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SIAPA: Tercera llamada y las mismas piedras

NOTA DEL EDITOR

Por Alfonso Gómez Godínez

El gobierno de Pablo Lemus enfrenta un enorme desafío cuya evolución puede marcar el destino de toda su administración y la calificación final de su gobierno. En tiempos de efervescencia política-electoral y de polarización social, la crisis del agua, sin resolverse, llegará a alimentar esas narrativas.   

La problemática del SIAPA es, sin duda, un problema construido a través de décadas, con raíces estructurales no coyunturales, donde jugaron los intereses políticos y económicos, la voracidad y el apetito por los contratos, las inercias y equivocaciones directivas, los hoyos administrativos y financieros y el desdén burocrático. Consumidores grandes y pequeños, prepotentes y omisos, para el pago del servicio y la persistente ignorancia social e individual acerca del valor del agua y su disponibilidad finita, complementan el riesgoso cóctel.

El rumbo equivocado del SIAPA no fue alterado por la alternancia de tres partidos políticos en la responsabilidad gubernamental. Todos pusieron su parte para el actual desenlace.

SIAPA ha dejado pasar en su historia dos grandes oportunidades que quizás abrían cambiado su trayectoria, evitado en buena parte el colapso que hoy enfrenta y que golpea la calidad de vida miles de ciudadanos. Hoy escucha la tercera llamada y enfrenta el momento donde ya no es posible patear el bote, maquillar soluciones o jugar para la tribuna. El esfuerzo requerido es monumental y tal vez se requiera desmontar al actual organismo para dar paso a una nueva institución.

Que esas dos oportunidades perdidas en 1998 y 2008 sirvan para obtener lecciones para lo que sí y no debe hacerse. La memoria es corta, pero por un lado debemos recordar que los intereses políticos, distintas visiones y una profunda desconfianza entre los actores involucrados, derivaron en una confrontación en 1998 entre la mayoría del Congreso y el Poder Ejecutivo estatal, lo que concluyó en la no aprobación del llamado “crédito japonés” que por 150 millones de dólares venía proponiendo la administración del entonces gobernador Alberto Cárdenas Jiménez. Los defensores del crédito argumentaban su importancia para asegurar el futuro del abastecimiento de agua y su saneamiento para la metrópoli, mientras que los críticos y opositores señalaban la falta de claridad del proyecto y los riesgos e implicaciones para las finanzas estatales del posible endeudamiento.

Esa discusión se alentó en el contexto de los llamados “tandeos” que recortaban el suministro de agua, ya que para unos era la muestra clara y contundente que exigía la aprobación del crédito, mientras que para otros los “tandeos” eran aplicados deliberadamente para tener la justificación política y social del crédito. Al final el encono se impuso, el debate se polarizó alrededor de los personajes políticos del momento y la ciudadanía quedó inerte entre ambos bandos. Aplicado con criterios técnicos y prospectivos, ejecutado con transparencia, honestidad y con rendición de cuentas, posiblemente se le habría dotado al SIAPA de los recursos financieros para escribir otra historia.

En 2008, SIAPA ahora sí tuvo acceso a recursos externos que anunciaban sustentaban fuertes proyectos de infraestructura por un monto de 1200 millones de pesos provenientes de un financiamiento internacional otorgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El uso de esos recursos para los fines acordados en el contrato, no pudieron ser comprobados, una parte se desvió utilizándose para otros fines, lo que derivó en sanciones penales y administrativas.

Hoy SIAPA llegó a una cita inevitable, su tercera llamada. Recientemente se anunció por parte de las autoridades un plan que requiere una inversión de 25 mil millones de pesos, recursos que demandan de apoyos federales y del Congreso del Estado. El destino del llamado “crédito japonés” recupera en la actualidad espacios no superados donde se tienen que vencer las visiones patrimonialistas, los intereses políticos y particulares, la falta de consensos y de claridad en los planes. Las apuestas partidistas, protagónicas, sin sustancia técnica con intenciones de cacha votos que al final son malas consejeras.

La experiencia de 2008 implica que la eventual obtención de esos nuevos recursos, no deben convertirse en cheques en blanco para los directivos del SIAPA. La transparencia, rendición de cuentas y manejo probo de los recursos deberá ser un gran e ineludible imperativo del gobierno del estado y del organismo operador. Las lecciones del pasado son para no encontramos y caernos con las mismas piedras.

Quizás en las condiciones actuales del SIAPA otorgar esos nuevos recursos es poner el dinero bueno al malo. La ruta final y alternativa sería un nuevo organismo operador, con un andamiaje institucional distinto, marcos e incentivos normativos novedosos, gobernanza innovadora, eficiencia para el otorgamiento del servicio y cumplimiento del derecho humano al vital líquido, pero con eficacia en sus cobros para su sustentabilidad económica y ambiental. Organismo que favorezca la irrupción e incorporación de nuevas tecnologías como la IA, construyendo un pacto social de responsabilidad para el uso y cuidado del agua, con decisiones que atiendan el presente, pero atiendan el compromiso intergeneracional a futuro. Queda claro, que la tercera llamada llegó y el tiempo corre. Los ciudadanos no podemos esperar y caernos por las mismas piedras.

 

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