NOTA DEL EDITOR
Por Alfonso Gómez Godínez
La alternancia y transición democrática transitó en nuestro país sin grandes traumas y convulsiones en el amanecer del siglo XX. Es cierto, fue una tarea de años con una oposición avasallada por la fuerza omnímoda del viejo régimen, la represión y los años violentos desatados después del movimiento de 1968, la crisis y caída del sistema en las elecciones presidenciales de 1988 y las propias muertes de Donaldo Colosio y Manuel Clouthier que dejaron un manto de sospechas y dudas.
A partir del triunfo de Vicente Fox, la alternancia adquirió carta de naturalización y se enraizó en la vida política del país. Tres partidos de distintos colores han asumido la presidencia de la república sin contar lo sucedido en los congresos, estados y municipios.
Sin duda todo esto fue posible gracias al diseño y calidad institucional de las autoridades electorales desde el surgimiento del Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990 y del Instituto Nacional Electoral (INE) en 2014.
La trascendencia del INE ha sido tan significativa que se convirtió en una de las instituciones mejor avaladas por la sociedad; el INE alcanza los primeros lugares en confianza ciudadana a tal grado que su credencial de elector se convirtió en el instrumento de identidad supremo y aceptado por todos. El INE se ha constituido en un referente internacional que ha inspirado a otras instancias electorales en el mundo.
Por estas y otras más razones duele y preocupa el deterioro que ha sufrido el INE en tan poco tiempo que golpean y ponen en riesgo a activos tan importantes para el país como la calidad de nuestra democracia, la pertinencia para resolver los conflictos electorales por la vía pacífica, la legalidad y legitimidad de los gobernantes y se contribuya a la desconfianza ciudadana en sus instituciones. Un golpe con múltiples consecuencias.
Lo que sucede en el INE llega en momentos complejos. Se encuentra en marcha el proceso electoral 2027 y en pocos meses tendremos las elecciones intermedias que serán vitales para el régimen y la oposición. Pero además el INE tendrá la responsabilidad de blindar el proceso electoral ante las tentaciones autoritarias e intervencionistas de autoridades de todos los niveles y por supuesto del crimen organizado.
¿Es posible un golpe de timón en el INE? Es necesario y urgente pero no estoy cierto que exista la disposición y voluntad del régimen para hacerlo. La presidenta Claudia Sheinbaum tiene una gran oportunidad para rencauzar al INE, de lo contrario alimentará lamentablemente su degradación.
Será necesario llevar a cabo un proceso de rendición de cuentas en toda la extensión de la palabra para la gestión de Guadalupe Taddei y su círculo depredador. El mensaje presidencial de que Taddei traicionó la confianza de los mexicanos es una definición contundente y muy grave, por lo tanto, no puede quedarse solamente en palabras solo para la tribuna.
A la par que el diputado Sergio Carlos Gutiérrez Luna es corresponsable del desastre, la Cámara de Diputados debe asumir su responsabilidad de lo que pasó y de las decisiones que van a avalar en la designación de la nueva o nuevo Consejero Presidente del INE. Designación para renovar de fondo o para solo cambiar la careta.
Estamos próximos a una escenografía de gatopardismo – cambiando para que todo siga igual – o la elite gobernante estará a la altura de las exigencias de una institución herida, pero que es vital para la vida democrática de México. La responsabilidad no es menor, mucho menos las consecuencias que se deriven de las decisiones que se tomarán.



