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Entre populistas y neoliberales

Por Alfonso Gómez Godínez

@ponchogomezg

Sin duda que existe un abismo conceptual entre el Populismo y el Neoliberalismo. También es cierto que podemos encontrar distintos enfoques alrededor de ambos conceptos. Se cuenta con una amplia bibliografía para estudiar dichos fenómenos. Un libro de reciente aparición y que realiza una demoledora crítica al populismo es “La Revancha de los Poderosos” de Moisés Naím, que nos habla sobre los peligros de las 3 P, que son el populismo, la polarización y la posverdad.

Mientras que, desde otra perspectiva, José María Lasalle en su libro “El Liberalismo Herido”, nos habla de los peligros de las democracias liberales en el siglo XXI ante la tentación autoritaria antiliberal, pero también de los excesos de un neoliberalismo híbrido que roza con el fascismo.

En México, durante las últimas décadas y con mayor intensidad en los años recientes, se ha enardecido el debate político y social entre ambas corrientes. Desgraciadamente la mayor parte de las ocasiones la discusión parte de la descalificación del adversario, del señalamiento simplón y de la acusación flamígera. Cada uno, populistas o neoliberales, alimentados por una creciente polarización económica y social, se acusan de ser los responsables de las mayores maldades en contra de los intereses de la sociedad.

Mientras más fuerte y elevado es el tono, mayor es la resonancia y el posicionamiento político y electoral de los emisores del mensaje. A la vez que en dichos pronunciamientos la realidad del país se reduce a lo negro y lo blanco, a los malos y los buenos o, como dice el clásico, entre fifís y chairos.

Es tan grande el fanatismo de algunos populistas y neoliberales que no logran darse cuenta de que dentro de sus propias agendas políticas y económicas que defienden a ultranza, tienen elementos ideológicos y programáticos de sus adversarios. Su ceguera e ira les limita su compresión de la realidad y su congruencia con lo que dicen defender.

Así, tenemos en México un discurso que, desde el poder presidencial, un día sí y el otro también, arremete contra los neoliberales y su herencia económica catastrófica. Sin embargo, observamos que algunos de los principios sustanciales del neoliberalismo como es la austeridad presupuestal se aplica de manera generalizada en gran parte de los programas de gasto del actual gobierno federal. De la misma manera, el neoliberalismo reclama una política monetaria autónoma, condición que el presidente ha mantenido hasta el momento. En política cambiaria, el neoliberalismo promueve un movimiento de libre flotación del tipo de cambio, situación que hoy se manifiesta con la actual administración federal. En el neoliberalismo, el gobierno y los grandes capitales se reúnen y acuerdan decisiones de política económica.

En estos años, hemos sido testigos de dichas reuniones. En otras palabras, desde la narrativa en contra del neoliberalismo se encubren políticas y decisiones que inspiran al neoliberalismo. Del otro lado de la mesa, los propagandistas a ultranza del neoliberalismo también en sus oraciones y acciones encubren propuestas populistas. Esto sucede cuando atacan al Estado de Derecho y buscan poner a las instituciones al dominio de sus intereses. De la misma manera, cuando el neoliberalismo limita la libre competencia y el emprendimiento económico al momento de defender los intereses de los monopolios y los privilegios del status quo. Los neoliberales también se parecen a los populistas cuando niegan la pluralidad política y social, no conocen otra verdad que no sea la suya.

En fin, con toda verdad se dice que los extremos se tocan. Aquí los extremos entre populistas y neoliberales se parecen mucho entre sí.

 

 

 

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