NOTA DEL EDITOR
Por Alfonso Gómez Godínez
Diversos analistas han venido señalando que en las últimas semanas la presidenta Claudia Sheinbaum ha empezado a dar los primeros grandes pasos estratégicos para perfilar decisiones que le otorguen identidad propia ante la omnipresencia de su antecesor.
Se trata de ajustes graduales en el gabinete- Secretaría de Relaciones Exteriores, Aduanas, SAT – y en la operación política al interior de MORENA para llevar mano en la definición de candidaturas de cara a los comicios de 2027. Sin duda que, en los próximos meses, se vendrán cambios mayores y de peso en el gabinete y en el partido en el poder al amparo de la contienda electoral por venir. Esto podría ser la base para tomar decisiones en materia de política pública con contenidos distintos a los del gobierno anterior.
En el mismo sentido se ha interpretado la decisión de la presidenta por explorar la técnica del fracking para la explotación de petróleo y gas natural. Propuesta que fue desechada y condenada reiteradamente en la narrativa del sexenio pasado, satanizando al fracking como una actividad depredadora propia del “maligno neoliberalismo”.
Dar el visto bueno para que el gobierno de Claudia Sheinbaum impulse la técnica del fracking es un rompimiento con uno de los preceptos básicos del catecismo predicado por el anterior presidente que incluso trató de establecer su prohibición en la propia Constitución.
Quizás pasó desapercibida, y desde los propios medios públicos de comunicación y de sus respectivos voceros se trató de minimizar, la reciente declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum de que el Estado “no puede solo”, que el Estado no puede satisfacer por sí solo todas las necesidades del país. La presidenta abundó y afirmó que es necesario e indispensable trabajar en coordinación con la iniciativa privada.
Después de años de reiteradas cantaletas que apuntaban a las bondades del Estado y las consecuentes descalificaciones al sector privado, el mensaje de la presidenta Sheinbaum puede marcar un punto de ruptura en la ruta seguida por el país.
Tomar un rumbo con sello propio, que rompa con anclajes heredados no responden solo a un natural choque entre el antecesor y la sucesora o a una colisión de egos y disputas en el tablero del poder. Responde a las exigencias de una cruda realidad que se impone sobre creencias sembradas y glorificadas durante años en los cuartos oscuros del dogma y la cerrazón.
El estancamiento económico acumulado en los últimos años parece adquirir carta de naturalización y no se visualiza, sí no se toman decisiones de fondo con nuevas orientaciones, un escenario de recuperación y crecimiento. Sin inversión privada no puede haber crecimiento; los grandes proyectos en materia energética como petróleo y electricidad, de infraestructura en carreteras, puertos y aeropuertos no se alimentan de discursos nacionalistas y de mantras como la soberanía, se requiere de apertura al mercado, de recibir inversión privada tanto nacional como extranjera. Aclaro, no se trata de entregar una riqueza al monopolio privado, sino de establecer reglas de coordinación, equidad y transparencia entre el estado y el mercado. Parafraseando a la presidenta Sheinbaum, tanto el estado como el mercado no pueden solos.
Dar marcha atrás a lo que no sirvió, sino que además es una carga para el país, marcarán el destino del presente gobierno. Sin duda esas opciones hoy están en la mesa presidencial. La vulnerabilidad de las finanzas públicas y el recurrente aumento del endeudamiento hacen necesario poner el ojo en las sangrías de enormes recursos que provocan las empresas públicas creadas en el anterior sexenio, empresas creadas bajo el voluntarismo del gobernante y no bajo la lógica de la rentabilidad y de las necesidades del mercado.
En estos días llegará a México el equipo estadounidense de alto nivel para seguir avanzando en la renegociación del TMEC. Se afirma que una de las carpetas que serán puestas en la mesa y marcaran el rumbo del acuerdo comercial hacen referencia a diversas medidas tomadas por el anterior gobierno que, desde la perspectiva de los socios comerciales, afectan la certeza sobre derechos de propiedad, inversión y comercio y plantean su corrección y modificación.
Bajo estos escenarios resulta pertinente el llamado de la presidenta. México es tan grande, con múltiples y complejos problemas, que se requiere de todos. Requerimos generar y distribuir riqueza y en esa tarea el Estado no puede solo, menos el gobierno.



