Opinión Política
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El poder del poder

Por Carlos Eduardo Martínez Villaseñor

Abogado

El próximo 3 de noviembre, el mundo observará una elección en la que la mayoría de sus habitantes no puede votar, aunque sus consecuencias crucen todas las fronteras. Estados Unidos renovará los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. Se decidirá parte del margen de acción de Donald Trump, pero también el contexto en que gobiernos y empresas calcularán inversiones, alianzas y riesgos. Para México, sus consecuencias llegan al empleo, los alimentos y la capacidad de producir. 

El equilibrio es estrecho: los republicanos tienen 53 senadores frente a 47 demócratas e independientes aliados; una ganancia neta de cuatro escaños daría a la oposición el control. La historia añade presión: entre 1934 y 2022, el partido presidencial perdió, en promedio, 27 escaños en la Cámara de Representantes y tres en el Senado durante las elecciones intermedias. Es un antecedente, no una sentencia. Ambas cámaras intervienen en leyes y financiamiento; el Senado confirma nombramientos. La elección puede modificar cuánto debe negociar Washington para ejecutar su estrategia exterior.

El poder contemporáneo consiste, en buena medida, en modificar las opciones de los demás. Un arancel cambia la rentabilidad de una fábrica; una restricción tecnológica puede retrasar una industria; una interrupción energética altera presupuestos nacionales.

La administración estadounidense ha colocado estos instrumentos en el centro de su relación con el exterior. Evaluar esa estrategia exige distinguir presión, negociación y resultados, y reconocer sus costos para consumidores y empresas estadounidenses. La eficacia de Trump y Marco Rubio se mide en acuerdos sostenibles y capacidad de ejecución.

Lo que hace algunos años parecía una propuesta extravagante puede terminar convertido en negociación. Groenlandia ofrece un ejemplo: el acuerdo de defensa firmado en septiembre entre Estados Unidos, Dinamarca y el gobierno groenlandés amplía la presencia militar estadounidense y su capacidad para limitar determinadas inversiones de terceros países. No significa que Washington haya adquirido la isla. El Ártico ocupa una posición estratégica en la competencia por seguridad, rutas y acceso a recursos.

Venezuela y Cuba, con historias y circunstancias distintas, forman parte de la disputa por influencia en el hemisferio. La Cumbre Escudo de las Américas, celebrada en marzo, mostró el esfuerzo de Washington por articular gobiernos alrededor de prioridades compartidas. México debe leer ese movimiento junto con la competencia estadounidense con China, sin suponer que cada país latinoamericano responde automáticamente a una afinidad ideológica. Los gobiernos negocian mercados, inversión y autonomía

Debajo de esa diplomacia existe una economía material. Petróleo y gas sostienen transporte e industria; agua y cosechas condicionan alimentación y estabilidad; minerales y capacidad de procesamiento permiten fabricar equipos tecnológicos. Ucrania y Rusia, así como Irán y su entorno regional, recuerdan que los conflictos afectan mercados más allá de sus fronteras. Sería insuficiente explicarlos únicamente por recursos naturales: intervienen seguridad, territorio, historia y decisiones políticas. Pero también sería ingenuo separar esas disputas de las cadenas de abastecimiento que mantienen funcionando al mundo.

China permite entender por qué poseer materias primas y controlar una cadena industrial son cosas diferentes. El informe de minerales críticos de 2026 de la Agencia Internacional de Energía señala que, durante los dos años anteriores, los principales países refinadores, Indonesia para níquel y China para otros minerales energéticos clave, concentraron más de tres cuartas partes del aumento de la oferta refinada. La influencia se construye también con plantas, conocimiento y proveedores. Un país capaz de procesar insumos indispensables puede ejercer presión sin movilizar ejércitos: basta con modificar licencias, plazos o condiciones de exportación. Las tierras raras y el litio tienen mercados y usos distintos, pero comparten una lección: depender de pocos proveedores vuelve vulnerable a una industria.

