Opinión Política
EDUCACIÓN E HISTORIA

Carlota de Bélgica, primera mujer gobernante de México

La joven emperatriz fungía como regente y cabeza de gobierno en ausencia del emperador.

 

Por Alfredo Arnold

Dos jóvenes europeos, miembros de familias reales, abandonaron su castillo de Miramar para embarcarse en una tarea que no imaginaban; podrían haber vivido plácidamente en lugar de venir a una tierra convulsa y en guerra. Él terminó siendo ejecutado en el Cerro de las Campanas y ella regresó a los suyos, perdió la razón y vivió una larga viudez.

Maximiliano y Carlota encabezaron el Segundo Imperio Mexicano entre 1864 y 1867.

Seducidos por el ofrecimiento de ser emperadores ya que en sus países tenían hermanos que los antecedían en la línea hereditaria del poder, y apoyados por Napoleón III de Francia, que en esto veía una oportunidad de ampliar sus dominios territoriales y quizá hasta invadir a los Estados Unidos, Maximiliano y Carlota aceptaron ilusionados venir a gobernar México, cuarenta años después de que Agustín de Iturbide y Ana María Huarte habían encabezado el fracasado Primer Imperio.

Seguramente los decepcionó su llegada a Veracruz por el frío recibimiento que se les dio, pero la recompensa llegó el 10 de abril de abril de 1864 (la semana pasada se cumplieron 160 años), al ser coronados con gran pompa en la ciudad de México.

Maximiliano era archiduque austriaco, Carlota era princesa belga, hija del rey Leopoldo I. Su nombre completo, larguísimo, como se acostumbraba en aquella época, era: María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha. La boda fue en 1857, ella tenía 17 años, doce menos que su espigado y rubio esposo.

Los retratos indican que Carlota era una joven hermosa; también era inteligente y sensible. Legalmente fue la primera mujer que estuvo a cargo del Gobierno de México, ya que el Artículo 2 del Estatuto provisional del Imperio, establecía que, en ausencia de Maximiliano, ella asumía las funciones de Regente y Cabeza del Gobierno. Fueron muchas las decisiones que tomó ya que su marido estaba ávido de conocer el territorio y por ello se ausentaba frecuentemente.

El establecimiento del Segundo Imperio se produjo como resultado de la Invasión Francesa y la derrota de Juárez ante los conservadores, pero la lucha continuaba; Juárez, desde la frontera con Estados Unidos y con el brazo armado de generales leales, como Porfirio Díaz, seguían luchando por el restablecimiento de la República.

Al cabo de tres años, el ejército francés comenzó a retirarse dejando solo a Maximiliano. Carlota viajó a Francia para exigir a Napoleón III que apoyara a su esposo, pero el monarca francés la ignoró. En tanto, los juaristas ganaron terreno, sitiaron a Maximiliano en Querétaro y lo fusilaron junto con los militares mexicanos Miramón y Mejía. Por su parte, Carlota, ya afectada de las facultades mentales fue llevada por sus familiares al castillo de Miramar donde pasó el resto de su vida. Murió en 1927, siendo, quizá sin tener conciencia de ello, una de las mujeres más ricas del mundo.

La memoria de los protagonistas del Segundo Imperio fue tratada decorosamente por la cinematografía mexicana de la primera y segunda década del siglo pasado. También la literatura ha sido benévola con ellos, un par de jóvenes ingenuos que vinieron a gobernar un país envuelto en llamas.

Sobre Carlota se han hecho interesantes análisis, como el de la investigadora alemana Susanne Igler.

«Pocos personajes de la historia mexicana, rica de por sí en protagonistas sorprendentes, dramáticos y hasta grotescos, han incitado a tal grado la imaginación colectiva como la mujer que fue por un momento fugaz la emperatriz de México», afirma Igler.

Entre las muchas cartas que escribía Carlota, una dirigida a la condesa D’Hulst explica: “Yo prefiero una posición que ofrece actividad y deberes, aun dificultades si queréis, a contemplar el mar desde una roca hasta los setenta años».

«Fundar una dinastía y ocuparse del bienestar de un pueblo son grandes tareas», decía la Emperatriz. Maximiliano y Carlota habían designado al nieto de Iturbide (Agustín Iturbide Green) sucesor al trono.

«El país es muy bonito, los alrededores de México, encantadores. Nunca hace calor ni nunca hace frio; es el clima de los bellos días otoñales. Chapultepec domina uno de los panoramas más bellos del mundo, la capital y los lagos se ven al fondo, la cordillera, todo alrededor y por doquier verdes caminos entre campos de trigo y de maíz», afirmaba Carlota. “Soy completamente feliz aquí y Maximiliano también, la actividad nos sienta bien. Éramos demasiado jóvenes para no hacer nada».

Carlota tenía «instinto de mando; superaba en energía y firmeza a Maximiliano en asuntos políticos”, dice Igler, pero advierte: «Se creía amada (por el pueblo), pero su imperio se basaba en la fuerza de intervención francesa… un imperio erguido sobre bayonetas francesas».

Entre otras acciones que llevó a cabo Carlota, Igler destaca las siguientes: Decretó la Ley de Instrucción Pública que garantizaba la enseñanza primaria gratuita y obligatoria; fundó escuelas y academias; emprendió la mejora de los transportes y las comunicaciones, como la vía ferroviaria de ciudad de México al puerto de Veracruz. Y en la capital abrió el Paseo de la Emperatriz, que posteriormente se convirtió en el Paseo de la Reforma, la avenida más icónica de México; limitó el horario laboral y los castigos corporales, así como el trabajo infantil; creó la Junta Protectora de las Clases Menesterosas, que protegía a los indígenas y entre sus proyectos figuraba la fundación de un conservatorio de música, una academia de pintura, apertura de guarderías, asilos y casas de cuna.

«Si ella hubiera sido un hombre a la cabeza de un gobierno poderoso, la hubieran considerado el soberano eminente de su era», dijo Frederic Hall, consejero de Maximiliano.

Curiosamente, los emperadores no resultaron ser precisamente conservadores; de hecho, tenían ideas liberales: le ofrecieron a Juárez participar en el gobierno, aprobaban las Leyes de Reforma y no fueron aliados de la Iglesia.

Miguel de Grecia, historiador italiano, relata que la última palabra que dijo Carlota antes de morir, mientras sostenía un rosario y suspiraba profundamente, fue “Mexique”.

 

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