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Patentes: incentivos que frenan

Paradojas

Por Luis Ángeles

Ex Presidente Colegio Nacional de Economistas

Las patentes son derechos que el Estado concede al inventor para explotar en exclusiva su desarrollo científico durante cierto tiempo y con ello incentivar la investigación, al proteger de plagio y permitir recuperar la inversión.

La paradoja es que con frecuencia ocurre lo contrario y cuantas más patentes se concedan más difícil se vuelve innovar, porque generan bloqueos tecnológicos con barreras temporales a la entrada, a quienes otros innovadores deberán pagar licencias o enfrentar demandas. Así, las patentes que se concibieron para premiar a inventores, terminan protegiéndolos de la innovación de otros, a través de un monopolio legal.

Los ejemplos clásicos sobresalen en la industria farmacéutica, donde elevan precios y retrasan genéricos, limitando el acceso a nuevos medicamentos aunque estén de por medio vidas, porque miles de patentes superpuestas impiden desarrollar nuevos productos.

Más patentes significarían más innovaciones, porque inventar cuesta tiempo, dinero y esfuerzo, que se imponen para proteger al innovador, pero luego el invento pasa a ser de todos. En teoría, es un trato justo, pero la patente frenaría a quien quisiera mejorarla.

En la Mesopotamia del siglo 36 AC la rueda cuadrada se habría impuesto a la redonda porque Kuadrapuluk la hubiera registrado y Rodariuk no habría ganado la apuesta. En otra época, si José hubiera patentado la rueda cuadrada y María la volviera redonda, ella no pondría en práctica su invento porque la rueda tendría dueño y debería seguir usando la de forma cuadrada.

Una tecnología depende hoy de muchas patentes, una computadora incorpora miles en su fabricación y ningún competidor puede innovar sin permiso de sus dueños; el conocimiento lo privatizan las corporaciones que patentan todo lo imaginable, incluso ideas pequeñas se vuelven armas legales que se aplican para bloquear competidores y generar litigios como negocio, por lo que las empresas como las de Edison acaban por tener más abogados que tecnólogos. La mayoría de las empresas no inventan, compran patentes o esperan a que alguien innove para lograr licencias cruzadas, entre las que hay que compartir costos y riesgos, porque la innovación es acumulativa y hoy en día no hay innovador solitario.

En la confrontación China-EU hay empresas que para ganar la carrera ya no patentan; en aras de su soberanía tecnológica y seguridad geopolítica veremos si la lucha de los superconductores, biotecnología e IA, avanzarán en alternativas como patentes más cortas, licencias obligatorias o ciencia abierta.

 

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