Por eso el subsuelo no garantiza prosperidad. Un recurso necesita evaluación técnica, extracción viable, procesamiento, infraestructura y compradores. El oro cumple una función financiera distinta: las compras netas de los bancos centrales alcanzaron 863 toneladas en 2025, según el Consejo Mundial del Oro. Es una señal de diversificación y protección, aunque no demuestra por sí sola el desplazamiento del dólar. Para México, anunciar recursos carece de alcance estratégico si no existe una ruta verificable para transformarlos en producción, valor agregado y beneficios públicos.

El agua hace todavía más evidente esa relación. La actualización de AQUASTAT difundida por Naciones Unidas en enero de 2026 señala que la disponibilidad de agua dulce renovable por persona disminuyó 7% durante la década anterior y que la agricultura representa alrededor de 72% de las extracciones mundiales de agua dulce. Cuidar ríos, modernizar el riego y negociar cuencas compartidas son asuntos de seguridad alimentaria. Las cosechas también dependen de electricidad, fertilizantes, financiamiento y transporte. Si falla uno de esos componentes, la tensión internacional puede terminar convertida en una compra más cara para una familia.

La inteligencia artificial conecta esta disputa con el futuro. Según la actualización de 2026 de la Agencia Internacional de Energía, los centros de datos consumieron 485 teravatios hora de electricidad en 2025 y podrían alcanzar 950 en 2030, cerca del 3% de la demanda eléctrica mundial. Es el consumo del conjunto de centros de datos, incluida la IA. El desarrollo digital exige redes, chips, refrigeración y personal especializado. Sus beneficios exigen aplicaciones productivas e infraestructura que no traslade costos injustificados a las comunidades. Tener usuarios de tecnología y desarrollar capacidades propias tampoco son equivalentes.

Europa enfrenta este escenario mientras negocia sus tensiones internas. Alemania había previsto más de 108 mil millones de euros para seguridad y defensa en 2026, según la OTAN: una magnitud que muestra el cambio de prioridades, aunque no equivale íntegramente a compras de armamento. En Francia, la fragilidad política se entrelaza con las dificultades presupuestales; en España e Italia, vivienda, servicios y costo de vida alimentan movilizaciones. La confianza depende también de que el Estado mantenga funcionando lo cotidiano.

El anuncio del 29 de octubre de Christine Lagarde, quien dejará la presidencia del Banco Central Europeo el 7 de febrero de 2027, añade una transición relevante. Israel, con una elección cuyos resultados preliminares complican la formación de mayorías, recuerda que obtener votos y construir gobierno son desafíos distintos. Estos acontecimientos comparten una tensión: las decisiones estratégicas necesitan respaldo institucional y social. Ningún liderazgo gobierna una sociedad inmóvil.

También el dinero obliga a separar hechos de interpretaciones. El 29 de octubre, el dólar llegó a rondar 18.79 pesos durante la sesión, mientras el peso perdía alrededor de 0.85%, según información de Bloomberg recogida por El Financiero. El movimiento se vinculaba con expectativas sobre las tasas estadounidenses; atribuirlo únicamente a la elección sería excesivo. Para México, la pregunta es qué capacidad está construyendo para negociar: electricidad confiable, agua, infraestructura, talento y certidumbre. La EIA registró exportaciones estadounidenses de gas por ducto a México de 7,500 millones de pies cúbicos diarios en mayo de 2025, un máximo mensual hasta entonces. Asegurar suministros, diversificar y formar proveedores nacionales fortalece nuestra posición.

El poder del poder consiste en conseguir que otros ajusten sus decisiones. México necesita convertir su integración económica, sus recursos y su talento en capacidad de negociación y bienestar. Eso exige continuidad, inversión y resultados que sobrevivan a los discursos. Mientras las potencias aseguran energía, tecnología y suministros, nuestra responsabilidad es construir las capacidades que nos permitan decidir con mayor libertad. Porque el costo de carecer de una estrategia propia es terminar financiando, con nuestras oportunidades, la estrategia de alguien más.

 

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