Por Jorge Cabrera
Maestría en Economía y Política Internacional, CIDE
Donald Trump repite frecuentemente una de sus frases favoritas: “No necesitamos a Canadá; ellos nos necesitan a nosotros”. La afirmación resume su filosofía comercial: Estados Unidos, sostiene, puede imponer sus condiciones a sus vecinos.
Pero la geopolítica del siglo XXI introduce una variable que no se resuelve con aranceles: los minerales estratégicos.
La rivalidad con China no depende solo de fábricas, inteligencia artificial, semiconductores o portaaviones. También importa, e importa mucho, quién controla las materias primas necesarias para esas tecnologías.
China domina buena parte de la extracción y, sobre todo, del procesamiento de tierras raras y otros minerales críticos, indispensables para las industrias aeroespacial, electrónica y militar. Washington quiere reducir esa dependencia, pero hacerlo llevará años.
Ahí aparece la paradoja: México y Canadá poseen recursos clave para construir una cadena de suministro norteamericana menos dependiente de China.
Canadá es un importante proveedor de minerales y energía para Estados Unidos. México produce cobre, plata, zinc, molibdeno y fluorita. Ambos países pueden ser esenciales para la estrategia estadounidense.
Por eso, cuando Estados Unidos necesita depender menos de China, aumenta el valor estratégico de sus vecinos.
La pregunta es si México sabrá aprovecharlo.
No basta con vender minerales. México debe exigir inversión, tecnología, refinación y manufactura avanzada. Para ello necesita una política nacional de minerales críticos, con metas claras, información geológica actualizada y reglas que combinen seguridad jurídica, protección ambiental y derechos comunitarios. Algo en lo que creo no vamos muy avanzados.
También debe negociar con Estados Unidos y Canadá inversiones en procesamiento, investigación, capacitación y proveedores nacionales.
Al mismo tiempo, conviene diversificar socios: la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y Australia también buscan alternativas a China.
Quizá en lugar de estar preocupados por «defender a las audiencias» deberíamos como gobierno concentrar esfuerzos en fortalecer instituciones vinculadas al tema, combatir la extracción ilegal e invertir en educación técnica y científica.
No habrá una industria de minerales críticos si México solo forma trabajadores para extraer y exportar. Se requieren especialistas en geología, metalurgia, química, ingeniería de materiales, energías limpias y reciclaje.
La economía circular ofrece otra oportunidad: recuperar minerales de baterías, equipos electrónicos, paneles solares, vehículos y residuos industriales puede reducir la presión sobre los ecosistemas y crear nuevas empresas.
Los minerales críticos son un asunto de seguridad nacional y política exterior, no solo minero. México debe negociar con Washington con firmeza y pragmatismo, llevando proyectos, información y una visión clara.
Trump dice: “No los necesitamos”.
La geopolítica de los minerales podría responderle:
“Tal vez no los necesites hoy. Pero si quieres competir con China mañana, más te vale necesitarlos”.



