TRIADA
Por Jorge Jaime Hernandez
No hay nada de qué preocuparse hoy… El de atrás paga los consumos que ahora disfrutamos, algo así como, endéudese alegremente, y luego le pasamos la factura a los que siguen, lo importante es cubrir necesidades actuales. Lamentablemente estamos en una encrucijada económica que cada vez llama la atención de los entendidos de la economía, esto por el manejo de la deuda externa de México que se venido incrementando en los dos últimos años.
La respuesta económica y la política muchas veces van juntas y ahora, los titulares hablan de “la deuda externa” de nuestro país, pero la cifra que aparece suele ser un número absoluto: miles de millones de dólares que suenan a amenaza o también a consuelo, según el manejo que se le dé.
Pero necesitamos aclarar si esa deuda es manejable, peligrosa o simplemente parte de la vida económica, hay una cifra que lo cambia todo: el Producto Interno Bruto (PIB) que, en el sexenio anterior, Andrés Manuel López Obrador lo calificó como una herramienta de neoliberales; que sólo toman en cuenta las cuestiones materiales y las estadísticas frías, sin ver las metas y resultados que se persiguen, algo así como lo importante es el objetivo, sin tomar mucho en cuenta el método
El PIB no es un dato técnico para economistas en abstracto, en realidad es la lupa que permite medir la dimensión real de la deuda externa y decidir qué hacer con ella… mientras más riqueza haya, mejor capacidad de endeudamiento hay.
Por ejemplo, imagina dos países con 200,000 millones de dólares de deuda externa. Si uno tiene un PIB de 1 billón de dólares y el otro de 200,000 millones, la primera economía carga con una deuda equivalente al 20% de su PIB y la segunda al 100%. La diferencia no es menor: la capacidad de un país para pagar intereses, refinanciar vencimientos y absorber choques depende de su capacidad productiva, y esa capacidad se mide con el PIB.
Es por eso que cada año se revisan las proyecciones de incremento del PIB y cuando se ve decremento, entonces se dice que hay graves problemas financieros en el país, por lo que lo importante es que la producción de bienes y servicios de México siempre vaya en aumento para el mejor manejo de la deuda. O sea, si eres rico y debes mucho, no tienes problema. Pero hay que recordar que se debe pagar intereses y eso acorta el ingreso nacional, la carga financiera aumenta, con su respectivo desvío de recursos dentro de los presupuestos anuales.
Para 2026, se espera que la medida más amplía de la deuda llegue a los 20.25 billones de pesos, lo que representa el 52.3% del PIB la misma proporción que se espera para el cierre de este año, y que es la más alta de la que tiene registro Hacienda.
El monto de los compromisos financieros del país equivale a dos veces el gasto público que se prevé para todo 2026. Según refieren registros de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), apenas al término de 2017, el monto era por 10.03 billones, es decir, que el saldo histórico logrará duplicarse en menos de una década, lo que no indica el gasto que se ha venido ejerciendo… lo que tiene nerviosos a muchos, que no creen en las promesas del gobierno federal en cuestiones financieras.
Las causas se resumen en un gasto público mayor a los ingresos; gastos obligatorios como el pago de intereses por esta deuda, pensiones y transferencias a los estados; un declive de los ingresos petroleros; ingresos por impuestos estancados y continuos apoyos financieros a Pemex, algo que como decimos al principio se está convirtiendo en una pesada losa a cargar.
El 2027 es año electoral y como siempre la economía se calienta para que se vean los avances de los gobiernos y partidos que gobiernan en los estados y municipios donde hay cambio de dirigentes en el ejecutivo y legislativo. Para el siguiente año se espera que el PIB crezca entre 1.8 y 2.8%, cuando el consenso de los analistas privados estima 1.3%, y Banco de México 1.1%.
La implicación del crecimiento de esta deuda es que, a la par, incrementa el costo por el servicio de intereses que se deben pagar año con año, generando una presión para la repartición de recursos públicos, los cuales se concentran en pensiones, gasto en los programas sociales y las transferencias para los estados.
Para el siguiente año, el costo financiero de la deuda se estima en 1.3 billones de pesos, lo que representa un incremento de 9.3%, es decir, por arriba de la inflación, mientras que los ingresos presupuestarios crecerán 6.3 y si las matemáticas no fallan seguiremos en déficit… Para 2025 se planeaba llevar el déficit a 3.9% del PIB, pero en el Paquete Económico, Hacienda ajustó esta meta a 4.3% y para 2026 la dejó en 4.1% del PIB, estamos a más de tres meses de concluir el año.
Para mejorar los números y que le sirva al gobierno para reducir el déficit, se debe fomentar crecimiento productivo, con inversión en infraestructura, educación y reformas que aumenten la productividad, con una mentalidad de apoyar a las fuentes de empleo y empresas productivas.
Si querernos realmente salir del aprieto, se debe mejorar también la recaudación, cerrar huecos fiscales y ampliar la base tributaria sin asfixiar la inversión. Ahora los impuestos ahogan a muchas empresas por la carga que representa y, según muchos empresarios no reciben una buena retribución en servicios y apoyos de parte del gobierno.
Otra cosa muy importante es la Gestión activa de pasivos, buscando alargar plazos, diversificar monedas y usar coberturas para mitigar riesgo cambiario, al mismo tiempo que se deben fortalecer reservas y líneas contingentes para amortiguar choques externos y evitar ventas precipitadas de activos.
Y algo que a veces no sucede es incrementar la transparencia y comunicación con reglas claras para reducir la prima de riesgo y mejorar el acceso a mercados, con mejores calificaciones crediticias, ahora estamos en BBB.
Por todo esto, mucha gente vive ajena a toda esta información que representa un peligro o una oportunidad para mejorar nuestra economía, por lo pronto a nivel de lectores los programas sociales han sido todo un éxito y la mayoría piensa… Mientras me den dinero no hay problema, después… ¡Pues ya veremos! Esa es la cuestión, ¿O tú qué piensas?, Medítalo.




