Por Alondra Getsemany Fausto de León
Presidenta de la Comisión de Gestión Metropolitana del Congreso del Estado de Jalisco
Desde hace más de un año he dedicado parte esencial de mi labor legislativa a un tema que trasciende las cifras y los documentos: la supervivencia del Cerro El Tajo, ese centinela verde que protege el corazón de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Hoy, en estas páginas de Política, quiero contarles por qué este espacio natural representa mucho más que un simple cerro para nuestra metrópoli, cómo ha enfrentado una década de conflictos que han puesto en riesgo su existencia y por qué mi iniciativa de Acuerdo Legislativo (presentada el 17 de marzo de 2026) es un llamado urgente, necesario y responsable que no puede seguir esperando.
Todo comenzó cuando, como Presidenta de la Comisión de Gestión Metropolitana, recibí en mi oficina a un grupo de vecinos de la Unión de Colonias de la Puerta Sur, me hablaron con urgencia de un lugar que yo ya conocía por los estudios técnicos que llegaban a mi escritorio: el Cerro El Tajo. Desde entonces he escuchado a especialistas del IMEPLAN, de SEMADET y de la propia sociedad civil, hoy, con la convicción de quien representa a miles de jaliscienses, les comparto lo que ocurre y la importancia de atenderlo urgentemente, no solo como legisladora, sino como testigo de una realidad que afecta directamente el futuro de más de cinco millones de personas que habitamos esta zona metropolitana.
Imaginemos, por un instante, lo que yo veo cada vez que analizo los informes: una zona volcanica, con domos de piedra pómez y tobas volcánicas, que se eleva en los límites entre Zapopan y Tlajomulco de Zúñiga. Sus 1,684.03 hectáreas (declaradas Zona de Recuperación Ambiental en 2018) no son un espacio cualquiera, forman parte del sistema ecológico que rodea al Área de Protección de Flora y Fauna del Bosque de la Primavera, una de las reservas forestales más importantes del occidente del país. Con casi 998 hectáreas de bosque mixto de pino-encino y una continuidad de aproximadamente 3,302 metros con La Primavera, el Cerro El Tajo actúa como un corredor biológico vivo. Lo he descrito en la Exposición de Motivos de mi iniciativa: es el pulmón que capta y recarga acuíferos que abastecen a toda la Zona Metropolitana de Guadalajara, regula el clima, genera oxígeno, protege suelos contra la erosión y previene deslaves en una topografía donde más del 73% de las pendientes superan los 15 grados.
Para mí, como Presidenta de la Comisión de Gestión Metropolitana, este cerro no es solo un tema ambiental; es un asunto de ordenamiento territorial inteligente y de supervivencia urbana, Guadalajara crece sin control hacia el sur y el poniente, cada hectárea que perdemos de bosque significa menos agua para beber, más inundaciones en colonias populares y mayor vulnerabilidad ante el cambio climático. El Cerro El Tajo cumple funciones estratégicas, es el amortiguador natural que impide que la contaminación y el calor extremo lleguen con más fuerza al centro de la ciudad, es, en resumen, un aliado indispensable para que nuestra metrópoli sea habitable en las próximas décadas.
Sin embargo, esa importancia estratégica ha sido puesta a prueba una y otra vez durante más de diez años, yo he seguido esta historia desde el inicio de mi gestión y la he convertido en prioridad. De acuerdo con los antecedentes del tema, todo se intensificó alrededor de 2015, cuando el boom inmobiliario en Tlajomulco y Zapopan puso la mira en las faldas del cerro, proyectos como Santa Anita Hills amenazaban con cambiar el uso de suelo forestal a urbano, fue entonces cuando la sociedad civil se levantó: la Unión de Colonias de la Puerta Sur, junto con colectivos como Salvemos el Bosque, inició una lucha que hoy reconozco y honro.
Amparos, manifestaciones, estudios técnicos independientes… los vecinos documentaron cómo la urbanización sin control fragmentaría el bosque, aumentaría riesgos geológicos y pondría en peligro la continuidad con La Primavera.
Recuerdo con claridad el parteaguas de 2018. El entonces gobernador Jorge Aristóteles Sandoval Díaz emitió el decreto que declaraba al Cerro El Tajo como Zona de Recuperación Ambiental, para mí, fue una victoria parcial pero importante: 1,684 hectáreas donde se prohibía el cambio de uso de suelo, sin embargo, desde el primer momento supe que esa figura era limitada, carece de los instrumentos robustos de una verdadera Área Natural Protegida o Área Estatal de Protección Hidrológica: no tiene programa de manejo detallado, regulación estricta ni mecanismos permanentes de participación ciudadana, fue un primer paso, pero no el definitivo.
