Opinión Política
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La dinámica del retroceso

Por Juan Carlos Hernández A.

Mtro. en Gestión Social y Políticas Públicas

@juancarleis2020

A sabiendas de lo que pasa en el mundo en materia económica, social, educativa y en política, entenderemos que hay diversos procesos que llevan a contracorriente normal en beneficio de los habitantes de un país y otro -y México no es la excepción-, de avances en la dinámica del retroceso. Todo se explica por la mecánica también del proceder para bien, aun en detrimento de no cumplir las normas democráticas y que, sin embargo, ofrecen soluciones momentáneas.

Lo constitucional está escrito en papel, quizá en la práctica no sea más que papel mojado, no realizado, aunque podrían justificarse a la coyuntura del momento, pero aun así nadie debería (aunque pueda) violar ningún artículo constitucional.

No se trata de que “hecha la ley, hecha la trampa”, aunque en nuestra historia democrática solo tenemos tres décadas sobre el funcionamiento de la democracia, con resultados óptimos y legales. Así se previene la trampa, cuidando al pie de la letra lo que mandata hacer en cada elección en el cuidado de los legados de equidad, certeza, legalidad, máxima publicidad, entre otros.

La innovación en las reformas anteriores fue para mejorar los procesos, y hoy día, con la nueva y última reforma electoral, lo que sí muestra una dinámica en el retroceso con respecto a las anteriores. Atropellar a las instituciones electorales hoy es una barbaridad antidemocrática. Generar y tener la confianza en el resultado de los resultados electorales son buenos para la ciudadanía.

Entonces, retroceder en lo que hay, por el supuesto ahorro, no ayuda, no abona a la paz social, pues la democracia garantiza el derecho y libertad de salir a la calle, a la manifestación y libre elección sobre los temas de opinión pública, al igual que a la libertad de expresión, hoy todavía existente en México.

Retroceder es muestra de políticas públicas no bien pensadas o mal empleadas, en detrimento de la ciudadanía que es la primera impactada de esas no planeadas decisiones, pero también afecta esta simbiosis del resultado de gobernanza. Podrá haber gobernabilidad sí, pero solo eso. Es menester entonces hacer de la política un instrumento para negociar, para acordar, consensuar, pero no imponer.

Querer controlar los tribunales constitucionales, todos, para luego legitimar acciones, es también una muestra de dinámica de retroceso, y para muestra no hay un botón sino cientos en el mundo, solo consúltelo en la página de internet y se sorprenderá cómo si los hay. Las posturas de control antidemocrático son y están vigentes en otros países; sin embargo, en otros más se defiende “la democracia en todos sus valores, extrínsecos (igualdad, libertad y justicia) e intrínsecos (capacidad de destituir al gobierno en el futuro, rendición de cuentas, evitar conflictos internos)”, así lo concibe el Dr. Adam Jan Przeworski, quien habla del declive y erosión de la democracia.

Por lo que hay que ofrecer por otras vías democráticas en la dinámica de la política, otras visiones que coadyuven a no polarizar a la opinión pública, ver alternativas de reforma y mejorar la democracia, pues nunca se termina de perfeccionar. No aceptar la persistente critica populista de desigualdad, ahí no repara la democracia, pero si pone la plataforma para para emprender en beneficio y con otra visión.

Entonces, lo que queda en el opinar será buscar el conocimiento objetivo, fundamentado en la buena información, los datos que sí entendemos y obtenemos de buenas fuentes, conciliar en y para la sociedad y mejorar, no socavar, la democracia, ese el quid que importa, no retroceder sino avanzar sin catastrofismos, pero tampoco en falsas ilusiones, solo ver nuestra propia realidad con una visión comparada de reflexión individual de cada uno en tiempos complejos que hoy vivimos.

La política debe importar a todos y todos a la política y a quienes tienen la alta responsabilidad de avanzar a través de ella. Pero cuidar, no retroceder. ¡Hágale pues!

 

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