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El péndulo político de América Latina sigue en movimiento

Por Gilberto Ortega Valdés

Hace algunos meses publiqué una columna titulada «América Latina: hacia dónde se mueve el péndulo político y la advertencia para México». En ella sostenía que la evolución política de nuestra región no es lineal ni acumulativa, sino pendular. Los ciudadanos alternan su confianza entre proyectos de izquierda y de derecha cuando consideran que quienes gobiernan no han logrado resolver los problemas que más afectan su vida cotidiana.

Los acontecimientos recientes parecen confirmar esa lógica. Costa Rica vivió una alternancia política con el triunfo de una opción de corte conservador y, hace apenas unos días, Colombia dio un giro similar con la victoria de Abelardo De la Espriella, poniendo fin al gobierno de izquierda encabezado por Gustavo Petro. Más allá de las diferencias entre ambos países, el mensaje es claro: en América Latina el respaldo ciudadano no es permanente; depende, sobre todo, de los resultados.

Ojalá esta nueva etapa política contribuya a resolver los problemas estructurales que desde hace décadas enfrenta la región. Porque la alternancia, por sí sola, no garantiza mejores gobiernos.

El verdadero desafío no es el color político, sino la calidad del Estado. América Latina ha transitado por administraciones de izquierda y de derecha sin consolidar instituciones sólidas ni políticas públicas de largo plazo. La polarización y la visión de corto plazo han impedido construir soluciones duraderas.

México no es ajeno a esta dinámica. Morena llegó al poder con un amplio respaldo ciudadano y una promesa de transformación. Sin embargo, como ha ocurrido en otros países de la región, la legitimidad electoral debe refrendarse con resultados. La persistencia de la violencia, la informalidad laboral, el bajo crecimiento económico y los señalamientos de corrupción forman parte de un debate público que puede influir en la percepción ciudadana.

Al final, las elecciones no las ganan la izquierda ni la derecha; las ganan los gobiernos que ofrecen resultados. Cuando estos no llegan, el péndulo político vuelve a moverse. Esa ha sido la constante en la historia reciente de América Latina y podría convertirse también en la principal lección para México.

 

Los protagonistas silenciosos del Mundial

Guadalajara ha demostrado por qué es una ciudad capaz de recibir al mundo. La calidez de su gente, la hospitalidad con la que hemos recibido a miles de visitantes y la organización de las autoridades han convertido a nuestra ciudad en una de las mejores sedes de la Copa del Mundo.

Pero hay protagonistas que pocas veces aparecen en las fotografías o reciben los aplausos: los escuadrones de limpieza del Ayuntamiento de Guadalajara.

Mientras miles de personas disfrutan los partidos en el Fan Fest o celebran en la Glorieta de La Minerva, ellos trabajan para devolver el orden y la limpieza a los espacios públicos. Gracias a su esfuerzo, Guadalajara vuelve a estar lista cada día para recibir a miles de visitantes.

En lo que va del Mundial han recolectado más de 400 toneladas de residuos, una cifra que demuestra su enorme compromiso, pero que también nos deja una reflexión: como sociedad, seguimos teniendo una asignatura pendiente en materia de cultura cívica y cuidado de los espacios públicos.

Celebrar no debería significar ensuciar. Una ciudad de clase mundial también se distingue por la responsabilidad con la que sus habitantes cuidan su entorno.

Mi reconocimiento para las mujeres y los hombres que integran estos escuadrones de limpieza. Su trabajo silencioso también ha sido parte del éxito del Mundial y de la imagen que Guadalajara ha proyectado al mundo.

Los escuadrones de limpieza ya hicieron su parte. Ahora nos corresponde a todas y todos demostrar que Guadalajara también tiene una ciudadanía de clase mundial.

 

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