Por Juan Carlos Hernandez A.
Master en Gestión Social y Políticas Públicas
Profesor de Filosofía de la UAG
El organismo profesional por excelencia para organizar elecciones, surge justo y debido a la polémica y cerrada elección del año 1988, y en el que algunos intelectuales y no pocos políticos, de esos buenos que entonces existían con más principios, crean la institución que viniera a dar credibilidad, paz pública y certeza a la organización de las elecciones en México, y es así como nace el Instituto Federal Electoral (IFE) a finales del año de 1990, para organizar su primera elección del 22 de agosto de 1991, para la renovación de la Cámara de Diputados.
Tras la organización de esa elección, hubo resultados buenos y es entonces que se prepara la siguiente elección de 1994, en que se renovaría la presidencia de la república, senadores y diputados federales; se busca entonces la ciudadanización de las consejerías electorales, se perfecciona el instrumento para votar, la credencial de elector y otros mecanismos susceptibles a mejorar. La elección pasa sin precedente de algún reclamo y el país queda en tranquilidad, una vez concluida. El IFE da su invaluable paso a ganar credibilidad ante el país y a nivel internacional en donde no se cuestiona en ningún momento su probada capacidad de organización transparente de la elección.
Para el año de 1996, es que se desprende totalmente del aparato gubernamental y ya no opera la representación de la Secretaria de Gobernación en la mesa de decisiones, un importante logro de plenitud en su autonomía, nuevos retos por venir, entonces México tiene ya una institución hecha por mexicanas y mexicanos que trasciende fronteras y goza de alta solvencia moral y credibilidad en el ámbito político-electoral.
La elección de 1997 fue una de las que vislumbraron la preparación de un IFE plenamente ciudadanizado, que cuenta ya con un servicio civil de carrera profesional y se enfila hacia la elección presidencial del año 2000, donde una vez realizada, se muestran los resultados por todos conocidos, el parteaguas del partido hegemónico y la llegada de la llamada alternancia al poder. Así que, es el IFE quien una vez más da muestra de respuesta contundente de autonomía y probada independencia del gobierno, sin importar quien gane o pierda, el órgano electoral entrega resultados confiables a la ciudadanía.
Luego se sabe que absolutamente nadie cuestionó, la operación de la elección intermedia del 2003, en la que se renovó la cámara de diputados, entonces se prepara el organismo electoral para la elección del 2006, dónde ahí se cuestionaron sin sustento legal, los resultados, fue más el escándalo, pero el IFE aguantó y demostró su profesionalismo al no entrar en polémica con sus detractores.
Solo hay que recordar que la elección el día de la Jornada Electoral es hecha por ciudadanos capacitados y doblemente insaculados, ellas y ellos son los que en realidad se erigen como autoridad el día de la votación. Impensable cuestionar la acción altruista, entregada y desinteresada de quienes en la práctica hacen el gran esfuerzo de recibir los votos, contarlo y entregar los paquetes electorales a la autoridad electoral después de una exhausta jornada de trabajo.
La elección de 2006 pasó, sin embargo, alcanzó la inconformidad política, al menospreciar el trabajo de la institución y de la ciudadanía, claro, sin ser cierto que hubiese siquiera pensado el mal llamado fraude electoral, eso no pasó ni pasará. Eso pegó en la confianza del IFE, que costo recuperar.
Datos de los resultados de las elecciones de 2009, 2012, 2015 y 2018, fortalecieron al IFE y INE ahora, y la última elección de 2024, no fue sino la que dio fe y legalidad de que el voto se respeta, la certeza existe y la ley se cumple. Al INE no le interesa quien gane o quien pierda, lo que importa es, que, quien llegue al poder sea a trávez de una competencia limpia de alta credibilidad, certeza y legalidad, es decir lo que la voluntad de los electores dicta al emitir su voto.
Hoy día en la estructura organizacional del INE, está sí el Consejo General, pero también hay 32 consejos locales, y le siguen 300 consejos distritales, ahí se constituye la columna vertebral con sus trabajadores del área administrativa y entre ellos 2 mil 500 que forman el Servicio Profesional Electoral Nacional, que son quienes cuentan con amplia experiencia y probada capacidad para organizar desde ya, el proceso electoral federal en ciernes.
La democracia misma, las reglas, la estabilidad política del país, el sistema de partidos políticos, el futuro de cada mexicana y mexicano, que en los hechos son los sostenedores y colaboradores de esta noble Institución, es lo que debe prevalecer ante cualquier interés ajeno, al INE no se le debe debilitar, se le tiene que fortalecer, pues no solo está en juego la siguiente elección federal del 2027, y por supuesto la futura de 2030, sino la misma estabilidad política y por ende social del país.
La buena administración pública no es una concesión política, es una obligación democrática dentro de los parámetros constitucionales a cumplir, con ética, justicia y proporcionalidad. También lo está en la libertad de elección según las garantías constitucionales que goza cada ciudadano de este país, aquí y ahora y de eso se hace responsable la institución que es desde hace más de 3 décadas patrimonio de los mexicanos, que juntos hemos de conservar por el bien de la sociedad: un INE para los mexicanos. ¡Sur sum corda!



