Opinión Política
EDUCACIÓN E HISTORIA

El último virrey

Juan 0´Donojú llegó a México en calidad de jefe político, pero desde que desembarcó en Veracruz advirtió que la colonia ya estaba en poder de Iturbide.

 

Por Alfredo Arnold

Don Juan O´Donojú fue enviado a la Nueva España por el rey Fernando VII en calidad de jefe político, un nuevo cargo después de que se realizaron reformas políticas en España y de que Napoleón Bonaparte había retirado sus tropas de la península ibérica.

La era de los virreyes en el territorio conquistado por Hernán Cortés inició en 1535, apenas consumada la derrota del pueblo azteca. Antonio de Mendoza fue el primero de ellos y conservó el mando durante quince años hasta 1550. Su función principal era gobernar la Colonia, presidir la Real Audiencia y ejercer el mando sobre el ejército.

Hubo 62 virreyes en casi trescientos años que duró el régimen colonial. Francisco de Novella fue el último de ellos, aunque para algunos autores nunca fue ratificado su nombramiento en España. En tal caso, el último virrey habría sido Juan Ruiz de Apodaca, quien tuvo que lidiar durante cuatro años con los independentistas que heredaron la lucha iniciada por don Miguel Hidalgo.

Félix María Calleja, el vencedor en los primeros intentos de independencia y sin duda con gran reputación en España después de haberse impuesto a las fuerzas de Hidalgo en Puente de Calderón, también fue elevado a virrey de 1813 a 1816 y después se fue a vivir a España.

Novella fue, en rigor, el último virrey, aunque sólo estuvo en el cargo poco más de tres meses. Fue él quien sostuvo las últimas batallas contra Agustín de Iturbide que el 27 de septiembre haría su entrada triunfal a la ciudad de México.

Algunos autores dirán que O´Donojú fue el último virrey, pero éste fue enviado como Jefe Político Superior de la Nueva España ya que el título de virrey había sido suprimido por la nueva legislación española. Su nombre completo era Juan José Rafael Teodomiro de O´Donojú y O’Ryan.

O´Donojú y su esposa María Josefa Sánchez Barriga y Blanco llegaron a Veracruz cuando la independencia ya estaba a punto de consumarse. Iturbide se reunió con él en Córdova donde establecieron los pasos para la toma de poder de los mexicanos. Inclusive, unas semanas después fue quien recibió en el Palacio de Gobierno a los insurgentes que hicieron su entrada triunfal a la capital.

O´Donojú fue considerado dentro del grupo de notables que presidirían la nueva nación mientras se definía cómo ésta sería gobernada. Lamentablemente, murió enfermo el 8 de octubre de 1821, apenas unos días después de la proclamación de la Independencia. Su esposa, quien permaneció en suelo mexicano por el resto de sus días, vivió en la pobreza.

Antes de la entrada del Ejército Trigarante a México, O’Donojú emitió una proclama en la que ofrecía conciliar los intereses de la Corona española con los mexicanos. Fernando VII no admitió las razones de su enviado, pero de eso ya no se enteró don Juan.

Oficialmente, O’Donojú ejerció el cargo para el que fue enviado a la Nueva España del 3 agosto al 27 de septiembre de 1810. Por eso, algunos autores prefieren llamarlo “el último virrey”.

Desde que llegó a Veracruz, don Juan O´Donojú se pudo percatar de que el país ya estaba en poder de los insurgentes. No tenía medios ni siquiera para tratar de detener a Iturbide. Regresar a España hubiera sido indecoroso para él. Los Tratados de Córdova fueron un mecanismo elegante de parte de Iturbide para completar la independencia de México sin más luchas y, quizá, para obtener la anuencia de España, cuyo monarca había estado prisionero en la Francia de Napoleón Bonaparte.

España no aceptó la independencia de México; de hecho, más tarde envió la expedición de Isidro Barradas con la intención de reconquistarlo, pero la nueva nación ya estaba viva, aunque aún tardaría mucho tiempo para pacificarse y comenzar su desarrollo.

 

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