NOTA DEL EDITOR
Por Alfonso Gómez Godínez
No nos equivoquemos, SIAPA no está viviendo un mal momento y por lo tanto esperemos que todo vuelva a la normalidad. Tampoco nos apresuremos y centremos culpabilidades exclusivamente contra la actual administración. SIAPA no enfrenta algunos problemas, SIAPA es el problema, se ha perdido en su laberinto. Su actual condición empuja al gobierno estatal a terrenos fangosos de irritabilidad y conflicto social. Cuando se tocan derechos elementales como el acceso al agua, con todas sus implicaciones para el bienestar de las personas, estamos prendiendo la pradera.
Al ser advertidos que el uso y consumo de agua provista por SIAPA implica serios riesgos para la salud estamos brincando límites en el agravio a la sociedad. Sin duda que las autoridades en todos los niveles deben actuar con urgencia para dar un golpe en la mesa.
La mala calidad y mal olor en el agua que corre por la Zona Metropolitana de Guadalajara no son hechos circunstanciales o aislados, forman parte de una narrativa de eventos del pasado y del presente que se han venido registrando en la bitácora de gobiernos y de los responsables de la conducción del organismo.
Visiones, acciones y omisiones compartidas entre todos. Partimos hace décadas de la falsa y engañosa idea sobre el valor de este bien público. Cuesta trabajo creer que hemos subvalorado a uno de los bienes fundamentales e imprescindibles para la vida. Su derroche, mal uso, desperdicio y contaminación se atestigua todos los días y en todas partes.
Algunos funcionarios en los escritorios, muchísimos más usuarios en las casas y calles, siguen anclados y trasnochados en su supuesta abundancia, inagotable suministro y en la baratura de su tarifa. Es insostenible comparar el nivel de la tarifa que paga el usuario al SIAPA con el precio de la botella de agua que adquirimos como consumidores en las tiendas. Es una brecha que nubla nuestro razonamiento y comportamiento.
En el colmo hasta el agua tiene un uso político y electoral. Como lo señalan expertos en el tema en algunas administraciones estatales el SIAPA se convirtió en agencia para colocar a los grupos y a los cuates afines al proyecto político y como pago por sus servicios para la conquista de votos.
No solo la técnica fue desplazada por la grilla, sino que la visión y planeación de largo plazo, la construcción de escenarios en materia de disponibilidad de recursos hídricos, requerimientos para financiar el mantenimiento y la construcción de nueva infraestructura, las proyecciones de la demanda y consumo, los cuellos de botella en la operatividad del organismo, las posibles adecuaciones legales y normativas para una mejora constante en su operación, la gobernanza de la institución y su vinculación con los consumidores fue sustituida o reducida por las exigencias del corto plazo y las omisiones ante las alertas y la presencia de focos amarrillos se fueron acumulando. El SIAPA ha vivido una peculiar procrastinación y un ejemplo es la inactividad y subutilización de las plantas de tratamiento.
Su fragilidad financiera atada al ciclo político. Cuando estamos en el gobierno solicitamos al Congreso ajustes en la tarifa, pero sí somos oposición negamos y reventamos los intentos para modificarla. Pero también es que unos acumulan un historial de morosidad, el cálculo político se impone, a la vez que los derechos del usuario se tienen por arriba de la responsabilidad del pago.
En este laberinto la infraestructura se vuelve obsoleta, se reducen las posibilidades de inversión, las exigencias de más suministro y de mejor tratamiento de agua chocan con la realidad de las finanzas. En economía no hay nada gratis, todo cuesta y tiene sus consecuencias. La supuesta mejor salida ha sido la de patear el bote a las siguientes administraciones. Los nuevos que arreglen todo.
SIAPA tiene responsabilidades y enfrenta severos juicios por parte de la ciudadanía. Pero también nosotros tenemos nuestra parte de culpa. No cumplir con la responsabilidad del pago, nuestra indolente conducta como consumidor. Trato especial requiere la criminal irresponsabilidad de quienes vierten sus peligrosos desechos industriales contaminando cauces y mantos freáticos. La impunidad incentiva esos comportamientos.
Parafraseando al clásico, no pidamos a SIAPA que resuelva por sí solo sus problemas, sino que todos seamos convocados y asumamos responsabilidades. En pocas semanas experimentaremos la etapa de estiaje, el calor y la escasez vienen en camino. Sí no sacamos a SIAPA de su laberinto corremos el riesgo de vivir bajo un permanente estiaje con graves consecuencias y altos costos para toda la sociedad. Estamos a tiempo.



