIEMPO EN EL PODER/ Madero, quien había sido electo con un gran apoyo popular, duró únicamente 15 meses en el poder, fue asesinado el 22 de febrero de 1913, tres días después del golpe de Estado que dirigieron sus oponentes.

La Guerra Cristera inició desde la presidencia de Álvaro Obregón, pero con Calles alcanzó su punto más álgido. Fue una revolución provocada por el endurecimiento de las Leyes de Reforma en contra de la Iglesia católica, las cuales Calles llevó al extremo, a tal punto que recibieron el nombre de Ley Calles.

Lázaro Cárdenas asumió la Presidencia en 1934 y al poco tiempo corrió del país a Plutarco Elías Calles. Ahí terminó la barbarie. Pasó casi un cuarto de siglo para que la paz que con tantas dificultades había conseguido instaurar Porfirio Díaz fuera restaurada nuevamente en México.

Don Porfirio ya pasaba de los 80 años cuando dejó la presidencia. Había anunciado en una entrevista que le dio al periodista norteamericano James Creelman su deseo de retirarse de la vida pública. “He tratado de dejar muchas veces el poder, pero siempre que lo he intentado se me ha hecho desistir de mi propósito”, declaró.

México no podía entenderse sin Díaz. De hecho, se desplomó la bolsa de valores en cierta ocasión en que estuvo enfermo en Cuernavaca. En su tiempo, la mitad de la población mexicana era indígena, carente de instrucción y desconocía sus derechos, por lo que don Porfirio confiaba en el surgimiento de una clase media que lo sucediera. “Es la clase media la que interviene en la política y de la que depende el progreso en general”, diría en aquella entrevista con Creelman.

¿Cuál habría sido el destino de México si don Porfirio hubiera dejado voluntariamente el poder en 1910, después del Centenario de la Independencia? ¿Se habrían evitado las luchas entre caudillos y la muerte de millones de mexicanos? ¿Sería México una nación tanto o más próspera que Estados Unidos?

Pero, como dicen, el “hubiera” no existe.

 

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