Opinión Política
ANÁLISIS

Más PIB, menos equidad: la paradoja del empleo en Jalisco

Por Eduardo Gómez de la O

Presidente de la Asociación

Mexicana de Gasto Público AC

En un año marcado por la cautela nacional, Jalisco logró cerrar 2025 con un suspiro de alivio moderado. El estado, motor tradicional del occidente mexicano, registró un crecimiento económico anual de 1.2 por ciento, según el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) del INEGI. Aunque modesto, este resultado superó el magro desempeño nacional y confirmó la capacidad de resiliencia de la entidad, impulsada principalmente por su tejido industrial y de servicios. Sin embargo, detrás de esa cifra se esconde un desequilibrio profundo que define el presente y condiciona el futuro inmediato del estado.

El cuarto trimestre fue el más dinámico, con un avance anual de 1.7 por ciento. Las actividades secundarias crecieron 4.0 por ciento en ese periodo, mientras las terciarias avanzaron 2.5 por ciento. En contraste, las primarias registraron una caída pronunciada de -14.5 por ciento, lo que las ubicó entre las más débiles a nivel nacional. Durante todo el año, las secundarias acumularon un incremento de 2.9 por ciento y las terciarias de 0.9 por ciento, en tanto que el sector primario cerró con una contracción de -4.3 por ciento, Jalisco contribuyó positivamente a la variación nacional en el último trimestre y se posicionó en el lugar 17 entre las entidades federativas.

Este panorama refleja la dualidad jalisciense. La zona metropolitana de Guadalajara y sus clústeres industriales aprovecharon el impulso del nearshoring en manufacturas, electrónica, autopartes y alimentos, la construcción también mostró signos de recuperación, los servicios, por su parte, se mantuvieron estables gracias al comercio, la logística y el turismo, el campo, en cambio, sufrió los efectos acumulados de condiciones climáticas adversas, altos costos de insumos y rezagos estructurales de productividad.

 

Crecimiento económico 2026 con retos en el horizonte

De cara a 2026, las proyecciones apuntan a un repunte moderado. En un escenario base realista, Jalisco podría crecer entre 1.5 y 1.8 por ciento anual, manteniendo su ventaja relativa frente al promedio nacional, el segundo semestre sería el más dinámico, impulsado por la materialización de inversiones extranjeras y una posible recuperación agrícola, las secundarias seguirían liderando con avances entre 2.0 y 2.8 por ciento, seguidas de las terciarias (1.4-1.9 por ciento). Las primarias, en tanto, podrían registrar una mejoría marginal de entre 0.5 y 1.5 por ciento, aunque sujetas a la volatilidad climática.

El desempeño de Jalisco en 2026 dependerá de un delicado equilibrio entre factores positivos y riesgos latentes.

A favor del crecimiento jugarán la aceleración del nearshoring, especialmente en manufacturas de mayor valor agregado, los recortes de tasas de interés que ya ha iniciado Banxico y que deberían impulsar tanto la inversión como el consumo interno, una posible recuperación del sector agropecuario gracias a mayor tecnificación y condiciones climáticas favorables, y las políticas estatales orientadas a la atracción de inversión y al fortalecimiento de clústeres industriales.

En sentido contrario, pesarán la incertidumbre comercial con Estados Unidos (incluyendo posibles aranceles y la revisión del T-MEC), la persistencia de altos costos energéticos y la insuficiente infraestructura, los eventuales choques climáticos que podrían golpear nuevamente al campo, y una eventual desaceleración del consumo interno provocada por inflación persistente o por la calidad precaria del empleo.

Detalles sectoriales

  • Secundarias: El sector más dinámico. Jalisco capturaría más inversión extranjera si resuelve cuellos de botella energéticos y logísticos.
  • Terciarias: Crecimiento estable, impulsado por Guadalajara como hub de servicios y turismo.
  • Primarias: La gran incógnita. Un buen año agrícola podría sumar hasta 1.5%; un mal año mantendría contracción.

 

Precariedad laboral y brechas de género

Sin embargo, el verdadero desafío no radica solo en el ritmo del crecimiento, sino en su calidad y distribución, el empleo en Jalisco muestra avances en formalidad relativa (con tasas de informalidad alrededor del 47-49 por ciento, inferiores al promedio nacional), pero persisten problemas de precariedad. La subocupación y las condiciones críticas de ocupación afectan especialmente a zonas rurales y a sectores vulnerables, aquí entra en escena una de las brechas más preocupantes: la de género.

Las mujeres en Jalisco enfrentan una brecha salarial de hasta 37 por ciento. Por cada peso que gana un hombre, ellas perciben entre 60 y 65 centavos, esta desigualdad responde a la segregación ocupacional (mayor concentración femenina en servicios y comercio con menor remuneración), la carga desproporcionada de cuidados no remunerados y la escasa presencia en puestos directivos (apenas 17 por ciento de las direcciones generales), aunque la participación laboral femenina ha mostrado avances, la brecha de casi 30 puntos porcentuales respecto a los hombres limita el potencial de crecimiento inclusivo del estado.

Este panorama obliga a mirar más allá de los números agregados, un crecimiento que no genera empleos de calidad ni reduce desigualdades terminará por agotarse. Para el gobierno de Jalisco, 2026 representa una oportunidad clave para pasar de la resistencia a la consolidación.

 

Un programa inmediato de recuperación económica debería incluir al menos cuatro ejes prioritarios:

En primer lugar, un plan de rescate y modernización del sector primario que combine tecnificación, infraestructura de riego, seguros climáticos y desarrollo de agroindustria.

En segundo lugar, un acelerador de nearshoring inclusivo que condicione incentivos a la generación de encadenamientos locales, formación en habilidades STEM con enfoque de género y contratación regional.

En tercer lugar, políticas activas de conciliación entre vida laboral y familiar (guarderías, licencias parentales equitativas y apoyos al cuidado) que ayuden a cerrar la brecha salarial y de participación de las mujeres.

En cuarto lugar, una agenda de infraestructura crítica en energía, logística y parques industriales, con énfasis en zonas rezagadas.

Jalisco posee capital humano, ubicación estratégica y un ecosistema empresarial envidiable, si aprovecha estos activos con visión de largo plazo y sentido de equidad, podrá transformar su moderado crecimiento de 2025-2026 en un verdadero ciclo virtuoso de desarrollo sostenible y sustentable con equidad, el tiempo para actuar es ahora.

 

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