TRIADA
Por Jorge Jaime Hernández
Sigue la preocupación por la cada vez mayor utilización de los procesos automáticos y robots manejados por Inteligencia Artificial, con sus respectivas amenazas sobre el empleo de recursos humanos que tradicionalmente han hecho funciones en áreas industriales y de servicios; Y que ahora ya no son promesas futuristas… ¡Están transformando el mercado laboral de Jalisco! Según el Observatorio Laboral local, más de 250,000 empleos podrían perderse para 2026, afectando sectores clave como la manufactura, transporte y servicios de mantenimiento.
Recordamos como el progreso y las revoluciones industriales y tecnológicas han desaparecido actividades que eran muy importantes y necesarias de acuerdo a las épocas en que surgieron, siempre para hacer la vida más fácil y con menos dependencia de la habilidad y fuerza de las personas; teniendo como base la rapidez, exactitud y menor costo con el uso de estas máquinas y herramientas, que hicieron olvidar rápidamente la manera en que antes se realizaban las cosas.
Así, desde la primera revolución industrial ubicada en el del siglo XVIII al XIX, La historia comienza en Inglaterra, con la máquina de vapor y la mecanización textil. Los obreros pasaron de talleres artesanales a fábricas, enfrentando jornadas extenuantes y condiciones precarias. Los telares mecánicos en Manchester desplazaron a miles de tejedores manuales, dando origen al movimiento Ludita, que protestaba contra las máquinas.
Los Luditas organizaban ataques nocturnos contra fábricas, destruían telares mecánicos y otras máquinas. Sus protestas fueron reprimidas con dureza: el gobierno británico llegó a castigar con la pena de muerte la destrucción de maquinaria. Se justificaban estas acciones por la necesidad de proteger su empleo frente al desplazamiento del que fueron objeto.
Hoy, el término “Ludita” se usa para describir a quienes se oponen o desconfían de nuevas tecnologías, aunque en su origen fue una lucha social contra la explotación.
En la segunda Revolución que se ubicó a finales del siglo XIX y principios del XX, la electricidad, el acero y la producción en masa transformaron la industria. Se vivió una fuerza laboral con producciones en grandes cantidades, resaltando al obrero como un gran engranaje de la línea de montaje.
Por ejemplo, la planta de Ford en Detroit introdujo la cadena de producción en 1913, reduciendo costos, pero también intensificando el ritmo laboral y, en México, el auge ferroviario y minero atrajo a miles de trabajadores, bajo condiciones duras que impulsaron la organización sindical y surgieron los grandes Sindicatos a partir de la CROM y la CTM.
En la Tercera Revolución Industrial a mediados del siglo XX, la automatización, la informática y la electrónica marcaron esta etapa. Los obreros comenzaron a convivir con robots y computadoras en las fábricas, que incrementaron también las mejoras en los productos a un precio menor. Se veían productos y servicios mejor presentados gracias a la tecnología y progreso.

Recordamos, que en los años 70s Japón lideró la robotización automotriz, mientras en México las maquiladoras del norte empezaban a incorporar procesos automatizados y fue el tiempo en que el sindicalismo se enfrentó al reto de negociar con empresas, que ya no dependían tanto de la fuerza humana, esto por la integración de la tecnología.
Ahora somos testigos de la Cuarta Revolución Industrial, en el presente siglo XXI, con todo lo nuevo y maravilloso que nos promete en la actualidad y, en un futuro cercano, en el desarrollo de una mejor calidad y esperanza de vida de las personas, con nuevas expectativas en todo lo relacionado a servicios y productos.
La digitalización, el internet de las cosas y la inteligencia artificial abrieron un nuevo capítulo, por lo que se espera que, de manera más rápida, el trabajo obrero se redefina frente a algoritmos que gestionan logística, mantenimiento y producción, donde la capacitación será básica para la transición.
En nuestro estado, los parques industriales de El Salto y la ZMG ya integran sistemas de IA para controlar inventarios y líneas de ensamblaje, desplazando a miles de trabajadores. El turismo en Puerto Vallarta automatiza reservas y servicios, reduciendo la necesidad de personal humano y, ahora en plena era de la IA, el Observatorio Laboral de Jalisco advierte que más de 250,000 empleos podrían perderse por la automatización.
La IA no solo sustituye tareas físicas, sino también funciones cognitivas básicas y, para prepararse en este cambio, la TRIADA de patrones, trabajadores y gobierno, deberá trabajar en conjunto para acomodar las mejores soluciones a los problemas laborales que esto necesariamente traerá. Los despidos cuestan a las empresas y no olvidemos que existen leyes que protegen a los trabajadores para que, al ser removidos, puedan iniciar de nuevo con otras actividades. El problema es… ¿Estarán capacitados para afrontar esta posibilidad? Sabemos que esto depende de su edad, habilidad y preparación.
Vemos como las plataformas digitales en el área de transportes, reemplazan choferes y repartidores con algoritmos de optimización, mientras robots de mantenimiento desplazan a técnicos en hoteles y fábricas. Hay que adaptarse al cambio… sabiendo que todos los cambios son difíciles de realizar y tomando en cuenta que hay personas que tienen toda su vida haciendo una sola función… Y no saben hacer nada más que eso.
El reto obrero es doble: defender derechos laboralesy adaptarse a nuevas competencias digitales, siendo una herramienta que haga más fácil su labor. Los sindicatos enfrentan la necesidad de negociar cláusulas de protección frente a la automatización y promover programas de capacitación tecnológica. Recientemente, el secretario general de la FTJ, Juan Huerta Peres anunció el programa de que pretende llevar a la CTM hacia un sindicalismo de clase mundial, donde se incluye pasos muy vanguardistas para la modernización de los sindicatos y su visión estratégica en un mundo globalizado como en el que vivimos.
El dilema sigue siendo el mismo: ¿Cómo garantizar que el progreso tecnológico no se traduzca en exclusión social con la pérdida masiva de empleos? La inteligencia artificial plantea el desafío más grande hasta ahora: redefinir el papel del obrero en un mundo donde las máquinas no solo producen, sino también deciden, por lo que habrá que hacer una simbiosis para producir una nueva figura de trabajador con grandes herramientas para realizar su función y una capacitación constante en este rubro. La pérdida de empleos no sólo implica cifras frías: significa familias sin ingresos, comunidades enteras en riesgo y un aumento de la precariedad en la labor.
Ante este panorama se podría, como se ha hecho antes, hacer una actualización digital, con programas de reconversión laboral en habilidades tecnológicas promovidas por los sindicatos y avaladas por la fuente de empleo, con la participación del gobierno en la aplicación de incentivos para empresas que mantengan empleos humanos, con algo de ayuda y subsidios para trabajadores desplazados, en paralelo con la automatización. Sin duda hay que prepararse, porque si no habrá muchos que no están tomando las mejores acciones ante estos cambios. Esa es la cuestión o, ¿Tú qué piensas? Medítalo.




