Opinión Política
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Estado Excluyente

Por Carlos E. Martínez Gutiérrez

Consultor en Desarrollo Urbano y Vivienda

@carlosemgtz

En México, el derecho a la educación excluye a quienes viven con una deficiencia auditiva, débiles visuales, autismo, capacidades diferentes o se comunican en una lengua indígena; los programas del sistema educativo nacional y el diseño de sus espacios son para una educación “tradicional”, salvo honrosas excepciones.

Según el Censo del 2020, el INEGI contó en el rubro de discapacidad a 20.8 millones de personas, una cifra que representa el 16.5% de la población de México. Esta cifra contrasta con el censo del 2010 donde se registró la cifra de 5.1 millones, lo que demuestra que en tan solo diez años se triplicó el número de personas con discapacidad en diferentes tipos; por supuesto que en la medida en que la población vaya envejeciendo, aumentará la tasa de discapacidad.

En los datos, llama la atención que el mayor porcentaje es de quienes tienen limitaciones para caminar, pero hay otros rubros por demás importantes como ver, escuchar, hablar o comunicarse, el cuidado personal, recordar o concentrarse, principalmente.

En los casos de debilidad, visual la Sociedad Mexicana de Oftalmología establece que México se ubica entre los 20 países con mayor número de personas afectadas por la discapacidad visual y ceguera, de los que según la OMS el 80 por ciento de los casos de discapacidad visual son evitables o en su caso, restaurables.

En cuanto a la sordera, existen más de 5 millones de personas con esta condición, lo que representa casi el 5 por ciento de la población total del país; ellos enfrentan obstáculos para recibir una educación de calidad, pues el 14 por ciento de las personas sordas adultas nunca fueron a la escuela y dos de cada tres sólo pudo concluir la educación básica.

Por otro lado, en México uno de cada 115 habitantes tiene autismo. El único estudio impulsado por Autism Speaks y CLIMA en el 2016, calcula que “casi 1% de la población infantil tiene esta condición”, desgraciadamente su atención y tratamientos dependen únicamente de las escasas y precarias instalaciones privadas sin una política pública de forma integral y, por supuesto, sin apoyo oficial. Estos casos de condiciones diferentes que erróneamente los etiquetan de enfermedad, son una manera diferente de interpretar las palabras, los colores, las formas y los sonidos del mundo que nos rodea. La incidencia en la adolescencia y vida adulta no se ha estudiado, pero ya que el autismo es una condición de toda la vida, la cifra podría generalizarse a toda la población donde la detección temprana es lo ideal.

Dado el creciente número de población con condiciones diferentes que tiende a crecer, se requiere urgentemente verdaderas políticas públicas incluyentes de forma integral para atención a estos grupos de la población.

Es prioritario, en el sistema de educación tanto pública como privada, la concientización y preparación de los educadores para la atención y prevención a edad temprana de estos segmentos de la población como lo manifiestan diferentes especialistas. Pareciera que las reformas educativas que impulsa el gobierno solo van en el sentido de la ideología de los gobernantes en turno o en cuestiones administrativas y no en las necesidades de la población que es lo que verdaderamente importa.

Pero de nada serviría este cambio de política si no se dota de los recursos y los espacios arquitectónicos adecuados para que estos segmentos de la población puedan desarrollar sus capacidades en pro de una autosuficiencia y calidad de vida de todo tipo de niños y adolescentes, que permita su inclusión a la sociedad en cualquiera de sus etapas hasta llegar a ser adultos.

La tarea pendiente, además del sistema educativo y los espacios arquitectónicos, debe de contemplar rediseñar la ciudad, sus espacios públicos y privados, equipamientos, mobiliario urbano, dotarla de accesibilidad universal, entre otras muchas acciones, así como la revisión de las leyes y reglamentos que coadyuven a tener espacios y ciudades incluyentes y no solo el discurso que pareciera que solo es la diversidad o una palabra de moda.

 

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