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De la Guadalajara que soñamos a la ciudad que cuidamos

Por Gilberto Ortega Valdés

Analista Político

Hace casi tres años asistí a la presentación del documental La Guadalajara que soñamos, presentado por quien hoy es nuestra presidenta municipal, Verónica Delgadillo.

En aquel material se presentó un diagnóstico claro de nuestro municipio: Guadalajara era una ciudad marcada por la desigualdad y por profundas brechas sociales, reflejadas históricamente en aquella división entre quienes viven “de la Calzada para allá” y quienes viven “de la Calzada para acá”.

No se trataba solamente de una división geográfica. La Calzada Independencia representaba dos maneras distintas de vivir la misma ciudad: una con mejores servicios, infraestructura y oportunidades; y otra, principalmente al oriente, donde durante décadas se acumularon el abandono, las calles deterioradas, los espacios públicos olvidados y la falta de atención gubernamental.

Para comprender el alcance de este proceso también es necesario recordar la Guadalajara anterior a 2015: una ciudad que arrastraba años de deterioro en sus servicios públicos, calles abandonadas, espacios comunes descuidados y una relación distante entre el gobierno y la ciudadanía. A partir de entonces comenzó una etapa de recuperación del espacio público y de reconstrucción de la confianza que, con avances y desafíos, ha mantenido una misma convicción: poner a las personas y a sus comunidades en el centro de las decisiones.

El documental describía una Guadalajara dispersa, distante, desconectada y profundamente desigual. Pero también planteaba un sueño: construir una sola ciudad, más justa, cercana y equitativa, donde el lugar en el que nacemos o vivimos no determine nuestras oportunidades ni nuestro futuro.

Frente a esa realidad, Verónica Delgadillo planteó una visión: construir una sola Guadalajara, más justa, cercana y equitativa, que cuidara a las personas y recuperara el valor de lo público.

El Segundo Informe confirma que esa visión comienza a cristalizarse. La Guadalajara que soñamos no fue únicamente una mirada al pasado. También propuso una ruta: entender los servicios públicos como instrumentos de justicia social; recuperar los parques, mercados, unidades deportivas y calles para fortalecer la convivencia; atender cada zona conforme a sus necesidades, y construir una ciudad que cuide a las personas.

En dos años, la Ciudad que te Cuida dejó de ser solamente una aspiración para convertirse en una forma de gobernar. Se ha invertido en calles, parques, unidades deportivas, mercados, arbolado, servicios médicos y seguridad, con especial atención en las colonias y comunidades que durante décadas permanecieron relegadas. A ello se suma la estrategia Limpia Guadalajara, mediante la cual el municipio recuperó la operación directa del servicio de recolección de residuos y fortaleció la limpieza integral del espacio público. El Bosque Urbano Oriente, la Cruz Verde Ruiz Sánchez y el Centro de Desarrollo Comunitario número 3 de Oblatos expresan una decisión clara: cerrar brechas y llevar inversión pública a los territorios que más la necesitan.

El valor del Segundo Informe no está únicamente en la enumeración de obras, sino en comprobar que existe un rumbo. La visión presentada hace tres años comienza a reflejarse en acciones concretas y en una política pública que entiende el cuidado como una responsabilidad compartida.

Pero una ciudad que cuida no puede construirse únicamente desde el gobierno. Necesita una ciudadanía corresponsable. Cuidar Guadalajara significa que todas y todos tenemos una tarea: mantener limpio nuestro entorno, respetar los espacios comunes, participar en las decisiones públicas, escuchar a nuestros vecinos y trabajar juntos para mejorar nuestras comunidades.

Los Martes Comunitarios, los Sábados de Corresponsabilidad y el Presupuesto Participativo representan una nueva relación entre el gobierno y las colonias. La autoridad escucha, atiende y acompaña; mientras las vecinas y los vecinos participan, proponen y se involucran en la recuperación de sus comunidades.

Esa corresponsabilidad es fundamental. Ningún gobierno puede transformar por sí solo una ciudad del tamaño y la complejidad de Guadalajara. Cuidar el espacio público, reconstruir la confianza y fortalecer el tejido social exige constancia, participación y acuerdos que sobrevivan a la coyuntura.

También sería un error afirmar que el problema está resuelto. La desigualdad acumulada durante décadas sigue siendo profunda y persisten diferencias en la calidad de los servicios, la infraestructura y las condiciones de seguridad de muchas colonias. A ello se suma el problema actual de la calidad del agua, una situación que afecta a numerosas familias, pero que no surgió de un día para otro: es consecuencia de omisiones, falta de inversión y decisiones postergadas durante generaciones. Dos años pueden marcar un nuevo rumbo y generar avances importantes, pero no son suficientes para revertir rezagos construidos durante décadas. Por ello, el reto es dar continuidad a esta visión, profundizar las acciones y mantener como prioridad a las zonas que históricamente han recibido menos.

Por eso, el desafío de Guadalajara no consiste únicamente en iniciar transformaciones, sino en darles continuidad. Las ciudades no cambian con esfuerzos aislados ni con proyectos que vuelven a comenzar cada tres años. Cambian cuando una visión se sostiene, se evalúa, se corrige y se profundiza; cuando lo que funciona se consolida y llega a más comunidades.

La continuidad no significa conformidad ni ausencia de crítica. Significa cuidar lo construido, exigir mejores resultados y mantener el compromiso con una ciudad sin divisiones. Significa comprender que los grandes cambios requieren tiempo, rumbo y voluntad compartida.

La Guadalajara que soñamos todavía está en construcción. Hoy existen señales claras de que ese sueño comienza a tomar forma, pero también razones para no detenerse. Falta mucho por hacer y, precisamente por eso, es necesario sostener el rumbo: para que la esperanza no se quede en un documental, sino que se convierta, colonia por colonia, en una realidad para todas y todos.

 

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