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Educación, Educación, Educación

Charlas en la Cafetería del Barrio

Por Alberto Mora

@alberto_mora

-La sociedad espera que quien se dedique a la política sea gran estadista, pero también una buena persona. La gente les impone a los políticos esos atributos y los censura cuando no los posee realmente. Los cataloga como populistas, como demócratas, como dictadores, como oligarcas. Pero, ¿en realidad conocen de las características que debe guardar un gobernante para inscribirse en algún tipo de gobierno?

Así en la cafetería del barrio inicia Porfirio la charla, degustando una taza doble de café espresso con una capa fina de leche caliente, esa bebida que se le conoce como flat-white. Pepe, aficionado al tabaco, disfruta de un café puro, espresso sin azúcar, sin leche sin más agua, y responde a su compañero de mesa:

-Como recordarás, en nuestros tiempos de escuela nos enseñaron que las formas de gobierno se distinguen por dos elementos: 1. ¿Quién o quiénes gobiernan?; es decir: si gobierna uno, gobiernan pocos o gobiernan muchos. Y 2. ¿Cómo gobiernan? Esto es, ¿gobiernan bien o mal?

“Así podemos interpretar que cuando es UNO que gobierna bien es monarquía, y cuando es UNO que gobierna mal es tiranía. Cuando son POCOS que gobiernan bien, aristocracia, y cuando POCOS gobiernan mal se llama oligarquía o (mafia del poder). Cuando MUCHOS gobiernan bien, podemos reconocer una democracia, pero cuando MUCHOS gobiernan mal es, sin duda, una demagogia.

“Ahora, antes de que me preguntes cómo distinguir el buen gobierno del mal gobierno, es sencillo: si gobiernan respetando la ley, es buen gobierno, si gobiernan violando la ley es mal gobierno. Hay otro criterio: si gobierna para el bien de todos o gobierna para una parte. Así podemos afirmar que si UNO gobierna bien respetando la ley, pero además haciendo bien para todos, es monarquía, pero si gobierna bien pero para beneficio de pocos, es tiranía; si POCOS gobiernan bien respetando las leyes para el bien de todos, es la aristocracia; si POCOS gobiernan sin respetar la ley, pero además para beneficio de ellos mismos, entonces es una oligarquía”.

Porfirio interrumpe a Pepe en tono respetuoso, pero firme: -A ver, la democracia no es solo el gobierno de la mayoría; la democracia es el gobierno de la mayoría que respeta a la minoría. Eso lo deja muy claro uno de los herederos teóricos de Juan Jacobo Rousseau: Hans Kelsen, quien en su libro “Teoría General del Derecho y el Estado”, afirma que el compromiso forma parte fundamental de la democracia porque no se trata de que una mayoría vaya por un lado y la minoría por el otro, sino que haya una vinculación, puentes, entre minorías y mayoría, de tal manera que haya la posibilidad de un dialogo, de compromisos.

“Tenemos muchos ejemplos donde las contradicciones fueron tan fuertes que no pudieron ser resueltas por la vía del diálogo, de la negociación y del compromiso, y tuvieron que salir a los campos de batalla a resolver la oposición de ideas con sangre”.

-Tienes razón, Porfirio -responde Pepe, solicitando la última ronda de cafés al barista-, por eso quiero resaltar que la demagogia es un gobierno de la mayoría que no respeta a la minoría, y que la demagogia termina siendo el gobierno de la mayoría que cae en manos de un demagogo. Entonces termina siendo lo que se llama tiranía de la mayoría. Algo que no es nuevo.

“Hay un amplio catálogo de demagogos. Desde tiempos de Savonarola, aquel dominico que Maquiavello conoció en Florencia por los años de 1450, lo primero que hizo al instaurar su régimen, fue imponer una cartilla moral y crear una hoguera del vanidades, donde todos debían tirar sus objetos valiosos o de lujo, porque solo así se alcanzaba la pureza del alma y se encontrarían la felicidad”.

Pepe solicita la cuenta, y para concluir la charla expone: -Fíjate cómo los demagogos repiten palabras, lenguaje, acciones. Otro episodio en la historia es Napoleon III. De éste podemos decir que el primer libro que se escribe acerca del populismo es el 18 Brumarlo de Luis Bonaparte, escrito por Carlos Marx, y en el que, dicho sea de paso, a detalle parece que estamos viendo el México de hoy.

“Cómo se manipula a la gente, cómo hay grupos que organizan a la sociedad, esos que se llamaban la sociedad 10 de diciembre. Me pregunto: ¿Qué se necesita para contener a un régimen populista?”

Dando el último sorbo a su café, Porfirio responde: -Sin duda educación. La educación puede transformar vidas, y tiene la capacidad de crear ciudadanos con una mentalidad internacional capaces de prosperar en su entorno, tomar decisiones saludables y construir un mundo más justo, incluyente, sostenible y seguro. Entonces, lo que se necesita para contener un régimen populista que se mueve rápidamente hacia un régimen tiránico, es educación, educación, y más educación.

 

 

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