Opinión Política
EDUCACIÓN E HISTORIA

La Independencia de México y algo más

Un siglo XIX de guerras, los conflictos internos del siglo XX y una nueva confrontación en el nuevo milenio, evitan el engrandecimiento de la Nación.

 

Por Alfredo Arnold

El 15 de septiembre era cumpleaños de don Porfirio Díaz. Lo festejó espléndidamente en 1910 ya que coincidía su fiesta personal con el Centenario de la Independencia. Una gran cena fue ofrecida a los distinguidos invitados extranjeros y el día 16 se realizó un desfile imponente. Se inauguraron monumentos en la capital y en varias ciudades del interior. Fueron días gloriosos para el vetusto mandatario que probablemente no imaginaba que tan sólo unos meses después caería del pedestal y se refugiaría en Francia, donde vivió sus últimos años.

Se festejaban cien años del inicio de la Independencia, aunque todavía faltaban once para cumplir el centenario de su consumación.

Septiembre tiene bien ganado el título de «Mes de la Patria». El día 16 del año 1810 Hidalgo inició la lucha y el 27 de 1821, la consumó Iturbide.

Sin embargo, la historia de nuestro país no comenzó ni en 1810 ni en 1821. Inició trescientos años antes, cuando los pueblos azteca y traxcalteca junto a un puñado de soldados españoles al mando de Cortés finalizaron una sangrienta guerra y cambiaron el rumbo de la historia.

Durante trescientos años contados desde la caída de la gran Tenochtitlán, la Nueva España creció y se desarrolló de manera imparable. Rápidamente fueron uniéndose otros pueblos, unos en paz y otros por la fuerza.

Surgieron literatos, músicos, científicos, religiosos, mineros, marinos… la colonia crecía más rápido que la metrópoli española.

A principios del siglo XIX la situación en Europa había cambiado por la presencia de Napoleón Bonaparte, que incursionó en España y obligó al rey Fernando VII a abdicar en favor de José Bonaparte. Este hecho, además de someter al país peninsular, preocupó a los españoles radicados en Nueva España y se produjeron dos intentos de golpes de estado. El del propio virrey Iturrigaray en 1808 y otro en 1809 en Valladolid (hoy Morelia). Ninguno fructificó, pero Hidalgo inició un tercer movimiento de independencia en 1810 que durante once años cambió de líderes y objetivos, pero que finalmente fructificó en 1821.

El resto del siglo XIX fue terrible para el nuevo país. De imperio se convirtió en república, se dividió en dos partidos que lucharon a muerte por el poder, fue amenazado por las naciones europeas, su territorio fue invadido y cercenado por Estados Unidos, fue nuevamente imperio por poco tiempo… pero en 1910 don Porfirio le mostraba al mundo el milagro, el milagro mexicano.

Lamentablemente, el caos se apoderó del país, regresó la guerra, la división, la lucha por el poder, y el país perdió el ritmo que había conseguido durante la paz porfiriana.

Pero la suerte no nos abandona, mucho menos la protección de la Guadalupana que nos visitó poco después de la Conquista… hemos tenido años de enorme progreso, pero también épocas perdidas.

No es justo que echemos a perder lo conseguido y regresemos a los momentos oscuros, esperando que alguien aparezca en el futuro y nos devuelva lo que hemos desperdiciado: unión, progreso y paz social. Ya tuvimos una gran desunión desde el siglo XIX, liberales y conservadores, invasiones extranjeres, pérdida de territorio, un monarca europeo, una terrible revolución que empobreció al país después de que parecía levantarse a principios del siglo XX, persecución religiosa, gobiernos confrontados y otras calamidades políticas y de seguridad actuales. No somos el único país que ha tenido revoluciones, Francia también la tuvo y no digamos la Guerra Civil de Estados Unidos; sin embargo, ambas son naciones que en menos de un siglo evolucionaron muchísimo más rápido que México y hoy son emporios industriales, naciones ricas y modernas. Japón sufrió los estragos de la Segunda Guerra Mundial, y no digamos Vietnam que no hace mucho tiempo era un país aplastado por los imperialismos modernos. ¿Y en cambio México, que hace desde que tiene un siglo que vive en paz?

Qué bien lo observó Juan de Dios Peza desde hace más de un siglo: “Ya delira Margot por ser anciana, y Juan, que vive en paz, ama la guerra”.

Septiembre debe ser un mes inspirador en favor a la patria. No basta el grito popular, aunque de todos modos hay que echarlo: ¡Viva México!

 

Post relacionados

Ciamat, el rancho-escuela para transformar la agroindustria

Opinión Política

Felipe Carrillo Puerto: una lucha política y una historia de amor

Opinión Política

Villa y Obregón casi coincidieron en Guadalajara

Opinión Política

Dejar un comentario