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Cuando envejecer deja de ser deseable (II de III)

BIODIVER-CIUDAD

Por Magdiel Gómez Muñiz

Profesor investigador de la Benemérita Universidad de Guadalajara

@magdielgmg

Durante siglos, el erotismo en la vejez fue negado o considerado impropio. Las personas mayores eran representadas desde la ternura y la infantilización, lo que contribuía a desexualizar sus cuerpos y a excluirlos del campo de lo erótico. Pero ¿qué ocurre cuando la sociedad (en el siglo XXI) redimensiona el deseo y, en cambio, les exige parecer más jóvenes para poder ejercerlo? Como si los años también apagaran la posibilidad de vivir la intimidad.

La aparición del concepto “viejismo” permitió ponerle nombre a una realidad que durante mucho tiempo permaneció naturalizada: no era que las personas mayores dejaran de sentir deseo, sino que la sociedad había aprendido a dejar de mirarlas como personas capaces de desear y ser deseadas. El envejecimiento se vinculó con la enfermedad, la discapacidad, la pérdida de poder y la cercanía de la muerte. Así detrás de la aparente ausencia de erotismo en la vejez no siempre había una falta de deseo, sino una mirada social que había decidido no reconocerlo.

Hoy por hoy, la sexualidad comenzó a ser reconocida como una dimensión posible de la vida durante la vejez y los discursos sociales empezaron a cuestionar la idea de que el deseo tuviese una edad límite. Los cambios en los estilos de vida, la conformación de nuevos espacios de sociabilidad y la participación de las personas mayores en actividades recreativas, educativas, turísticas y culturales ampliaron las posibilidades de encuentro entre pares. La narrativa propuesta desplazó al erotismo del terreno de lo prohibido hacia el de lo posible: los bailes, las fiestas, los viajes y las agrupaciones sociales se convirtieron en escenarios donde podían surgir vínculos afectivos, relaciones de pareja y experiencias sexuales.

Sin embargo, esta transformación no supone necesariamente una liberación plena del erotismo en la vejez. La sociedad contemporánea ha producido una nueva forma de regulación del cuerpo que resulta relevante para comprender esta cuestión. Si anteriormente el cuerpo envejecido era excluido del campo de lo erótico por considerárselo carente de atractivo, actualmente puede ingresar en dicho campo siempre que consiga aproximarse, mediante diferentes recursos, al ideal corporal de la juventud. De esta manera, el rechazo explícito hacia la sexualidad de las personas mayores puede transformarse en una exigencia más sutil. Para ser deseable, el cuerpo envejecido debe ocultar, retrasar o corregir los signos de su envejecimiento

La lógica posmoderna del cuerpo como proyecto contribuye a esta información. El cuerpo deja de ser únicamente una condición biológica y se convierte en una superficie susceptible de intervención y regulación permanente. Dietas, ejercicio, procedimientos estéticos, tratamientos de baby-botox y otras tecnologías corporales se presentan como recursos destinados no solo a conservar la salud, sino también a preservar el atractivo y la capacidad de ser deseado. En este contexto, el envejecimiento puede comenzar a experimentarse como una falla que debe ser corregida, mientras que la juventud se consolida como una condición estética y simbólica para permanecer dentro del campo del deseo.

Es precisamente aquí donde la noción de “transetario” adquiere particular relevancia. La posibilidad de habitar la vejez sin asumir plenamente los signos corporales asociados a ella produce una subjetividad que intenta desplazarse de las categorías etarias tradicionales. El sujeto no busca solamente vivir más años, sino mantener una determinada imagen de sí mismo y conservar los atributos corporales asociados con la juventud. Desde esta perspectiva, podría sostenerse que las transformaciones contemporáneas no han eliminado el viejismo, sino que ha modificado sus mecanismos de funcionamiento. El mensaje con paradoja se produce al mismo tiempo que se reconoce el derecho de las personas mayores al deseo y al placer, se mantienen criterios estéticos que condicionan quién puede ser considerado deseable. Habitamos, en este momento, la antesala de nuevas formas de discriminación corporal.

 

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