Opinión Política
ANÁLISIS

Repensar lo local Los desafíos del desarrollo regional en Jalisco

Por Lic. Miguel Ángel de la Torre de la Cruz

Economista

En un contexto donde gran parte del debate público suele concentrarse en los acontecimientos nacionales e internacionales, resulta pertinente volver la mirada hacia lo local. No como un ejercicio de aislamiento territorial, sino como una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que definirán el desarrollo de nuestras regiones durante las próximas décadas.

Repensar lo local implica reconocer que los grandes retos económicos y sociales no siempre se manifiestan primero a escala nacional. Con frecuencia, son las entidades federativas y las ciudades quienes experimentan de manera anticipada las consecuencias de fenómenos como la inseguridad, la presión sobre la infraestructura, los cambios demográficos, la competencia por inversiones o la escasez de recursos estratégicos.

Los casos de Sinaloa, Ciudad de México y Coahuila muestran que los desafíos regionales pueden adoptar distintas formas, pero comparten una característica fundamental: todos representan límites potenciales para el desarrollo cuando no son identificados y atendidos oportunamente. Desde esta perspectiva, repensar lo local implica analizar qué lecciones pueden extraerse de estas experiencias para fortalecer la capacidad de Jalisco de anticipar riesgos y construir un crecimiento sostenible a largo plazo.

La experiencia de Sinaloa pone de manifiesto una realidad frecuentemente subestimada: la seguridad también es una variable económica. Más allá de sus implicaciones sociales, la estabilidad institucional influye directamente en las decisiones de inversión, la operación de los negocios, la movilidad de las personas y la confianza de los mercados. Con un PIB real estatal de 514,385 millones de pesos y una contracción anual de 0.5% durante 2024, de acuerdo con información del INEGI, la entidad refleja cómo los entornos de incertidumbre pueden dificultar la consolidación de proyectos productivos y la atracción de nuevas inversiones.

A ello se suma un desafío relacionado con la sostenibilidad de sus recursos hídricos. Información de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) muestra que acuíferos como Río Culiacán (-53.4 hm³), Río Baluarte (-36.4 hm³) y Río Presidio (-22.1 hm³) presentan condiciones de sobreexplotación, evidenciando que la gestión de los recursos naturales también forma parte de la agenda para sostener el desarrollo regional.

Por otro lado, la Ciudad de México representa un ejemplo de los desafíos que acompañan el crecimiento urbano sostenido. A pesar de mantener la economía más grande del país con un PIB real de 3,885,957 millones de pesos y con un crecimiento anual del 2.1% anual de acuerdo con información del INEGI, enfrenta presiones crecientes relacionadas con la movilidad, la disponibilidad de vivienda, la gestión hídrica y la infraestructura urbana.

Sin embargo, de acuerdo con información de la CONAGUA, el acuífero de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México registra una disponibilidad media anual de -480.4 hectómetros cúbicos, resultado de una extracción que prácticamente duplica su capacidad natural de recarga. Este dato refleja cómo el crecimiento urbano y económico sostenido puede enfrentar límites cuando la infraestructura y los recursos naturales no evolucionan al mismo ritmo que las necesidades de la población.

Coahuila ofrece una lección distinta. Durante los últimos años, la entidad se ha consolidado como uno de los principales polos industriales del país, impulsado por la manufactura, la inversión productiva y las oportunidades derivadas de la relocalización de cadenas globales de suministro. De acuerdo con información del INEGI, aporta alrededor del 6% del valor agregado nacional de las actividades secundarias.

La información de disponibilidad de agua subterránea publicada por la CONAGUA muestra que una proporción importante de los acuíferos del estado presenta condiciones de sobreexplotación. De los 28 acuíferos identificados en la entidad, aquellos que son clave para la actividad económica como Principal-Región Lagunera (-111.4 hm³), General Cepeda-Sauceda (-64.0 hm³) y Saltillo-Ramos Arizpe (-54.9 hm³) presentan déficits importantes, lo que ilustra los desafíos que enfrentan las regiones cuando la expansión productiva avanza más rápido que la disponibilidad de recursos esenciales.

La experiencia de Coahuila recuerda que la competitividad no depende únicamente de la atracción de inversiones o del crecimiento industrial. También requiere garantizar condiciones sostenibles de infraestructura, energía y agua que permitan mantener el desarrollo económico en el largo plazo. Para entidades como Jalisco, que buscan consolidar su liderazgo económico nacional, la gestión estratégica de estos recursos constituye un componente cada vez más relevante de la planeación regional.

Desde esta perspectiva, la pregunta relevante para Jalisco no es únicamente cómo aprovechar sus fortalezas actuales, sino cómo prepararse para los desafíos futuros. Los datos económicos muestran que Jalisco continúa siendo una de las economías más importantes del país con un PIB real de 1,864,059 millones de pesos, con un crecimiento real de 0.8% anual. Al interior de su estructura productiva, las actividades primarias crecieron 2.5%, las secundarias registraron una contracción de 1.4% y las terciarias aumentaron 1.8% de acuerdo con información del INEGI. Estos resultados reflejan una economía diversificada, aunque con señales de desaceleración en su sector industrial.

Sin embargo, precisamente por su nivel de desarrollo, la entidad enfrenta retos que requieren atención estratégica. El crecimiento de la Zona Metropolitana de Guadalajara continúa ejerciendo presión sobre la movilidad, la infraestructura urbana y los servicios públicos. Al mismo tiempo, la disponibilidad de agua se ha convertido en un factor cada vez más relevante para garantizar la sostenibilidad del desarrollo económico y poblacional. Información de la CONAGUA muestra que acuíferos como Toluquilla (-75.6 hm³), Encarnación (-61.9 hm³), Ameca (-44.4 hm³), La Barca (-39.4 hm³) y Ciudad Guzmán (-31.0 hm³) presentan condiciones de sobreexplotación, reflejando que la presión sobre los recursos hídricos ya forma parte de los desafíos estructurales que enfrenta el estado.

A ello se suma la necesidad de reducir las brechas existentes entre las distintas regiones del estado. Mientras algunos municipios concentran inversión, empleo y oportunidades productivas, otros continúan enfrentando rezagos que limitan su potencial de crecimiento. En consecuencia, repensar lo local también implica fortalecer una visión regional que permita distribuir de manera más equilibrada los beneficios del desarrollo.

Repensar lo local implica reconocer que las fortalezas actuales de Jalisco no garantizan por sí mismas el bienestar futuro. La capacidad para anticipar riesgos, administrar recursos estratégicos y construir instituciones capaces de responder a los desafíos emergentes será determinante para mantener la competitividad y la calidad de vida de las próximas generaciones. Las experiencias de Sinaloa, Ciudad de México y Coahuila muestran que los límites al desarrollo suelen manifestarse gradualmente, hasta convertirse en obstáculos estructurales para el crecimiento. La principal lección para Jalisco es clara, pues más que reaccionar ante las crisis cuando estas aparecen, el verdadero desafío consiste en identificarlas y atenderlas con suficiente anticipación. En ello radica, precisamente, el sentido de repensar lo local: construir desde hoy las capacidades necesarias para sostener el desarrollo regional del mañana.

 

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