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La Gestión Cultural

Por Carlos A. Lara González

Dr. en Derecho de la Cultura y Analista de la Comunicación y la Cultura

@Reprocultura

Si bien Jalisco no fue el escenario del Primer Encuentro Internacional de Promotores y Gestión Culturales, sí es en muchos sentidos el territorio en el que se más ha desarrollado teórica y académicamente la denominada Gestión Cultural.

En uno de estos encuentros, alrededor de 2005, en las instalaciones del Instituto Cultural Cabañas se discutió con insistencia la idea de adoptar el término Gestión Cultural (gestores culturales), en lugar de Promoción Cultural (promotores culturales). Desde entonces, ya por acuerdo, ya por impulso institucional o bien, por simple socialización, se acuñó el término de Gestión Cultural. No existía entonces una licenciatura que formara a estos profesionistas. Existían diplomaturas que formaron teórica y académicamente a los promotores culturales involucrados en estas tareas en el ámbito gubernamental y social. La capacitación estratégica comenzó alrededor de 2002 desde el desaparecido Conaculta, con el esfuerzo del maestro McGregor y su equipo que logró estructurar espacios académicos importantes, impulsar una colección editorial (Intersecciones) para fortalecer lo anterior y obtener una certificación académica por parte de la SEP. Hoy nada existe de ese esfuerzo.

El punto es que Jalisco ha sido sede se diversas diplomaturas en Gestión Cultural, Licenciaturas, Maestrías, el único doctorado a nivel nacional en esta materia y la conformación de un Colegio Estatal de Gestores Culturales. Muchas son en la actualidad las diplomaturas, licenciaturas y maestrías de esta profesión en ciernes. Muchos también los abordajes, temáticas y programas de estudio, así como agrupaciones, reuniones y congresos nacionales e internacionales que analizan el desarrollo de este campo. Y dentro de estos abordajes, he venido sosteniendo la necesidad de diferenciar al Gestor Cultural del Agente Cultural, en función de que el primero, en estricto sentido, es el que cuenta con un título y una cédula profesional que lo acredita como tal. Lo anterior, en virtud de lo establecido en el artículo 5to constitucional, la Ley de Profesiones, reglamentaria del citado artículo, así como la Ley de Profesiones del estado donde se imparta esta licenciatura, que deberá tenerla registrada.

El Agente Cultural en cambio, somos el resto. Quienes venimos de otras carreras y líneas de formación a aportar al campo de la denominada Gestión Cultural. Aportar en el más estricto sentido, pues a las líneas de formación tan diversas, habremos de incluir la experiencia y la particular forma de hacer las cosas. El Agente Cultural no tiene el título (acreditación y cédula) de Gestor Cultural, por más que haya hecho una maestría. En ese sentido, las maestrías no forman Gestores Culturales (en términos estrictos y generales), forman Agentes Culturales. Considérese que no es un requisito tener el título de licenciatura en Gestión Cultural para cursar una maestría en este campo. A las maestrías acuden estudiantes de todo tipo de áreas del conocimiento: Mercadotecnia, historia, diseño, antropología, sociología, economía etc. Los hay, sí, que han estudiado la licenciatura en Gestión Cultural y la maestría en este mismo campo, los Gestores Culturales químicamente puros, pero son los menos todavía.

Ahora bien, para conformar e integrar un colegio, sí es necesario tener el título. Aquí no caben quienes estudiaron la maestría en Gestión Cultural, si su licenciatura es en otro campo del conocimiento que no sea la Gestión Cultual.

La Secretaría de Cultura Federal creó un Registro Nacional de Agentes Culturales. ¿Para qué? Nadie lo sabe, pero abona a la necesidad de discutir estas dos categorías dentro del fomento y promoción del arte y la cultura. Particularmente la Gestión Cultural que es, insisto, una profesión en ciernes, a la que falta rigor académico en el diseño, planeación e implementación de planes y programas de estudio, así como un impulso estratégico de líneas de desarrollo profesional que aporten al campo. No basta con tener el grado académico y la cédula, sino también desarrollar líneas de formación profesional que faciliten una especialización que aporte al campo. Para ello es necesario la colegiación. Una colegiación que actualice y certifique habilidades y competencias. Los grupos, redes y asociaciones de Agentes Culturales, suelen ser buenos espacios para la diletancia, pero nada más. Es necesario el rigor profesional de un colegio, ese prestigio y compromiso ético en el desarrollo de la profesión enmarcado en la deontología, así como estar incluidos en un registro público y ser susceptible de denuncias por malas prácticas como una profesión. Y muchos aspectos más…

 

 

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