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El Barco de Teseo

PARADOJAS

Por Luis Ángeles

Ex Presidente del Colegio Nacional de Economistas

La paradoja del barco de Teseo es una cuestión sobre cuánto puede cambiar algo sin dejar de ser lo mismo. En el relato de Plutarco, Teseo es el héroe que regresa de Creta tras derrotar al Minotauro. Los atenienses conservaron el barco como monumento, y con el tiempo fueron sustituyendo una a una las viejas tablas, el mástil y sus 30 remos. Remplazadas las piezas originales, ¿seguía siendo el mismo barco?

La epopeya provocó en Atenas discusiones entre filósofos y advertencias a carpinteros: pueden estar destruyendo un patrimonio o terminando de salvarlo. Thomas Hobbes (1588-1679) le añadió al relato que alguien guarda las tablas retiradas y reconstruye otro barco.

Teseo pudo haber preguntado: ¿cuál es mi barco? Y alguno de los carpinteros contestar: depende, ¿para navegar o como reliquia? Si considera determinante el material, importa conservar las piezas originales; si son la forma y la función, será preciso mantener la estructura y la imagen para que siga siendo ese barco. Algunos sostenían que al mantener forma y función seguía siendo el mismo; otros afirmaban que al perder la primera pieza ya no lo era, porque nunca dos objetos pueden ser uno mismo.

El barco de Teseo ilustra el dilema sobre la identidad a través del tiempo, como las democracias modernas y de la antigua Grecia, que tuvieron que renovar el barco para conservarlo, con la hermosa ironía de que cambiar era la única manera de permanecer.

Una analogía sugerente es encontrarse con quien uno fue. En “El otro”, historia fantástica contenida en El libro de arena (1975), Borges anciano se encuentra con Borges joven y ambos debaten si ese pasaje ocurre en el sueño de alguno de los dos.

La paradoja llevada a nuestras vidas resulta entrañable: cambiamos de ideas, afectos y proyectos, además de que en una década se remplazan todas nuestras conexiones cerebrales y células del organismo. ¿Qué hace que algo siga siendo lo que es? Si se aplica el mismo criterio a cosas y personas, acaso sea que nos reconozcamos con un nombre y biografía. Esperamos que aun con el paso del tiempo no se haya roto el hilo conductor y mantengamos cierta continuidad en nuestros valores y principios. Pero si mis convicciones y deseos han cambiado, ¿el joven que fui todavía soy yo? ¿Sigo siendo el barco de Teseo que ha cambiado sus maderas para seguir navegando el mar?

 

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