Por Alfredo Arnold
Guadalajara destaca en las páginas históricas de México porque fue aquí donde se estableció el centro de la resistencia encabezada por Miguel Hidalgo después de las primeras batallas de 1810 que lo llevaron hasta las puertas de la ciudad de México.
Algunos historiadores afirman que Hidalgo no se decidió a tomar la capital por temor a los desmanes que pudieran hacer sus tropas. En cambio, se retiró a Guadalajara para recuperar fuerzas y planear más detenidamente el asalto a la ciudad de México.
Hidalgo salió a principios de enero de 1811 con un numeroso aunque inexperto ejército rumbo a la capital, pero fue derrotado por un disciplinado ejército virreinal en Puente de Calderón, apenas a unos kilómetros de Guadalajara. Este pasaje es quizá el más importante, referido a la capital tapatía, en la Historia de México.
Sin embargo, también durante la Revolución ocurrieron hechos sobresalientes; uno de ellos fue el enfrentamiento que sostuvieron en esta ciudad las tropas revolucionarias de Venustiano Carranza, al mando de Álvaro Obregón, contra las fuerzas oficiales de Victoriano Huerta.
Es importante señalar que en ese momento los revolucionarios no estaban unidos; por el contrario, Villa y Obregón estaban y seguirían confrontados por bastante tiempo.
El 8 de julio de 1914 Obregón realizó en Guadalajara una operación decisiva contra el Ejército oficial. El resultado fue que una semana después, Huerta renunció a la Presidencia y se exilió en los Estados Unidos.
Este hecho fue tal vez el más importante para el triunfo carrancista, aunque la Revolución aún tenía muchos capítulos por escribir.
Relata la historiadora Doralicia Carmona en su «Memoria Política de México» que los villistas se replegaban perseguidos por las tropas de Obregón después de la batalla de Trinidad en la que la División del Norte fue derrotada. Villa estaba en León desde donde inició su avance hacia el norte. El 14 de junio de 1914, aunque Villa aún estaba en León, llegaron noticias de Guadalajara: la plaza era amagada.
Según refiere Obregón en el parte de guerra que envió a Carranza el 17 de agosto, “en los combates librados desde el día 6 hasta el día 8 (de julio), desde Orendain hasta Castillo, se hicieron al enemigo más de 2,000 muertos, entre éstos 170 jefes y oficiales y el General en Jefe de la llamada División de Occidente; un crecido número de heridos y cerca de 5,000 prisioneros; capturando 16 cañones, 18 trenes y cerca de 40 locomotoras, más de 5,000 rifles, mucho parque, mulada de artillería, caballada y una considerable existencia de vestuario; bandas de música y medio millón de pesos, de los cuales 15,000 pesos fueron en oro, y el resto en billetes de Banco, valores que contenían precisamente los cofres abandonados en Castillo por el enemigo. Por nuestra parte, tuvimos que lamentar 300 bajas, entre muertos y heridos. Nuestras fuerzas quedaron acuarteladas en Guadalajara”.
«En la batalla muere José María Mier cuando trataba de marchar hacia el sur. Alrededor de Obregón inicia su consolidación un grupo político militar del que forman parte subalternos suyos como Amaro, Diéguez y Plutarco Elías Calles».
La Revolución estaba creciendo, estaba aún muy dividida, pero con el triunfo de Obregón contra el Ejército de Huerta, daba un gran paso hacia adelante.



