Opinión Política
EDUCACIÓN E HISTORIA

A 100 años de la Guerra Cristera

La semana pasada se llevó a cabo en la Universidad Autónoma de Guadalajara el Foro Fe y Ciencia, en el que se expusieron conferencias sobre el conflicto religioso que ocurrió en nuestro país, entre los años 1926 y 1929. Fue el último episodio bélico de México, aunque un poco más tarde se involucró en el grupo de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Por Alfredo Arnold

Aquel conflicto, conocido hoy como Cristiada o Guerra Cristera, enfrentó a un numeroso grupo de católicos que se levantaron en armas ante las barreras interpuestas por el gobierno de aquellos días contra la práctica del culto religioso. Con la conmemoración este año del inicio de la Cristiada, la UAG organizó un foro en el que, además de la exposición de los detalles históricos de aquel acontecimiento, hubo pláticas en las que los ponentes hablaron sobre las importantes repercusiones que en el corto y largo plazo ha tenido aquel episodio.

El Foro Dios y Ciencia inició con un mensaje del arzobispo de Guadalajara, cardenal José Francisco Robles Ortega. Después se expusieron conferencias: “Anatomía de la Guerra Cristera”, “El dolor de vivir sin Dios” y “Los jóvenes y la guerra cultural”. Siguió un panel sobre “Los cristeros: un liderazgo con propósito” y una exposición final, “Anacleto, patrono de los laicos mexicanos”. Durante esos días, también se presentó la película “La Cristiada”, la obra de teatro “La madre de un cristero” y se inauguró la exposición “Cristeros: héroes, beatos y santos”.

La comunidad universitaria, además de invitados y público en general, asistió a este evento.

Muy poco se habla sobre la Guerra Cristera a pesar de ser el conflicto armado más reciente de nuestro país, aunque también es muy poco lo que se difunde, como señalábamos en líneas anteriores, sobre la participación mexicana en la Segunda Guerra Mundial, durante la presidencia del general Manuel Ávila Camacho, como integrante de los Aliados y después de que México había intentado mantenerse al margen del conflicto, pero el ataque a barcos petroleros mexicanos por parte de submarinos del bloque del Eje, determinó la entrada de nuestro país al mayor conflicto bélico de la historia.

La Cristiada fue un conflicto que, si bien estalló después de la Revolución, ya venía manifestándose desde un siglo antes con la expedición de las Leyes de Reforma. Sin embargo, las prohibiciones en contra del culto católico fueron tan severas durante el periodo de Calles, que la situación no se pudo contener ni disimular.

La Guerra Cristera estalló a raíz de que un numeroso grupo de católicos se rebelaron contra la prohibición, o las exageradas limitaciones que el gobierno dictó en contra del culto. En algunos estados se impusieron leyes absurdas. Por ejemplo, en Tabasco, se limitó la presencia a un solo sacerdote para todo el estado. Las leyes constitucionales le impedían a la Iglesia tener escuelas primarias, se prohibieron las órdenes religiosas, se perseguía el culto fuera de los templos, fueron confiscados los bienes de la Iglesia y se desconocieron los derechos políticos de los ministros.

Ante esas leyes persecutorias, el culto religioso prácticamente se suspendió. Las iglesias cerraron sus puertas y un gran número de sacerdotes y religiosos emigraron o se las arreglaron para administrar sacramentos y oficiar misa encubiertos, ocultos, camuflados, en casas particulares. Muchos fueron descubiertos y fusilados. La Iglesia, sin embargo, no quedó totalmente arrinconada; un numeroso grupo de católicos se levantó en armas, principalmente de los estados de Jalisco, Zacatecas, Guanajuato, Colima y Michoacán. Se estima que murieron en el conflicto unos 120,000 combatientes, pero en general se habla de unos 250,000 muertos de ambos bandos y otro tanto de personas que se refugiaron en Estados Unidos. La guerra armada duró casi tres años, de agosto de 1926 a junio de 1929.

La guerra terminó con la firma de acuerdos entre el Gobierno y la Iglesia. La mayoría de los cristeros no estuvieron de acuerdo con aquellos arreglos, pero aceptaron entregar las armas y a partir de entonces comenzó un largo periodo de sesenta años de relaciones muy incómodas entre el Gobierno y la Iglesia, aunque ya no hubo acciones contra el culto público, como por ejemplo las celebraciones marianas de Guadalupe y de Zapopan, o el funcionamiento de escuelas atendidas por el clero. En una visita oficial, el presidente Kennedy y su esposa Jacqueline asistieron a la Basílica de Guadalupe, pero el Presidente López Mateos que era católico no los acompañó.

Las relaciones diplomáticas entre México y El Vaticano, rotas desde 1861 por el gobierno del presidente Juárez, se reanudaron hasta que el Papa Juan Pablo II y el presidente Carlos Salinas, pusieron fin definitivo a ese vacío constitucional mediante la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. El Papa ya había realizado una apoteósica visita a México en 1979, incluso fue a la residencia oficial de Los Pinos en una visita particular, ya que el entonces presidente José López Portillo, criticado por algunos funcionarios de su gobierno, dijo que la visita había sido para cumplir un deseo de su mamá; el entonces secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, renunció por este hecho.

La Guerra Cristera o “Cristiada” fue un punto de inflexión en la vida política de México.

 

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