Opinión Política
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Gobernabilidad, gobernanza y credibilidad

Por Juan Carlos Hernández A.

Master en Gestión Social y Políticas Públicas

Profesor de Filosofía de la UAG

El tema de gobernabilidad, gobernanza y credibilidad no es sencillo cuando hay complejidades para administrar un país que per se que como México es  pluricultural y en el que hay manifestaciones disímbolas, en dónde unos y otros se entienden y dan cabida y “elocuente tolerancia” a las distintas manifestaciones de gustos, preferencias y también de orden ideológico. La estabilidad política se hace valer en el ejercicio de los derechos políticos-electorales de los ciudadanos, quienes de forma pacífica votan libremente por quienes desean que los gobierne y lo hagan bien; bajo el auspicio de las instituciones autónomas que están para garantizar las elecciones y con la organización electoral más otras para velar por la justicia de la defensa del voto de los electores, haciendo una sinergia de estabilidad como un todo.

Ahora que, la distinción entre gobernabilidad y gobernanza, desde la teoría Sartori y la ciencia política clásica, es fundamental no confundir gobernanza (los procesos, redes y mecanismos de interacción para dirigir los asuntos públicos entre múltiples actores) con gobernabilidad, en que Sartori y otros autores asocian más estrechamente con el equilibrio dinámico entre las demandas sociales y la capacidad institucional del gobierno para responder a ellas con eficacia y legitimidad.

Pensar en ese sentido la esperanza es que aún queda mucho de bueno por hacer por el país, cada uno en su respectivo oficio, en el entendido de equilibrar lo que se está construyendo y lo que ya existe, con certeza en el ensayo del día a día con el afán de edificar en comunidad, la gobernanza ayuda en mucho a que se fortalezcan las instituciones públicas en tan multidisciplinarias tareas que son compatibles con las necesidades reales y en espera de soluciones para el ciudadano de a pie.

Para ello se echa a andar todo un andamiaje gubernamental con la sincronización de programas de trabajo con los responsables de cada dependencia pública y que no se pueden delegar la toma de decisiones en el ejercicio mismo hacia otras personas que no son las responsables directamente de las cuestiones fundamentales sobre todo si se encuentra en un momento de crisis; si quiere un ejemplo está el tema de salud pública, ahora ventilado el pésimo servicio en el IMSS, que, aunque no es nuevo sí se ha acrecentado el tema. Que, aunque se esté en crisis puede salirse avante, solo que la voluntad lo define. Usted sabe de otros más.

Es loable el tener gobernanza con la participación de la ciudadanía para dar total garantía y certeza de que la administración pública si mejore y bien, conforme a la legalidad, en la inteligencia de que todos los funcionarios tengan la capacidad de las funciones que se realizan para cumplir con las atribuciones que la ley les mandata y es de reconocer lo concerniente a errores, falta de control, de depuración, de la simplificación y sencillez de lo que es inservible e inoperante y entonces  reorganizarse para conformar un mejor desempeño en el servicio.

No se puede omitir la participación de la ciudadanía quienes de manera individual o en colectivo deben ser los más interesados para dar seguimiento al cumplimiento de las políticas públicas que hoy día debieran ser revisadas con el propósito de que sean observadas por el funcionariado público con el fin de tomar el control y dar resultados óptimos. Eso urge, porque en realidad el país no va bien.

Al final la parte medular de la función de quien gobierne un país es, de todo ello, el cumplimiento solo de lo que la ley le dicta hacer, buscar la confianza y dar credibilidad con los actos y soluciones que, suponemos, debieran estar a la altura de toda decisión concerniente al bien común no es cosa fácil, porque ello se gana en cada decisión tomada inclusive omitida, en la que no hay beneficio al gobernado, no se gana credibilidad con narrativas de expiación de culpas, presentes y pasadas, no. ¡Sea pues!

 

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