Opinión Política
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Invertir en la Ciudad

Por Carlos E. Martínez Gutiérrez

Consultor en Desarrollo Urbano y Vivienda

@carlosemgtz

El impacto de las decisiones económicas y políticas públicas por parte de los gobiernos de nuestro país, han sido fundamentales en el crecimiento y diseño de las ciudades. Pasamos de las medidas populistas, desastres económicos e irresponsabilidad en el gasto público de los años 70’s al capitalismo a ultranza hoy llamado por algunos “Neoliberalismo”.

El crecimiento de las ciudades hasta antes de los años setenta fue más o menos equilibrado en cuanto a su escala humana, diseño, dimensiones, equipamientos, espacios públicos, mobiliario urbano etc. Pero en los años 70’s y 80’s las recurrentes crisis financieras hacen que se incremente la migración a las ciudades por falta de oportunidades de trabajo y servicios en muchas de las comunidades y poblaciones del país.

Un país que durante esa época los gobiernos se dedicaron a crear y nacionalizar empresas, crecer la burocracia, donde se frenó la inversión productiva y se priorizo el gasto social, el resultado fue previsible: un país tronado financieramente.

Debido a los factores de migración, así como la creación de diversas instituciones de vivienda, en las principales ciudades del país se empezó a planear de forma integral su crecimiento, pero desgraciadamente con los desastres financieros ocasionados por los gobiernos de la Republica de esa época donde establecieron un control excesivo en el gasto público recortando y suprimiendo cada vez más las inversiones en equipamientos e infraestructura, entre muchos rubros.

A finales de los años 80’s y en los 90’s se inicia la recuperación económica, pero ante la falta de recursos financieros el gobierno empieza a desincorporar todo tipo de empresas que no son estratégicas para el país, empieza a concesionar los servicios públicos, realiza los cambios legislativos donde abandona la rectoría en materia de vivienda, permitiendo que los particulares la desarrollen y concesionado la infraestructura principalmente las carreteras.

En esta política pública de Estado, a los gobiernos se le olvidó hacer ciudad, consolidar los barrios o colonias, en los presupuestos desaparecieron un sinnúmero de programas e inversiones encaminados a mejorar la calidad de vida y dar servicios a la población a través de los equipamientos básicos indispensables como mercados, hospitales o clínicas de salud, instalaciones para la cultura o el arte, espacios públicos, así como reservas territoriales para sus programas e instalaciones, expropiación de zonas para la recuperación ambiental, por mencionar solo algunos.

Hoy en día los ciudadanos estamos pagando los errores y excesos de las políticas públicas, la falta de planeación, los virajes en materia económica que se ven reflejadas en las ciudades y sobre todo en la calidad de vida de los habitantes.

Revertir este fenómeno requiere rediseñar las ciudades de una forma más equilibrada, un ejercicio de planeación de la mano los recursos económicos, inversiones que no dan dividendos políticos en corto plazo, pero que las ciudades lo están pidiendo a gritos. Se requieren presupuestos que prioricen la inversión productiva, abatir el rezago en los equipamientos acumulados en muchos años, el mantenimiento y mejoramiento de los servicios públicos e infraestructura, la adquisición de tierra y reservas territoriales propiedad de los estados y municipios para el desarrollo de sus diferentes programas y equipamientos, entre otras muchas inversiones; olvidarse de obras de relumbrón o de cuestionable utilidad pública.

Invertir en la ciudad no es un gasto, es una inversión en la calidad de vida de los habitantes.

 

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