La tragedia de 2019 lo confirmó de la manera más dolorosa, un incendio forestal seguido de lluvias torrenciales provocó una inundación en la parte trasera del cerro, tres personas perdieron la vida, el Boulevard Bosques de Santa Anita fue destruido y decenas de casas y vehículos en colonias de Tlajomulco sufrieron daños irreparables, arrastre de piedras, lodo y vegetación quemada, ese desastre no fue un accidente de la naturaleza: fue la consecuencia directa de lo que los estudios del IMEPLAN ya advertían desde años atrás: inestabilidad de laderas, suelos erosionables, domos volcánicos y alto riesgo de remoción de masa, la urbanización descontrolada y la pérdida de cobertura vegetal, convierten al cerro en una amenaza hidrometeorológica y geológica para miles de familias.
Durante el gobierno de Enrique Alfaro (2018-2024), el proceso para elevar la protección se estancó, mesas de trabajo, estudios técnicos, amparos de particulares y presiones inmobiliarias detuvieron el avance. En 2024, con el cambio de administración llegó un nuevo aliento, en enero de 2025, el gobernador Pablo Lemus Navarro anunció, a través de SEMADET, la intención de avanzar hacia la declaratoria como Área Natural Protegida, se elaboró el Estudio Técnico Justificativo con Programa de Manejo, en febrero se emitió resolutivo de viabilidad favorable, en marzo se convocó a consulta pública de sesenta días, parecía que, por fin, el proceso avanzaba.
Pero al cierre de 2025 y principios de 2026, las mesas de trabajo siguen sin realizarse, la incertidumbre regresó, fue entonces cuando el pasado 17 de marzo de 2026, presenté mi Iniciativa de Acuerdo Legislativo, que contiene un exhorto respetuoso pero firme al Gobernador del Estado, para que reactive el proceso para la Declaratoria del Cerro El Tajo como Área Natural Portegida, ante la falta de avances concretos. Mi propuesta contiene tres artículos claros y accionables: reactivar la declaratoria como Área Natural Protegida con todos los estudios, consultas y participación social; solicitar a SEMADET un informe detallado sobre el estado actual del proceso de la Declaratoria del Cerro el Tajo como área Natural Protegida y el calendario de acciones para su eventual formalización; y exhortar a los ayuntamientos de Zapopan y Tlajomulco, así como a las autoridades ambientales, a coordinar esfuerzos reales de conservación, restauración ecológica y manejo sustentable del Cerro el Tajo.
¿Por qué esta iniciativa es tan relevante para mí y para la Zona Metropolitana de Guadalajara? Porque, como Presidenta de la Comisión de Gestión Metropolitana, tengo la responsabilidad de impulsar una visión de desarrollo metropolitano que integre lo urbano con lo ambiental. El Cerro El Tajo es el caso perfecto: protege La Primavera, mitiga riesgos para colonias populares, asegura agua para la ciudad y cumple con el artículo 4º de la Constitución federal y el artículo 15 fracción VII de la Constitución de Jalisco, que consagran el derecho a un medio ambiente sano, elevar su protección a Área Natural Protegida significa pasar de una medida temporal a un instrumento sólido: restauración ecológica, regulación del ecoturismo, educación ambiental y participación ciudadana permanente.
He escuchado a los vecinos de la Unión de Colonias de la Puerta Sur, he conversado con Tania Vázquez y a su equipo, que por más de una década han luchado con amparos, estudios y movilizaciones, su esfuerzo ciudadano es el motor de esta causa, mi iniciativa no solo reconoce ese trabajo; lo fortalece, es un puente entre la sociedad civil, el Legislativo y el Ejecutivo, es la forma en que el Congreso cumple su rol de contrapeso y de impulso a políticas públicas responsables.
Hoy, en abril de 2026, el Cerro El Tajo sigue en pie, sus encinos resisten, sus arroyos siguen captando agua, pero el tiempo apremia, la expansión urbana no se detiene, los riesgos geológicos y hidrometeorológicos siguen latentes. Como diputada del Congreso del Estado de Jalisco, como presidenta de la Comisión de Gestión Metropolitana y como priista comprometida con el desarrollo sustentable, he actuado en consecuencia: he presentado una iniciativa seria, técnica y respaldada por estudios, ahora, el llamado es claro y respetuoso: al Gobernador Pablo Lemus Navarro, a SEMADET y a los ayuntamientos de Zapopan y Tlajomulco y a las autoridades ambientales, para que reactivemos el proceso, publiquemos el decreto y convirtamos este centinela en un legado vivo para las generaciones futuras.
Guadalajara merece una metrópoli resiliente, con pulmones verdes que la protejan, el Cerro El Tajo es uno de ellos. Yo seguiré luchando desde el Congreso hasta que ese decreto se publique y esa protección sea una realidad, porque proteger el Cerro El Tajo no es solo una cuestión ambiental: es una cuestión de justicia social, de ordenamiento territorial y de visión de futuro para todos los que habitamos esta hermosa Zona Metropolitana de Guadalajara.



