REFLEXIONES
Por Gonzalo Leaño Reyes
Director general
A medida que avanza el calendario y se acercan las elecciones de 6 de junio del próximo año se irán generando acciones extraoficiales de los partidos políticos y de muchos otros interesados; acciones que afectan a los ciudadanos comunes y corrientes y que, consecuentemente, provocan un retroceso o por lo menos una interrupción de la vida en sociedad.
Así ocurre en la capital del país, y es entendible que así suceda, porque allá están las sedes de los poderes públicos y los medios de comunicación masivos que difunden tales acciones a todo el país. El caso es que, para bien o para mal, ya hemos entrado a ese proceso que cada vez parece complicarse más: el proceso electoral. El próximo 2027 habrá votaciones en todo México para integrar una nueva Cámara de Diputados y multitud de cargos municipales, además de 17 gubernaturas, las cuales representan el tesoro político más ansiado de los partidos que entrarán en esta lucha electoral.
Curiosamente, gran parte de esa lucha se da dentro de los partidos, la lucha por la nominación de sus candidatos; después se intensificará la confrontación entre partidos.
Todo eso está muy bien. Sin embargo, esta actividad se presta para que otros intereses también se metan al juego electoral con muy distintas intenciones. Individuos y grupos corporativos aprovechan el ambiente político para obtener ventajas que, en otras condiciones, no conseguirían. Podríamos decir en lenguaje coloquial que los malos se mezclan con los buenos y, entonces, las manifestaciones y expresiones populares pierden su intención original.
Las manifestaciones que recientemente han llevado a cabo en la Ciudad de México los trabajadores de la educación, los del sector salud y otros más, tienen un argumento real, pero indudablemente también un fondo político. Lo mismo que la manifestación que se llevó a cabo hace unos días, aquí en Guadalajara, frente a Casa Jalisco.
El suministro de agua potable contaminada, que era el reclamo original perfectamente justificado de los primeros manifestantes que se reunieron más temprano, derivó en un enfrentamiento con policías frente a la residencia estatal. Por cierto, una nueva marcha estaba programada para ayer domingo, la cual finalizaría frente a Palacio de Gobierno, lo cual suena más razonable.
Decíamos que ya estamos en tiempos político-electorales. Una lucha sin cuartel se realizará al interior de los partidos. Incluso dentro del partido en el poder. Ya estamos viendo cómo generó división la designación de sus precandidatos a las gubernaturas de Nuevo León y de Chihuahua.
Sabemos que es muy complicado ponernos de acuerdo en estos temas. La sociedad no sólo ha crecido enormemente, sino que el interés por participar o simplemente opinar sobre política se va extendiendo y diversificando. Estamos a tiempo para encausar este interés, así como para corregir errores y desviaciones.
Faltan más de ocho meses para las elecciones y debemos poner freno a las acciones que pretenden sacar un provecho indebido de ello. Se trata de una contienda muy importante, muy extensa y sumamente dividida. Existen numerosos intereses en juego, pero sobre todo debe prevalecer el respeto para la población, especialmente por la que está enfocada en otros temas que le preocupan y le afectan, como el trabajo, el costo de la vida y la seguridad.



