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¿Hacia una cultura de paz?

Por Carlos Lara G.

Dr. en Derecho de la Cultura y Analista de la Comunicación y la Cultura

@Reprocultura

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura tiene como lema fundacional: “Construir la paz en la mente de los hombres y las mujeres”. Sin embargo, en México, sede de la próxima Cumbre Mundial Mondiacult, se promueve lo contrario. En el terreno político escuchamos: ¡Son la mafia del poder! ¡Ese periódico es un pasquín inmundo! ¡Son los enemigos de México! ¡Son unos borregos! ¡Son unos pseudoambientalistas!.. Tan sólo la prensa ha recibido en este gobierno alrededor de 1,945 ataques presidenciales, de acuerdo con Artículo 19. Sin embargo, en el terreno cultural escuchamos paradójicamente el discurso de: “Trabajamos hacia una cultura de paz”.

Con estas cifras y este ambiente de odio seremos en septiembre la sede de la Cumbre Mundial Mondiacult, que lleva a cabo la UNESCO, cuya principal bandera es la cultura de paz. La pregunta es: ¿Con qué calidad moral somos sede de esta cumbre, cuando el gobierno lleva tres años fabricando y propagando el odio todas las mañanas? En 2018, México fue ratificado como miembro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. ¿De qué sirvió este reconocimiento de la comunidad internacional? Hablamos del organismo intergubernamental especializado de mayor jerarquía en esta materia dentro del sistema de las Naciones Unidas. En ese momento el gobierno mexicano planteó tres objetivos, entre los que destaca el de trabajar al interior para incorporar los más altos estándares internacionales en materia de derechos humanos en las leyes y políticas.

Hizo todo lo contrario. Tan solo en materia de cultura, estancó el presupuesto del sector, desapareció instrumentos financieros y organismos claves para el fomento de los derechos culturales; acabó con la política de estímulos fiscales. Pasó por encima de la ley al poner como titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos a una persona sin el perfil para el cargo, violando el procedimiento establecido y degradó el nivel las visitadurías que ahora son direcciones, bajando con ello el perfil profesional del cargo.

Dos de los proyectos estratégicos han pasado por encima de los derechos culturales y ambientales de los mexicanos: el Tren Maya, en el que ni siquiera realizaron las consultas a las comunidades originarias en términos del Convenio 169 de la OIT; y el denominado Proyecto Chapultepec, que acapara el 25% del presupuesto del sector, por decisión unipersonal. En resumen, México, en el periodo que fue ratificado en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, se convirtió en el gobierno más regresivo en esta materia. De las agresiones y asesinatos de periodistas, así como de otras violaciones a los derechos humanos, ya no hablamos. Por todo esto es el sexenio de los amparos ciudadanos.

El ahora presidente, comenzó mandando al diablo las instituciones. Hoy lo ha conseguido con especial denuedo. El ideólogo de esta era geológica llamada 4T, titular del Fondo de Cultura Económica, hizo una provocadora campaña al inicio del sexenio. Solicitaba que hubiera menos Paz y más Revueltas, algo que también han logrado. Hoy tenemos menos paz y más revueltas en todo el país.

Estamos ante el gobierno más centralista, indolente y golpeador de la historia. No hace falta derramar sangre, la fabricación sistemática de odio y la eliminación de los distintos es suficiente. Lo hacen, además, las dos figuras que tienen por encargo generar concordia, fomentar el desarrollo político de las instituciones democráticas y promover la formación cívica y la participación ciudadana. Lo único que ha sabido fabricar este gobierno, es odio y pobreza.

La política tiene su real dimensión, sólo cuando es expresión de la cultura.

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