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Rocha Moya y el sueño transexenal

NOTA DEL EDITOR

Por Alfonso Gómez Godínez

Me preparaba para elaborar mi nota editorial; ya había esquematizado las ideas, armado los argumentos y estaba listo a teclear la computadora, cuando la noticia del regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa trituró la hoja de trabajo y tuve que reiniciar la tarea.

Había terminado mi texto, estaba listo para su publicación en Política, afirmaba que el regreso de Rocha Moya era insostenible y a partir del mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum del sábado por la mañana, no quedaban dudas.  Horas después, Rocha Moya volvió a solicitar licencia y a volver a actualizar mi reflexión.

Circulan las más diversas versiones y puntos de vista tanto por las motivaciones de su regreso, como de su renovada licencia. La concatenación de hechos y circunstancias son claras. Las presiones y acciones estadounidenses sobre el hijo de López Obrador, la participación de Omar García Harfuch en la reunión de la DEA en Argentina y los elogios recibidos por su administrador Terry Cole, la llegada del contralmirante Fernando Farías detenido en Argentina, la detención de Fausto Corrales y la reiterada colaboración de Gerardo Medina con la justicia norteamericana configuraron un cóctel tóxico para el sector de Morena afín al expresidente López Obrador. Rocha Moya era la ficha a jugar en el tablero.

Una enorme indignación había provocado el regreso de Rocha Moya, se configuraba un lunes ominoso para la titular del Poder Ejecutivo. Desde presiones externas, descalificaciones de la opinión pública internacional, movilizaciones en Sinaloa y un ambiente de intensa crispación con los de adentro pero también con la oposición. Un desgaste generado para la presidenta.

La rectificación de Rocha Moya es solo un paño de agua fría en un ambiente candente. Ojalá me equivoque, pero estoy cierto que se nos vienen en México días aciagos, pero también posiblemente de quiebre y recomposición.

Siguiendo a Michel Foucault que afirmaba que “la política es la guerra por otros medios”, me inquieta la idea de que estamos por entrar a un escenario donde se imponga la idea clásica de Carl von Clausewitz “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

En México se está estirando peligrosamente la cuerda de la estabilidad y la convivencia democrática.  Se han desmontando y vaciado de contenido instituciones que favorecían los contrapesos, que ponían límites a los intentos autoritarios de un poder omnímodo, se han creado y fortalecido vasos comunicantes desde distintos niveles de gobierno con poderes fácticos y fuera de la ley; El poder político se intenta concentrar aceleradamente en un solo referente. Su visión es única, su voluntad se acata y las decisiones no se cuestionan. Fuera del guion, todo es descalificado y condenado.

La defensa legítima de un proyecto político, se ha convertido en una declaratoria de guerra para proteger un proyecto de poder personal, familiar, de un grupúsculo muy identificado. Un poder, que como sostiene Lord Acton, “tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. La teatralidad del gobernador sinaloense es parte de esa narrativa y escenografía.

Nuevos e inéditos capítulos se abrirán las próximas semanas. Rocha Moya se convirtió en una pieza desechable, en un fusible que ya no sirve. Rocha se va otra vez, pero surgen preguntas, dudas, sobre un posible sacrificio, intercambio de piezas o una ruta sin retorno. Los tiempos del país no están para estirar la cuerda en función de los intereses de un todopoderoso. Deseamos pasos en la dirección correcta, de recuperar la legalidad, de aplicar la justicia e ir contra la impunidad. Pero también de algo sumamente importante, que viene junto con pegado, cancelar el sueño transexenal de poder.

 

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