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La alfombra roja y la pólvora

Mundial 2026

Por Amaury Sánchez G.

Hay ciudades que se preparan para recibir al mundo con flores. Y hay ciudades que, mientras tienden la alfombra roja, todavía huelen a pólvora. Zapopan está llamada a ser vitrina global en el majestuoso Estadio Akron, sede confirmada de la Copa Mundial de la FIFA 2026. No es cualquier torneo. Es la competencia deportiva más vista del planeta. Es diplomacia con balón. Es economía, turismo, contratos, marca-país y narrativa internacional condensada en noventa minutos.

Pero el balón aún no rueda y ya hay señales de inquietud. La desaparición de Nemesio Oseguera Cervantes no es un acontecimiento menor. Es un movimiento tectónico en el subsuelo criminal del occidente del país. Y cuando la tierra tiembla abajo, arriba se mueven las lámparas, los contratos y las decisiones.

En cuestión de días: cuatro jugadoras extranjeras del equipo Charros de softbol abandonan la escuadra. World Aquatics cancela la Copa Mundial de Clavados tras “consultas” con autoridades mexicanas. Se suspende la firma de autógrafos de Xavi Hernández. Y algunos exjugadores del FC Barcelona y del Real Madrid meditan si conviene viajar.

Nada de esto es todavía una crisis estructural. Pero tampoco es casualidad.

La pregunta no es si Jalisco está en guerra. No lo está. La pregunta es si el mundo percibe estabilidad total. Y la respuesta es más incómoda.

Porque en el ecosistema de los megaeventos internacionales la seguridad no se presume: se certifica. No basta decir que todo está bajo control; hay que demostrarlo en protocolos, rutas, blindajes y garantías firmadas.

Cuando World Aquatics informa que realizó consultas antes de cancelar, está diciendo entre líneas que evaluó riesgos. Y si después de consultar decidió irse, el mensaje es inequívoco: alguien dudó. O alguien no pudo garantizar lo que exigían.

En política, las palabras importan. Pero en los negocios globales, importa el riesgo calculado. El gobernador declara que no fue cancelación sino diferimiento. El alcalde confirma que hubo preocupación internacional. El titular federal del deporte propone cambiar de sede si es necesario. Cada voz construye una versión distinta del mismo hecho.

Y ahí es donde comienza el verdadero problema: la narrativa fragmentada.

El Mundial 2026 no es un evento local. Es un proyecto compartido con Estados Unidos y Canadá. La FIFA no analiza discursos estatales; analiza escenarios de riesgo, alertas consulares, primas de seguro, opinión de patrocinadores y percepción mediática en Nueva York, Toronto y Zúrich.

No estamos ante la antesala de la pérdida de la sede. Sería irresponsable afirmarlo. Pero sí estamos ante una advertencia silenciosa.

El crimen organizado opera con lógica empresarial. No le conviene dinamitar un escaparate mundial que traería presencia federal reforzada y lupa internacional permanente. Sin embargo, los reacomodos internos tras la captura de un líder pueden generar acciones desordenadas, impulsivas o demostrativas.

El riesgo mayor no es una estrategia deliberada contra el Mundial. El riesgo es el error no calculado. En política, como en ajedrez, los movimientos no sólo se hacen; se anticipan. Y el Estado mexicano tendrá que decidir si reacciona con comunicados o con arquitectura de seguridad de nivel olímpico.

Porque aquí hay algo más profundo que un torneo de fútbol. Está en juego la credibilidad institucional. Está en juego la capacidad de México para ofrecer garantías en un contexto complejo.

Está en juego la imagen de la administración federal encabezada por Claudia Sheinbaum, que heredó el compromiso mundialista y deberá blindarlo con precisión quirúrgica.

Y también está en juego la conducción política local. Minimizar la preocupación internacional puede ser tentador en el corto plazo, pero la confianza global no se construye con optimismo discursivo sino con evidencia operativa.

Hoy el escenario más probable es que todo se estabilice. Que la federación intervenga con inteligencia estratégica. Que el estado refuerce protocolos. Que la narrativa se recomponga. Que el balón ruede en el Akron sin sobresaltos.

Pero el margen es estrecho. Porque el Mundial no admite improvisación. No admite contradicciones públicas. No admite dudas sobre la seguridad de sus protagonistas. El trofeo puede llegar mañana a Guadalajara entre fotografías y sonrisas. La pregunta es si, detrás del lente, el mundo estará completamente tranquilo.

El fútbol es espectáculo. La seguridad es política. Y la política, cuando se descuida, termina jugando en contra.

Zapopan será sede del mundo. Pero antes tendrá que convencer al mundo de que puede serlo sin reservas. El tiempo corre. Y el árbitro, esta vez, no será local.

 

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