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La gran oportunidad del “nearshoring”

Por Alfonso Gómez Godínez

@ponchogomezg

Es imperativo para México no perder la gran oportunidad económica que nos ofrece el fenómeno conocido como “nearshoring”, que viene produciendo un fenómeno de deslocalización industrial y en donde las empresas buscan reubicarse en los sitios más cercanos a su mercado.

Sin duda que uno de los efectos económicos inesperados provocados por el COVID y las medidas de aislamiento de la vida productiva y social, fue el rompimiento de las cadenas productivas de las empresas que habían trasladado bajo esquemas de subcontratación parte sustanciales de sus procesos productivos.

La reciente escasez de componentes industriales, como por ejemplo para la industria automotriz, alertó sobre las vulnerabilidades ocultas que significó el traslado de procesos productivos específicos a las regiones del sudeste asiático.

Hoy vivimos una reformulación de las teorías y de las estrategias de localización industrial que abre enormes posibilidades para México y reubicarse como un gran espacio de atracción de inversión global. Las grandes empresas que mudaron procesos a China en su búsqueda de ahorrar costos y mejorar su competitividad en el mercado de Estados Unidos, revaloran como el gran factor competitivo ubicarse en las zonas de bajos costos cercanas a su mercado. México aparece como el sitio ideal para producir y vender a Estados Unidos.

Urge discutir y tomar decisiones con respecto a esta tendencia mundial del “nearshoring”. Históricamente existe un acervo teórico sobre el fenómeno de la localización industrial.

En 1909, Alfred Weber investigaba los elementos fundamentales que determinaban la localización industrial en un momento crucial de la expansión de la producción fabril. En su teoría de la ubicación industrial destacaba cuatro aspectos, como son la distancia de los recursos naturales, la distancia del mercado, los costos de la mano de obra y los costos del transporte. Otros autores como Johann Von Thunen en 1820 y Walter Christaller, a mediados del siglo pasado, desarrollaron modelos de localización industrial que impulsaron las estrategias de las grandes corporaciones internacionales.

Para el caso de América Latina, el modelo de industrialización sustitutiva de importaciones promovido por la CEPAL a fines de la Segunda Guerra Mundial con mercados cerrados a la competencia internacional, determinaban estrategias de localización industrial al interior de los mercados protegidos y de esa manera evadir las medidas proteccionistas.

Con las crisis energéticas y las alzas de los costos laborales de mediados de los años setenta en las naciones avanzadas del mundo capitalista, los países del sudeste asiático fueron paulatinamente convirtiéndose en un poderoso imán de localización industrial. La globalización avanzó hacia la subcontratación de los procesos industriales; algunos estudiosos la llamaron la “fábrica mundial”, las empresas exigidas por la competencia buscaron áreas de localización que aseguraran bajos costos, tanto de la mano de obra como por la desregulación, las facilidades y exenciones fiscales.

La aislada y cerrada República Popular de China comprendió las nuevas realidades y tendencias de la economía mundial y decidió, en un primer momento con las Zonas Económicas Especiales (ZEE), abrirse y atraer a la inversión extranjera con incentivos de todo tipo, subsidios, permisos, trato preferencial, mano de obra barata. Los resultados a fines del siglo XX evidenciaban un flujo incesante y creciente de inversión hacia China y de la misma forma a otras naciones del sudeste asiático.

En otras palabras, la estrategia de conquista del mercado norteamericano implicaba alejarse de dicho mercado para que desde una economía distante geográficamente (China) tener éxito en la venta de mercancías.

México tiene en sus manos la respuesta al desafío que representó China. Requerimos comprensión del fenómeno del “nearshoring” y una agresiva política industrial de despliegue de nuestras capacidades productivas. La oportunidad es única para cargar la balanza del éxito económico a nuestra nación.

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