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El Hilo Negro

Por Carlos E. Martínez Gutiérrez

Consultor en Desarrollo Urbano y Vivienda

@carlosemgtz

Los ciudadanos que se desplazan todos los días en las ciudades requieren vivir con seguridad, les urge un transporte público más eficiente, tener un trabajo bien remunerado, fortalecer su economía familiar, garantizar la educación de sus hijos con calidad, espacios más dignos y seguros, tener una vivienda digna y adecuada, así como acceso a los servicios públicos y con calidad; en suma, mejorar su calidad de vida. Desgraciadamente el Estado ha sido incapaz de proporcionar este estatus plasmado en la Constitución.

Y si analizamos el problema, nos damos cuenta de que muchas veces no es cuestión de presupuesto sino aspectos de visiones, planeación, seguimiento y orden de los diferentes rubros a solucionar. Por supuesto que la planeación de las ciudades, sus espacios, su infraestructura y equipamientos son parte fundamental para proporcionar la calidad de vida que requieren los ciudadanos.

El tema de la planificación, la participación ciudadana y la planeación de los equipamientos e infraestructura no son temas de moda en los últimos años, la historia registra antecedentes de planeación y diseño de ciudades en las culturas milenarias y en todas las épocas de la humanidad.

Lo que es relativamente reciente en nuestro país es la creación de leyes y reglamentaciones en materia de planeación y, por supuesto, del desarrollo urbano, los antecedentes datan de 1930 donde se crea la Ley de Planeación General de la República con la idea de impulsar de forma ordenada el proceso de desarrollo nacional.

En el Estado de Jalisco se expidió la primera ley en materia urbanística el 1 de julio de 1933, y se denominó “Ley de Cooperación, Planeación y Obras Públicas del Estado”, cuyo objetivo era normar los centros urbanos de aquella época, refiriéndose básicamente a Guadalajara que había iniciado una serie de cambios y requería una restructuración especialmente en los equipamientos, vialidades e infraestructura de agua y drenaje.

Esta primera ley se reformó dos años y medio después, en diciembre de 1935, donde lo interesante de las reformas reconocieron la importancia de la planeación urbana y el ordenamiento del territorio con el objetivo de sentar las bases para un futuro crecimiento, y que sirviera de base para la elaboración los programas, prioridades y jerarquía para la realización de las obras públicas y las urbanizaciones.

Estas modificaciones a la ley no se limitaron solo al ejercicio técnico como exclusivos de la autoridad y especialistas, sino que reconocía e impulsaba la participación ciudadana, además incluyó aspectos relacionados con comisiones de planeación, tanto a nivel estatal y municipal en cuanto su integración.

En el periodo de 1959-1965 estuvo vigente la Ley de Planeación y Urbanización del Estado de Jalisco con aplicación en todos los municipios de la entidad; se creó la Junta General de Planeación del Estado de Jalisco, así como se estableció la asesoría técnica obligatoria en materia planificación por parte del Estado, estableciendo la dictaminación de los usos del suelo. Posteriormente se transforma en Ley Estatal de Asentamientos Humanos donde se transmuta la Junta General en Departamento de Planeación y Urbanización del Estado, y establece la declaratoria del establecimiento formal de la Región y Zona Conurbada de Guadalajara.

Durante este periodo la dependencia estuvo bajo la dirección de técnicos capaces y prestigiados, donde los políticos fueron respetuosos del ámbito de competencia de los técnicos, se priorizo la visión a corto, mediano y largo plazo, se realizaron proyectos y obras que a más de cuarenta años han cumplido su función social por las cuales fueron planeadas y ejecutadas.

Hoy en día, desgraciadamente esa visión se perdió. S “planea” con una visión mediática sujeta a periodos administrativos, intereses económicos o electorales y, peor aún, se han creado institutos de planeación que muchas veces son mal administradores del desarrollo urbano o ventanilla de tramites, donde sus prioridades son otras. Valdría la pena en retomar lo fundamental de la planeación, pensar en una ciudad que le de calidad de vida a sus habitantes de forma integral y no andar inventando el hilo negro.

 

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