Opinión Política
OPINIÓN

Dijo mi mamá que siempre no

Por Javier Hurtado

Politólogo

Bastaron cuatro días para que el Secretario de Educación Federal y los secretarios de educación de las 32 entidades federativas hicieran “el oso” de su vida. Apenas el pasado día 7, “de manera unánime” acordaron -con el pretexto del calor y los partidos del mundial de futbol- recortar el calendario escolar en vigor para terminar clases el 5 de junio, en vez de 15 de julio, afectando a casi 29 millones de alumnos y sus familias. Y el lunes 11, también “de manera unánime” (ya decía el clásico que toda unanimidad es sospechosa) acordaron que siempre no, que el calendario queda tal y como fue publicado el 9 de junio del año pasado, donde por cierto se establece que es facultad exclusiva de la autoridad educativa federal determinarlo; por lo que eso del famoso CONAEDU (Consejo Nacional de Autoridades Educativas), es un invento, es como la CONAGO, eso no existe jurídicamente. Es un espacio de “grilla”, de consenso y de concertación, que no tiene personalidad jurídica.

El problema fue que la unanimidad y el consenso del que hablan, no tomó en cuenta a los padres de familia (sobre todo porque afecta a los 7.2 millones de hogares monoparentales -la mayoría encabezados por mujeres- ); a los docentes; y tampoco a los alumnos, a quienes la Ley General de Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, en su artículo 71 establece que “ tienen derecho a ser escuchados y tomados en cuenta en los asuntos de su interés, conforme a su edad, desarrollo evolutivo, cognoscitivo y madurez”; y el numeral 72  señala que “las autoridades federales, de las entidades federativas, municipales y de las demarcaciones territoriales de la Ciudad de México, en el ámbito de sus respectivas competencias, están obligados a disponer e implementar los mecanismos que garanticen la participación permanente y activa de niñas; niños y adolescentes en las decisiones que se toman en los ámbitos familiar, escolar, social, comunitario o cualquier otro en el que se desarrollen”. Esta norma asegura a su vez el interés superior de la niñez en cualquier decisión que involucre niñas, niños y adolescentes.  

Recortar el calendario escolar con pretextos que ni ellos mismos se creen es un acto de absoluta irresponsabilidad, sobre todo por la crisis en la que se encuentra la educación en nuestro país; donde -según datos del    Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA)- 28 millones 39 mil 332 personas viven en rezago educativo, de los que 15.6 millones no han concluido la secundaria; 8 millones 30 mil no terminaron sus estudios de primaria o los abandonaron; y 3.9 millones son analfabetas. Por cierto, Jalisco es la tercera entidad con mayor cantidad de personas en rezago educativo con un millón 550 mil, solo por debajo de Chiapas que tiene un millón 816 mil y el Estado de México con dos millones 409 mil.

Pero, además del rezago educativo de estudios no iniciados o concluidos, existe también el rezago educativo funcional, presente en educandos que no tienen las capacidades que supone debieran tener, y que es igualmente grave. Por ejemplo, en nuestro país solo cinco de cada diez estudiantes pueden comprender textos, y tres de cada diez son capaces de resolver problemas matemáticos. Estos datos sin duda describen de cuerpo entero la problemática de la educación en nuestro país, y el contexto en el que se trata de suprimir 28 días de clases en todos los planteles del sistema educativo nacional, violando el artículo 87 de la Ley General de Educación que establece que el Calendario Escolar debe tener al menos 185 días de clases. Por eso, lo menos que se puede decir de quienes proponen cancelar clases y recortar el calendario escolar para ver partidos de futbol, es que, en la cabeza, en vez de cerebro, lo que tienen es un balón de futbol.

Echarle la culpa al calor para cancelar clases, resulta infantil ¿con base a qué estudios meteorológicos pueden asegurar que justamente en esos días se registraran las temperaturas más altas de las que se tenga memoria en nuestro país? Puede ser que en algunos municipios -y de esos en ciertas escuelas que no tengan techos adecuados o carezcan de ellos- se pueda presentar una situación que pusiera en riesgo la salud de los educandos, pero serían unos cuantos y no todos ni todas escuelas del país.

Lo peor de todo fue utilizar como pretexto los 13 de los 104 partidos del Mundial de futbol que serán en México; ya que todos, a excepción de uno, se jugarán a las 7 u 8 de la noche y en solo tres ciudades, por lo que no habría justificación para suspender las clases ni siquiera esos días, como se ha acordado hacerlo en Jalisco. Pero aquí surge la pregunta: ¿se justifica suspender clases para ver partidos de futbol? Mi respuesta es rotundamente no, por dos razones: primera, porque el futbol no es educación, sino enajenación; y segunda, porque el futbol es un vil negocio para enriquecer a unos cuantos a costa de todo lo que ponen los contribuyentes de los países y ciudades sede. ¿Sabían ustedes que el gobierno federal entregó mil 500 millones de pesos a cada una de las tres ciudades sede?; y que, en el caso de Guadalajara, incluye una línea 5 de un Tren Ligero que aún no se ve funcionando. Vale la pena preguntarnos si se va a auditar el ejercicio de esos recursos.

Volviendo al tema del calendario escolar, habrá que decir que el Secretario de Educación, Mario Delgado, o quiso sorprender gratamente a la presidenta de la República dándole una solución a un posible problema político durante el desarrollo del Mundial de futbol, o se lo chamaquearon, haciéndole cometer un error que -junto a decir que “las escuelas no son guarderías” y que después del 15 de junio “ya no se enseña nada”-  amerita su cese, si es que eso desde antes ya no estuviera justificado.

Así las cosas, la razón de fondo de querer recortar el calendario escolar es el miedo que el gobierno tiene a que los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación tomen algunos sitios de las ciudades sedes del Mundial en nuestro país. Como no se autorizó recortar el calendario escolar y dar vacaciones de tres meses, para tratar de evitarlo habrá que estar atentos a si el Día del Maestro se anuncia un jugoso aumento salarial, que los disuada de hacer sus protestas durante la justa deportiva.

Por cierto, si el 15 de mayo ya nadie se acuerda que es Día del Maestro, es porque en los últimos años las autoridades educativas acordaron que ese día sea de asueto, cuando el Decreto original establecía que ese día en todas las escuelas se debían “organizar festividades para que los alumnos manifiesten su gratitud y respeto a sus maestros”  y se ligara esa fecha con la promoción de los valores de la independencia, el republicanismo y las libertades, por la Toma de Querétaro del 15 de mayo de 1867, que  significó el fin del Imperio de Maximiliano y la Restauración de la República en México.

Aprovecho para enviar una sincera felicitación a las Maestras y Maestros de México en ese su día, esperando que algunos de sus alumnos se hayan acordado también de felicitarlos.               

 

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