REFLEXIONES
Por Gonzalo Leaño Reyes
El paisaje urbano de Guadalajara se transforma a grandes pasos. En apenas unos años podría parecer otra ciudad para quien se haya ausentado unos años.
Muy lejos han quedado aquellos tiempos en los que el edificio del Condominio Guadalajara y del antiguo hotel Hilton, uno al lado del otro, sorprendieron a los tapatíos y a los visitantes. Además, en aquellos años se transformaba la zona del parque Agua Azul y un poco después surgió Plaza del Sol como primicia de zonas comerciales en América Latina.
Todo ocurrió en pocos años. Allá por los años 60 y 70 del siglo pasado la capital de Jalisco fue el mejor exponente del desarrollo urbano a nivel nacional.
Lo mejor es que el avance no se detuvo. El país ha tenido épocas buenas y malas, pero el desarrollo tapatío ha continuado. La instalación de Ciudad Universitaria de la UAG propició el inicio de una nueva zona de progreso y facilitó la integración de la zona metropolitana con Zapopan. Más recientemente, surgió Andares, que rápidamente detonó un espectacular desarrollo.
Hoy en día, la Zona Metropolitana de Guadalajara crece y se moderniza por los cuatro puntos cardinales.
Este crecimiento, además de los múltiples beneficios sociales y económicos que genera, también representa un desafío para las autoridades, no sólo en el ámbito de seguridad, también en el ordenamiento vial. Cada día se vuelven más complicados los traslados en la ciudad, tanto en el transporte público como en vehículo particular.
Guadalajara necesita resolver el problema de movilidad. Ciertamente, se realizan obras viales de manera constante, pero el problema del aumento de vehículos en circulación crece día con día. Automóviles particulares, de empresas, vehículos repartidores, transporte público y oficiales, sobrepasan las vialidades disponibles.
El problema amerita una atención especializada, independiente de la vigilancia vial cotidiana, para que no se convierta en poco tiempo en un asunto imposible de manejar.



