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El nuevo 1 de mayo

Por Alfonso Gómez Godínez

@ponchogomezg

Una de las conmemoraciones más relevantes a nivel mundial, sin lugar a duda, es el “Día del Trabajo” y cuyos orígenes se remontan a 1889 en el marco del Congreso Obrero convocado por la Segunda Internacional Socialista. Ahí se decidió reivindicar a los “Mártires de Chicago” que surgieron como consecuencia de la represión a la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 en esa ciudad de los Estados Unidos.

Con grandes esfuerzos, luchas, intolerancia, violencia y sacrificios de vidas humanas, los trabajadores surgidos en el contexto de la maquinización de la economía industrial avanzaron en el logro de conquistas económicas y sociales que a fines del siglo 19 y principios del siglo 20 se consideraban impensables. Jornadas laborales de más de 12 horas diarias, salarios prácticamente de subsistencia, condiciones insalubres en las fábricas, el terror de los capataces y supervisores, el trabajo dominical, la explotación de mujeres y niños y la ausencia de una mínima representatividad obrera, representaban la cotidianeidad de millones de personas en el mundo y el motor que legitimó la reivindicación laboral.

Conmemorar el “Primero de Mayo” alcanzó en el mundo del siglo 20 un alto contenido político y social y se expresaba en las multitudinarias movilizaciones realizadas ese día en la mayoría de los países. Con la existencia de la Unión Soviética y, por lo tanto, de la alternativa socialista y comunista, el “Día del Trabajo” alcanzaba una gran intensidad ideológica y de disputa por el poder político. De manera desigual, en las economías capitalistas, la consolidación del Estado de Bienestar y las legislaciones laborales pertinentes cambió las condiciones del mundo del trabajo mejorando las condiciones de vida de millones de personas.

En los últimos años, una enorme multiplicidad de factores ha irrumpido en el escenario laboral y han demandado profundos y radicales cambios en la vida sindical. El socialismo, bajo el supuesto de que los trabajadores se convertirían en los dueños de los medios de producción, demostró su invalidez e incapacidad y sucumbió históricamente. Por su parte, el capitalismo no ha cesado de transformarse. La globalización económica, la Cuarta Revolución Tecnológica, el arribo de la inteligencia artificial, los nuevos paradigmas de la producción, China, la creciente preponderancia de la economía de los servicios, el teletrabajo y trabajo desde el hogar, son algunos de los más relevantes hechos fundacionales del cambio económico.

Las grandes motivaciones históricas del “Primero de Mayo” adquieren nuevas dimensiones. Exigencias como la defensa de las fuentes de trabajo, el mejoramiento de los salarios y de las prestaciones sociales, la capacitación laboral, la representatividad sindical, la exigencia pensionaria, la movilidad laboral, los acuerdos comerciales y legislaciones supranacionales, la subcontratación desafían los arreglos obreros/ patronales y la tutela estatal.

Ante dichos cambios se requieren con urgencia nuevos marcos institucionales para la articulación de las demandas obreras. Replantear orientaciones estratégicas sindicales, impulsar el diálogo gremial, avanzar en la prospectiva de lo que viene en el mundo laboral, una vida sindical con visión proactiva, fortalecer el dialogo y el acuerdo con otros grupos sociales, nuevas relaciones de entendimiento con los actores estatales y patronales son faros para una nueva ruta que impulse la vida sindical y el bienestar de los trabajadores en el nuevo mundo del “Primero de Mayo”.

 

 

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