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La Universidad, producir títulos o generar talentos

Por Jorge Cabrera

Maestro en Economía y Política Internacional CIDE

Durante generaciones, millones de padres mexicanos educaron a sus hijos bajo una convicción casi incuestionable: «estudia una carrera universitaria para que tengas un mejor futuro». Aquella idea tenía sentido en un país donde los profesionistas eran escasos y un título universitario prácticamente garantizaba movilidad social.

Pero el mundo cambió.

Hoy la inteligencia artificial, la automatización, la digitalización y la relocalización de empresas están transformando el mercado laboral a una velocidad sin precedentes. En este nuevo escenario, el valor de una profesión ya no depende únicamente del prestigio de un título, sino de la utilidad de las competencias que desarrolla.

No es casualidad que Barack Obama advirtiera durante su presidencia que Estados Unidos necesitaba «más ingenieros y menos abogados». No cuestionaba el valor del Derecho; cuestionaba el desequilibrio entre la formación profesional y las necesidades de la economía.

México enfrenta un dilema similar. Mientras miles de jóvenes egresan cada año de carreras con mercados laborales saturados, la industria reporta dificultades para encontrar técnicos especializados, ingenieros, programadores, expertos en automatización y personal calificado para la manufactura avanzada.

La paradoja es evidente: hay profesionistas que no encuentran empleos acordes con su preparación y empresas que no encuentran el talento que necesitan.

Los países que hoy encabezan los indicadores de competitividad entendieron esta transformación hace tiempo. Alemania y Suiza dignificaron la educación técnica mediante sistemas duales que combinan escuela y empresa. Corea del Sur apostó por la ingeniería, la ciencia y la tecnología como motores de su desarrollo. Singapur convirtió la formación técnica en un componente estratégico de su política industrial. Ninguno de ellos planteó la educación técnica como una alternativa de segunda categoría.

En México, en cambio, todavía persiste la idea de que un oficio o una carrera técnica representan un fracaso frente a la universidad. Sin embargo, un técnico en automatización, un especialista en refrigeración industrial o un programador de sistemas puede tener mejores perspectivas laborales que un profesionista egresado de una carrera con baja demanda.

La discusión, por tanto, no es universidad contra educación técnica. Esa es una falsa disyuntiva. La verdadera discusión consiste en alinear la formación de los jóvenes con la economía que México quiere construir durante las próximas décadas.

El reto de la política educativa ya no es producir el mayor número posible de títulos universitarios. Es formar el talento que demanda una economía basada en la innovación, la productividad y el conocimiento.

Quizá la pregunta que deberíamos hacerles hoy a nuestros hijos ya no sea: «¿Qué carrera vas a estudiar?», sino algo mucho más importante: «¿Qué problemas del mundo serás capaz de resolver?».

 

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